La realidad parece superar la ficción una y otra vez: la política champagne ha vuelto a pisar suelo argento y los límites entre lo real y lo ficticio son cada vez más imperceptibles. Eso es lo que sucede también en la obra Partido Sorpresa, un espejo irónico que refleja las contradicciones y absurdos del sistema político-partidario a lo largo y a lo ancho del mundo.
Dirigida por Ana Schimelman y Fiamma Carranza Macchi, el texto se construye desde la magia un texto de la dramaturga francesa Faustine Nogues, que dialoga -no sin perder de vista el humor- con el poder, el compromiso político y las máscaras que los referentes adoptan para conquistar a ese tan deseado electorado.

En diálogo con BigBang, la fantástica Schimelman revela los secretos detrás de esta obra que combina el mejor de los vestuarios con un humor ácido e hilarante con guiños punks que no deja a nadie -ni al más "apolítico"- sin cuestionarse lo más íntimo: qué participación ética y ciudadana tiene cada uno de nosotras, nosotros, nosotres.
La respuesta de Schimelman a la pregunta sobre cómo llegó a sus manos el texto de Partido Sorpresa, su respuesta fue clara: "El texto nos llegó realmente de casualidad. Fue a través de una residencia que organizó Planta Inclán con ARTCENA, la dependencia cultural de la embajada de Francia. El objetivo era fomentar la dramaturgia francesa en Argentina, y nos convocaron para hacer una lectura dramatizada del texto de Nogués", recuerda.

Sin embargo, lo que parecía un proyecto más pronto se convirtió en una revelación. "Cuando me dijeron 'es una obra francesa', pensé que sería algo clásico, quizás de otro siglo, pero me llevé una gran sorpresa. Es un texto muy gracioso, escrito con un humor que conecta profundamente. Además, aborda temas que resuenan mucho con nuestra realidad actual en Argentina. Fue muy fácil tener referencias locales de la historia extranjera", confiesa la directora.
La obra se centra en la historia de Jón Gnarr, un comediante islandés que, en 2010, llegó al poder como alcalde de Reikiavik tras una campaña electoral que comenzó como una broma pero que termina convirtiéndose en la máxima autoridad de la ciudad.

Una de las características más enérgicas de Partido Sorpresa es su estética punkie y fulgurosa, que incluye el uso prominente de pelucas: "Desde un primer momento quisimos trabajar con pelucas porque, la referencia es muy clara, está bueno ponerse una peluca para hablar de política hoy en día en la Argentina porque pareciera que todos tienen peluca, no solamente el Presidente", dice Schimelman y explica: "También referencia al disfraz que a veces uno siente que tienen los políticos puestos".
💣Bombita. El 9 de julio a las 20.30hs es la última función como cierre de temporada en Planta Inclán (Inclán 2661)
El vestuario, diseñado por Juana Aguer, juega un papel fundamental en la narrativa visual: cada personaje tiene un trajecito cuidadosamente diseñado para reflejar su ideología y personalidad. "Por ejemplo, Hanna Adal, la política de ultraderecha, lleva un vestuario con estampado de vaca porque su discurso está muy vinculado a la agroindustria. Mi personaje, Ingel Bald, representa a la izquierda y tiene un look más setentoso, casi anacrónico, pero con detalles que sugieren cierta contradicción interna, como si fuera una burguesa de izquierda", explica.

Este enfoque no solo agrega una capa estética a la obra, sino que también subraya la idea de que los políticos pueden ser camaleones de alta gama: su apariencia y sus discursos con la misma facilidad con la que se cambian de peluca. "Es algo que también pasa un montón hoy en día. De hecho, Patricia Bullrich estaba en contra electoralmente del partido al cual hoy forma parte y esto no fue hace 10 años, fue hace tres", reflexiona Schimelman.
Los movimientos y sacudidas que da la obra no son sin sentido: péndulos y oscilaciones mantienen en vilo hasta al que intenta hacerse el distraído. Y, según la directoras, hay dos sentimientos muy marcados que se lleva el público que ve Partido Sorpresa: alivio y/o la angustia. "El público en general nos dice que la obra le da alivio y angustia al mismo tiempo. Por un lado creo que da alivio algo de saber que no somos los únicos a los cuales les ha pasado algo así de insólito. De hecho, hay cada vez más casos en diferentes países en donde la política se va transformando en un circo mediático y pareciera que los candidatos son más bien comediantes y que en cualquier momento los comediantes pueden ser candidatos", comenta Schimelman.

"Y también bastante angustia porque algo que sucede en la obra es que Jón Gnarr, este comediante que tiene llegada al público y que es mucho más simpático y de tintes un poco más progresistas que MileI, cuando llega al poder empieza a corromperse y empieza a tomar medidas económicas más asociadas al ajuste, pierde el humor, pierde la gracia, pierde el encanto", relata la directora.
La reflexión también es inevitable y sobre eso Schimelman explica las cosas con las que "no están a favor" y enumera: "Cómo una persona llega a uno de los puestos de mayor poder de un país sin una formación militante, sin experiencia, trayectoria en política institucional, siendo abiertamente anti política, anti-estado, anti-gobierno, sea más anarquista-progresista, sea más anarquista-derechista. Hay algo de eso que sí nos parece peligroso".
Un momento clave de Partido Sorpresa es cuando el público tiene la oportunidad de votar en vivo durante la obra: no puede quedarse indiferente, no puede vacilar. "Es algo de lo que se habla bastante después con el público, a ver a quién votó la audiencia... Si votó a un candidato que votaría en la vida real, si la audiencia votó al actor que más le hizo reír y cómo algo de eso también puede llegar a suceder en las elecciones reales: voté porque me simpatizó, voté porque me parece lindo, voté porque me gustó su spot de campaña, porque me gustó su jingle", dice.
Este ejercicio lúdico pone en evidencia cómo factores superficiales, como la simpatía o el carisma, pueden influir en elecciones reales. "Sin querer concientizar sobre por nada, porque no creo que nosotras vayamos a hacer ninguna diferencia en relación a cómo la gente se va de cómo entra, pero sí algo de poner en escena el acto de votar", reflexiona Schimelman .

Aunque Partido Sorpresa aborda temas serios y relevantes, lo hace desde el humor. "El humor en principio a lo largo de la historia, por lo menos de nuestro país, ha sido de gran poder para la denuncia", afirma Schimelman y explicó más sobre la herramienta del humor: "Es muy poderoso porque hay algo impredecible en el humor, en la comedia, en los humoristas, en los comediantes".
La directora también subraya que el humor no solo entretiene; también puede ser profundamente revelador. "Nosotras no estamos categóricamente a favor o categóricamente en contra de Jón Gnarr, estableciendo reales diferencias con nuestro actual presidente, como por ejemplo que Jón Gnarr es artista y está a favor de los artistas en su mandato, cosa que, no sucede actualmente en nuestra realidad argentina".

Para Schimelman, llevar adelante Partido Sorpresa en el contexto del teatro independiente argentino es un acto político en sí mismo: "El hecho de ir a un lugar, de estar ahí, de presenciar, de compartir colectivamente un hecho artístico está muy a contracorriente de la realidad de nuestras pantallas, del agotamiento digital. Hacer el esfuerzo de salir de casa y encontrarte con gente y mirar personas, contar una historia puede ser muy revitalizante", dice la directora.
Partido Sorpresa es extraordinario: transforma lo absurdo de la política en algo palpable y angustiosamente real. En la era del resurgimiento de la política champagne, esta obra es un viaje de ida sobre todo para aquellos que hacen de la "apolítica" una frágil trinchera.