La memoria de la noche argentina tiene una cicatriz que no cierra: la tragedia de Time Warp. Pasaron diez años desde aquel 15 de abril de 2016 en Costa Salguero, una madrugada de celebración y terminó en un infierno para varios de los jóvenes que asistieron.
Nicolás Becerra (25), Francisco Bertotti (21), Bruno Boni (20), Andrés Valdez (23) y Martín Bazzano (22) fueron las cinco personas que murieron pero hubo decenas de hospitalizados y una verdad que la justicia intentó asfixiar: los chicos no murieron solo por lo que consumieron, sino por cómo los encerraron. La teoría del fiscal Federico Delgado y el juez Sebastián Casanello fue demoledora: la organización montó una "zona liberada" y cerró las canillas para forzar la venta de agua Block a precios que subían al ritmo de la deshidratación. Fue el "negocio de la sed" en su máxima expresión.

Hoy, a una década de aquel julio de 2016 en el que la Sala II de la Cámara Federal —con los jueces Eduardo Farah y Martín Irurzun a la cabeza— decidiera excarcelar a Víctor Stinfale y alivianar las carátulas, la escena de la música electrónica intenta sacudirse el estigma. En aquel entonces, los jueces cambiaron la calificación legal por un delito mucho más leve, permitiendo que los organizadores quedaran en libertad.
Para entender qué cambió en estos diez años de limbo legal y cultural, BigBang habló con Anahí Sintes, empresaria y organizadora de las fiestas Before Dawn, quien analiza cómo aquel horror se convirtió en un "momento bisagra en lo que son las fiestas electrónicas en Argentina y en todo lo que está relacionado con el consumo".

Para Sintes, la tragedia marcó un antes y un después, aunque reconoce que "falta muchísimo todavía para evolucionar y crecer respecto a estos temas". Sin embargo, nota un cambio fundamental en el público: "Las personas que frecuentan las fiestas electrónicas empezaron a tener mayor conciencia sobre los riesgos de mezclar sustancias, de no testear las sustancias antes de consumir". Aquel 2016 fue el motor para que las organizaciones que fomentan el consumo responsable salieran a la calle "con más fuerza y a concientizar más", asistiendo a eventos masivos para brindar información y asistencia directa.
El rol de quien organiza hoy es, o debería ser, el de un guardián -en este caso guardiana- de la experiencia. Sintes se aleja de la figura del empresario que solo cuenta billetes y se enfoca en la humanidad del asistente: "En mis fiestas me ocupo de que la gente la pase bien, que disfrute con cuidado. Soy una persona que se ocupa mucho de las personas que asisten a las fiestas", explica.
Su mirada está siempre alerta, incluso cuando no está trabajando: "Me pasa ya sea en mis fiestas o a veces si asisto como clubber a otras fiestas: si considero que una persona tal vez está tomando mucho alcohol, le digo que tome agua, por ejemplo, o en el caso de si sé que consumieron otras sustancias, me enfoco en que se mantengan hidratados y sobre todo que no mezclen".

La demonización del ambiente de la música electrónica suele centrarse en el consumo de anfetaminas, pero Sintes busca desmitificar esa mirada punitivista y enfocarse en la reducción de daños: "Yo no soy quién para juzgar a las personas que consumen, ya sea alcohol u otras sustancias. Sin embargo, a las personas que vienen a mis fiestas intento cuidarlas e incentivarlas a que no mezclen, sobre todo y que elijan bien lo que van a consumir y también de dónde viene", sostiene. El problema de fondo sigue siendo la clandestinidad, ya que "incluso los test están acá prohibidos. Sin embargo, hay varias organizaciones que los tienen, pero salen bastante dinero también, entonces bueno, la gente no testea lo que consume".
A contramano del prejuicio generalizado que dicta que no hay electrónica sin drogas, Anahí es tajante: "No, es totalmente un mito que no se puede ir a fiestas electrónicas sin consumir ninguna sustancia". La realidad de las pistas hoy muestra un abanico mucho más amplio: "Hay gente que decide ir por ejemplo con hongos adaptógenos que te dan energía, otros eligen tomarse tal vez una microdosis de hongos de psilocibina, otros eligen fumarse un porro y otros eligen otras sustancias. Hay de todo, hay de todo". Incluso señala que en los bares de electrónica la norma suele ser solo alcohol o marihuana, reafirmando que "es totalmente un mito que hay que ir sí o sí consumiendo algo a las fiestas electrónicas".

A diez años de los fallos que dejaron a los responsables de Time Warp en libertad, la industria busca su propio camino hacia la seguridad. Lo que antes era desidia, hoy debe ser contención. Para Anahí, la clave del futuro de la noche reside en un solo concepto: que el público "se sienta cuidado, se sienta libre, relajado y como en familia, una sensación de disfrute, pero cuidada". Al final de la noche, lo que separa a una fiesta de una tragedia es la certeza de que, si algo sale mal, "va a haber alguien para asistirlo, ayudarlo y cuidarlo y no que va a quedar a la deriva en la nada misma, que eso muchas veces pasa en algunas fiestas".