En La Libertad Avanza parece haberse impuesto una nueva tendencia: ser miserable en público, pedir disculpas cuando estalla el escándalo y volver a hablar como si nada hubiera pasado. La fórmula tiene distintos estilos, pero el mismo resultado: atacar a personas vulnerables, justificar la violencia y después presentar el repudio como una exageración de las redes.
Uno de los casos más recientes es -nuevamente- el de Diego Recalde, cineasta y panelista libertario. Durante una discusión televisiva sobre el suicidio de una jubilada endeudada, intentó relativizar la gravedad de la situación con una estadística tan fría como brutal.

"Si tenés 20 millones de tipos endeudados y se suicida, ponele, uno por día, quiere decir que en realidad no es un detonante real el tema de tener una deuda para suicidarte", afirmó en Crónica TV.
Una de sus compañeras tuvo que interrumpirlo para marcar la dimensión de lo que estaba diciendo: "Perdón, perdón, es terrible lo que estás diciendo". La escena no fue una metáfora: fue una persona intentando frenar en vivo una defensa política que había convertido el suicidio de una jubilada en una cuenta de almacenero.
Pero no es la primera vez que Recalde quedaba en el centro de una polémica por sus palabras. Tras el femicidio de Agostina Vega, una adolescente de 14 años asesinada en Córdoba, el panelista realizó comentarios que terminaron revictimizandola. Por el mismo canal sostuvo que, "por cómo estaba vestida, por la actitud física", podía inferirse "algo" sobre la adolescente. Luego insistió: "Hay actitudes físicas que te comunican una soltura" y agregó una frase todavía más grave: "Te das cuenta cuando hay un cuerpo que tiene un tránsito distinto a un cuerpo virgen".
Después del repudio, Recalde pidió disculpas: "Voy a pedir disculpas. Por lo que dije sobre Agostina, el día que salía un poco a darle una mano al remisero. No usé las palabras adecuadas", expresó y, en la misma línea reconoció: "Lo que dije estuvo mal, pido disculpas, no voy a volver a pasar, espero". Y sumó: "Me salió como el culo, me salió como el orto porque después vimos lo que pasó en las redes. Por eso quiero pedir disculpas, lo dije mal".
Sarubbi y las "soluciones" para el conurbano
El segundo protagonista es Alejandro Sarubbi Benítez, abogado de la agrupación política que dirige Santiago Caputo, Las Fuerzas del Cielo y participante del stream libertario Carajo. Durante una emisión de La Trinchera, aseguró que la provincia de Buenos Aires "no tiene salvación" y que "no hay retorno ahí, pase lo que pase, gane quien gane".
Su diagnóstico incluyó un "problemita cultural y de marginalidad", y como todo buen experto en exterminios de sobremesa, presentó tres propuestas: "La primera sería la esterilización, es la más tranquila de las tres", dijo. Después sugirió: "Cercaría todo el conurbano bonaerense" con "un muro de 15 metros con snipers arriba para que nadie pueda cruzar". Sarubbi aclaró que algunas personas podrían irse, aunque bajo un criterio de selección digno de una distopía nazi: "Obviamente daría la posibilidad de no quedarse ahí", pero según "la portación de cara".
Como segunda alternativa, planteó "directamente independizar a la provincia de Buenos Aires, o mejor dicho expulsarla del territorio nacional". Y agregó: "(Les diría) hacé tu propio país, con alcohol y mujerzuelas como te gusta a vos y listo".

La tercera opción fue todavía más brutal: "Tirar todos los días (bombas) napalm desde aviones". Según Sarubbi, se trataría de un territorio "que ya no tiene retorno", con avisos previos dados "con total arbitrariedad a las personas que uno considera que hay que salvar" y cerró: "Así de arbitrario sería todo".
Después pidió disculpas, aunque con una modalidad novedosa: negar el archivo. "Nunca se nombró, nombré ni se mencionó, ni mencioné siquiera la palabra bonaerense. Nunca pasó", aseguró. También dijo: "No vas a encontrar archivo, no vas a encontrar publicación, no vas a encontrar clip, no vas a encontrar absolutamente nada. Nunca dije eso, por más que ustedes quieran decir que sí". El pequeño inconveniente es que el video existe, circuló y contiene exactamente las frases que intentó borrar con una declaración.
El modelo original: Javier Milei
La crueldad de Recalde y la violencia verbal de Sarubbi no aparecen en el vacío. Tienen como referencia política a Javier Milei que si bien tiene varios ejemplos para citar, BigBang propone recordar al menos dos: el del 29 de mayo de 2024 habló sobre el hambre con una frialdad que todavía resuena y el del el 26 de junio de 2025 donde directamente admitió su crueldad.
"Va a llegar un momento donde la gente se va a morir de hambre. De alguna manera va a decidir algo para no morirse. No necesito intervenir. Alguien lo va a resolver", afirmó en la Universidad de Stanford.
La frase fue pronunciada mientras la pobreza rondaba el 49% y el Gobierno enfrentaba cuestionamientos por la falta de entrega de alimentos por parte de su ministra preferida que maneja la cartera de Capital Humano, Sandra Pettovello. Milei presentó el hambre como una variable que el mercado resolvería solo, sin intervención estatal y sin que el Presidente tuviera que involucrarse demasiado.

Un año después, el 26 de junio de 2025, el mandatario directamente reivindicó la crueldad. Durante una cena en el Yacht Club de Puerto Madero, dijo: "Sí, soy cruel, kukas inmundos, soy cruel con ustedes, con los empleados públicos, con los estatistas", dijo y agregó: "Sí, soy cruel, kukas inmundos... con los que le rompen el cu... a los argentinos de bien".
El patrón se repite: primero aparece la crueldad, después el repudio y finalmente el pedido de disculpas. Recalde reconoce que usó mal las palabras. Sarubbi niega que haya dicho lo que está grabado. Y Milei ni siquiera parece necesitar disculparse: convierte la crueldad en una virtud, la exhibe como identidad y la celebra ante sus seguidores.

Así funciona la estética oficialista: si una jubilada se suicida por deudas, se calcula la estadística; si una adolescente es asesinada, se analiza su cuerpo; si millones de personas viven en el conurbano, se proponen muros, esterilizaciones y napalm. Ser miserable está de moda. Y en La Libertad Avanza ya no parece un desliz: es la línea editorial.

