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"La motosierra sigue encendida"

Milei redobló su ofensiva contra los periodistas, siguió con sus promesas de mejora y blindó a Adorni en medio de la investigación judicial

El Presidente insiste con el ajuste, promete una caída "inexorable" de la inflación y descarta avanzar con la dolarización.

09 Abril de 2026 09:24
Javier Milei
Javier Milei

El presidente Javier Milei volvió a cruzar un límite que ya empieza a volverse rutina en su discurso público: la deslegitimación generalizada del periodismo. "El 95% de los periodistas son delincuentes", lanzó sin matices durante una entrevista en la TV Pública, en una frase que no solo sintetiza su confrontación con los medios, sino que también expone una estrategia política cada vez más agresiva frente a las críticas. La declaración no llegó sola. Formó parte de una intervención más amplia en la que el mandatario defendió a su jefe de Gabinete, Manuel Adorni, cuestionado por la Justicia por su crecimiento patrimonial.

En ese sentido, el mandatario reafirmó el rumbo económico de su gestión en medio de un contexto de dificultades. Lejos de tomar distancia, Milei eligió cerrar filas en torno a su funcionario más cercano. Lo definió como un "maravilloso jefe de gabinete", en lo que constituye un respaldo explícito en medio de una causa por presunto enriquecimiento ilícito y sospechas sobre sus viajes y propiedades. En las últimas semanas, el Presidente viene reforzando la centralidad de Adorni dentro del gabinete, incluso ordenando que los ministros canalicen sus demandas a través suyo. "Yo fijo el norte y la dirección de la política", explicó.

Y aclaró: "Pero después se queda él trabajando en la cocina con los ministros" De esta manera, más que un funcionario bajo investigación, Adorni aparece como una pieza clave del engranaje de poder. La frase sobre los periodistas no fue un exabrupto aislado. Milei amplió su lista de adversarios y apuntó también contra sectores empresariales, como Javier Madanes Quintanilla y Paolo Rocca, a quienes acusó de atacarlo por no ceder a "los privilegios del statu quo". "Como yo no cedo a los privilegios del statu quo, me tiran basura", afirmó, sin aportar pruebas -una vez más- que respalden esas acusaciones.

El problema de este tipo de declaraciones no es solo su gravedad institucional, sino su reiteración. La construcción de enemigos difusos -periodistas, empresarios, economistas- aparece como un recurso constante para explicar cuestionamientos y desviar el foco de las tensiones propias de la gestión.  En el plano económico, Milei mantuvo su discurso optimista pese a reconocer dificultades recientes. Admitió que el primer trimestre de 2026 "fue difícil", pero aseguró que "inexorablemente la tasa de inflación minorista va a colapsar". "La actividad a partir de abril va a mejorar", dijo, repitiendo así una frase que ya había pronunciado años atrás.

Al mismo tiempo, sumó: "Hacia adelante vemos más actividad económica, más empleo, mejores salarios reales y menos inflación", sostuvo, en una proyección que contrasta con el impacto actual del ajuste. Ese ajuste, lejos de moderarse, se profundizará. "No voy a resignar el equilibrio fiscal, voy a seguir manteniendo la dureza fiscal, la motosierra sigue encendida", remarcó. Y agregó: "El BCRA tiene que seguir apretando la política monetaria hasta vencer la inflación". La insistencia en la "motosierra" como eje de gestión deja poco margen para políticas compensatorias en un contexto donde la caída de la actividad ya impacta en el día a día de la población.

Uno de los puntos más llamativos fue su explicación sobre por qué no avanzó con la dolarización, una de sus principales promesas de campaña. "No podes dolarizar porque la gente no quiere hacerlo", afirmó. Según detalló, su gobierno habilitó el uso de dólares en transacciones, pero "la gente no lo hace". "Si le das la opción de hacerlas en dólares, pero lo quieren seguir haciendo en pesos, perfecto", agregó, en un intento por trasladar la responsabilidad de esa decisión a la sociedad.

Consultado por los créditos otorgados a funcionarios y legisladores aliados a través del Banco Nación, Milei buscó cerrar la polémica: "Los créditos se tomaron a la tasa de mercado, con lo cual no se violentó nada". Pero rápidamente volvió a su tono habitual frente a las críticas: "Hay mezcla de mucha ignorancia y mala intención, con lo cual el análisis que hacen es una estupidez". La descalificación, una vez más, reemplazó a la argumentación detallada.

El Presidente también reivindicó los logros de su gestión, asegurando que se realizaron "15.000 reformas estructurales" y que se avanzó como "durante 40 años la política no había podido avanzar un ápice". Sin embargo, ese relato de transformación convive con un clima de creciente confrontación: con la prensa, con sectores económicos y con parte del sistema político. Las declaraciones de Milei no solo refuerzan su identidad política, sino que también elevan la tensión institucional. Acusar al "95% de los periodistas" de ser delincuentes no es una crítica: es una deslegitimación masiva de uno de los pilares del sistema democrático. En paralelo, el blindaje a funcionarios investigados y la ausencia de explicaciones detalladas frente a cuestionamientos alimentan un clima de opacidad. Mientras tanto, el Gobierno apuesta a que los resultados económicos prometidos -la baja de la inflación, la recuperación de la actividad- terminen ordenando el escenario de una vez por todas. 

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