Javier Milei puso la causa Malvinas en el spotlight justo cuando el gobierno de las fuerzas del cielo acumula polémicas, problemas económicos y sociales que se entremezclan con el aumento exponencial de bienes y servicios combinado con una caída abrupta del poder de compra. Lo cierto es que la "histórica cadena nacional" en la que anunció nuevas sanciones para empresas que operen en el área del archipiélago llegó en medio de una caída de su popularidad.
Pero esta lectura no surgió solamente desde la oposición argentina: fue el mismísimo diario yankee The Wall Street Journal el que vinculó directamente el giro nacionalista del Presidente con su deterioro en las encuestas: "Con su popularidad en declive, el presidente argentino Javier Milei recurre cada vez más a una táctica nacionalista que le ha sido de gran utilidad: la reivindicación del país sobre las Islas Malvinas", señaló el medio.

El artículo también sostuvo: "Recurrir al tema de las Malvinas es una estrategia bien probada por los líderes argentinos con problemas, como los que enfrenta Milei". En la misma línea, The Wall Street Journal remarcó que "el índice de aprobación está cayendo a medida que su reforma de libre mercado se estanca de cara a unas difíciles elecciones el próximo año". En otro punto, describió un escenario de pérdida de empleo y endeudamiento: "Tres años después, la economía aún no se ha recuperado, mientras los argentinos lidian con la pérdida de empleos, ahora una de sus principales preocupaciones. Cada vez más argentinos están endeudado".
El medio norteamericano consultó a Michael Shifter, especialista en América Latina del Diálogo Interamericano, quien explicó: "Cuando se tienen problemas políticos, esta es una estrategia probada para intentar salir de ellos y aumentar el apoyo". El analista agregó: "No sorprende que Milei esté intentando sacar el máximo provecho de esta situación por razones políticas, dado que se encuentra en apuros".

La interpretación coincide con la respuesta del secretario de Defensa británico, Wes Streeting, quien aseguró que las Malvinas "son británicas" y que los habitantes de las islas "eligen ser británicos". Pero también lanzó una frase especialmente incómoda para el Gobierno argentino: "La declaración de Milei nos dice más sobre la política interna en Argentina que sobre las Islas Malvinas".
El giro es aún más sospechoso pues cabe recordar que durante una entrevista poco después de asumir, Milei había expresado su deseo de "tener una relación madura" con el Reino Unido. También señaló que el economista libertario admiró a Margaret Thatcher, la primera ministra británica durante la guerra de 1982.

Ahora, en cambio, el Presidente recuperó una retórica de confrontación y anunció que endurecerá las sanciones contra empresas que participen de explotaciones petroleras en la cuenca Malvinas. Además, anticipó que quienes operen allí no podrían hacerlo en Vaca Muerta.
La medida apunta a compañías internacionales y a proveedores locales que podrían prestar servicios a Rockhopper y Navitas, las empresas que impulsan el proyecto Sea Lion. También establece un límite para YPF, que quedaría impedida de participar en operaciones vinculadas con esa explotación, salvo que en el futuro Argentina y el Reino Unido avanzaran en un esquema de explotación conjunta.

Las Malvinas son una causa central para la Argentina y una reivindicación legítima de soberanía. Precisamente por eso, el uso electoral y oportunista del tema resulta tan delicado. Cuando un Gobierno convierte una herida histórica en una herramienta para tapar la inflación, el desempleo, el endeudamiento, la crisis industrial y la pérdida de ingresos, no fortalece la causa: la manosea.
The Wall Street Journal lo describió mejor: "El creciente descontento por la economía ha sembrado dudas sobre las posibilidades de Milei de ser reelegido el próximo año frente a sus oponentes peronistas de izquierda, quienes buscan revertir su reforma de libre mercado".

