por Alejo Paredes
18 Febrero de 2026 11:44
El oficialismo quiso avanzar rápido y terminó frenando en seco. En medio de negociaciones frenéticas en la Cámara de Diputados, el Gobierno decidió eliminar directamente el polémico artículo 44 del proyecto de reforma laboral después de que sus propios aliados advirtieran que no acompañarían la ley. La admisión fue explícita desde adentro del bloque libertario: "Va por ahí". El cambio no responde a una revisión conceptual sino a una necesidad matemática: sin votos, no hay ley. Y sin aliados, no hay votos.

El punto en cuestión reducía el salario durante enfermedades o accidentes no laborales al 50% o 75% de la remuneración. La normativa vigente garantiza el cobro completo por varios meses según antigüedad y cargas familiares. El problema no fue solo el contenido, sino la forma: el artículo apareció a último momento en el Senado y generó un rechazo inmediato incluso dentro del propio espacio oficialista. Los bloques dialoguistas no pidieron corregirlo, exigieron borrarlo. "La mejor manera de lograr la ley de modernización laboral es dando de baja el artículo 44", sostuvo Cristian Ritondo.
Desde la UCR también fijaron posición: "Por la precisión jurídica que se necesita y evitar alguna mala interpretación, entre los interbloques acordamos eliminarlo para que salga la ley lo más clara posible". El ultimátum dejó al Gobierno sin alternativa. La reforma que iba a cambiar el sistema laboral terminó dependiendo de un artículo que nadie quería defender. Lo cierto es que la urgencia oficial no es técnica, es simbólica. El presidente Javier Milei quiere llegar al 1° de marzo -apertura de sesiones- con una victoria legislativa. Por eso la presión para tratarla esta misma semana y devolverla al Senado antes de fin de mes.
El objetivo: mostrar la primera gran modificación laboral en tiempo récord. Pero el apuro expuso las fisuras. El propio Gobierno primero negó la autoría del artículo, luego habló de "error de redacción" y finalmente decidió eliminarlo. "Es increíble que estemos discutiendo esto en lugar de una gran reforma", se quejó un funcionario de Casa Rosada. La marcha atrás no calmó el clima. El interbloque Provincias Unidas advirtió que ni siquiera dará quórum. El peronismo anticipó una ofensiva judicial. "Servirá de base para una presentación judicial que haremos para que la ley, si se aprueba, sea declarada inconstitucional", detallaron.

Mientras tanto, la CGT prepara protestas en paralelo al debate parlamentario. La reforma ya no se discute como un cambio técnico. De hecho, un estudio de opinión reveló que el eje pasó a ser una pelea de poder: 43,6% la percibe así, mientras el apoyo explícito al Gobierno cae al 8,6%. En ese sentido, el Gobierno insiste en que el problema es el costo laboral. "Les bajamos las cargas patronales un 85 por ciento para los nuevos empleos y no se habla del tema. Ninguna cámara festeja, nada. No salgo de mi asombro!", dijo Luis Caputo. Pero los datos muestran otra escena: cierre de empresas y caída de la industria automotriz al 31,2% de capacidad instalada.

Incluso, más de 272.000 empleos registrados perdidos en dos años. "Que despedir no sea tan caro. Porque si no cierro", señalan los empresarios. Lo curioso es que el episodio del artículo 44 revela más que una negociación parlamentaria fallida: muestra el método. Primero se impulsa una reforma agresiva. Luego se mide la reacción. Si hay resistencia, se corrige. El famoso "si pasa, pasa". La consecuencia es política: la ley que iba a ser el corazón ideológico del gobierno terminó dependiendo de borrar un artículo para existir. La modernización prometida mutó en supervivencia legislativa.

