18 Febrero de 2026 11:08
El fenómeno de las colectas online volvió a tambalear. Y, otra vez, el epicentro es Santi Maratea, el joven que construyó su popularidad organizando campañas solidarias multitudinarias sin intermediarios institucionales. Esta vez, la controversia gira en torno a una colecta realizada en 2021 para construir una vivienda y un refugio para animales. La acusación es concreta: según una mujer vinculada a la beneficiaria, solo habría entregado el 50% del dinero.
La versión corrió como pólvora en redes y puso en duda el principal capital del influencer: la credibilidad. Lejos de ignorar el tema, Maratea eligió confrontar. Desde su cuenta en X, lanzó un desafío público: "Pero más que funarme, ¿por qué no me denuncian? Será porque todo lo que están diciendo es mentira y saben que si lo llevan a la justicia no tiene una sola prueba y yo tengo absolutamente todos los comprobantes de transferencias. Llévenme a la justicia si les importa tanto".
El influencer sostuvo que la colecta alcanzó los 10 millones de pesos y que el total se destinó a construir una casa para la mujer. También explicó que los retrasos se debieron a problemas legales del terreno. "A la señora no le dan cámara porque está agradecida conmigo y no les sirve mostrar eso". Sin embargo, el caso dejó de ser una discusión técnica para convertirse en un conflicto de relatos.
En televisión, Natalia Rodríguez, la mujer que cuestiona a Maratea expuso otra versión: "La promesa de una casa y un espacio para los animales no se cumplió. Juntaron 80 mil dólares y se les construyó una casa de 40". La crítica no apunta solo a la cifra, sino al objetivo original: el refugio animal nunca se construyó. Y en las colectas, el destino del dinero es tan importante como el monto. En LAM, Maratea argumentó que el plan cambió al descubrir que la mujer ni siquiera tenía vivienda propia.
De hecho, señaló en el ciclo que conduce Ángel de Brito por la pantalla de América TV: "Cuando vamos a construir un refugio para perros, nos damos cuenta de que Eli vive en un terreno, pero no tiene casa propia. Priorizamos construirle la casa antes que un refugio para perros. Y después nos enteramos de que el terreno no era de ella, no tenía papeles. Hasta conseguir permisos para construir, pasó mucho tiempo y la moneda se devaluó. Finalmente, nos alcanzaba solo para la casa y no para el refugio".
También rechazó la conversión a dólares: "Juntamos 10 millones de pesos. Lo que hace esta chica es decir: '10 millones de pesos al dólar blue de 2021 son 80 mil dólares'. Pero yo no cambié a dólares". Y redobló la apuesta: "Ella, para hacerse viral, hace denuncias sin pruebas, como en mi caso, para tener seguidores para después derivarlos a que le compren cursos a su marido que ofrece de financiamiento y él mismo está imputado por la Comisión Nacional de Valores por haber ejercido sin matricula".
Incluso ofreció pagar la demanda judicial: "Yo le pago los abogados para que ella me denuncie a mí y vamos a la justicia a ver quién dice la verdad y quién miente". El caso excede al influencer. Las colectas digitales funcionan por confianza, pero no tienen auditorías obligatorias, balances públicos ni supervisión estatal sistemática. Cuando salen bien, parecen milagros sociales. Cuando aparecen dudas, quedan solo versiones enfrentadas sin ninguna posibilidad de probar quién tiene la razón.
El propio Maratea lo admitió al cerrar su descargo: "Gente ingrata hay en todos lados y gente que utiliza a los más vulnerables para hacerse dos mangos o volverse viral también, y todos los conocemos. Yo ya me acostumbré. Lo que pasa es que ahora estoy terminando una colecta para el sector de oncología del Hospital Vilela en Rosario, y digo que, por ahí, por esta gente hay otros que dejan de confiar y terminan no favoreciendo a causas nobles". Ahí está la verdadera tensión: no se discute solo si el dinero se gastó bien o mal, sino si la solidaridad digital puede sobrevivir sin reglas claras. Porque cuando la confianza es la única garantía, cada polémica afecta a la siguiente causa.

