28 Abril de 2026 13:02
Una vez más, el sistema judicial argentino volvió a fallar en su deber más básico: proteger a una mujer que denunció violencia de género. En Pilar, una joven aseguró haber sufrido agresiones durante años por parte de su pareja y, ante la falta total de respuestas judiciales, tomó una decisión desesperada que fue viralizar en redes sociales un video de la brutal golpiza.
La grabación se difundió con tal fuerza que no solo llegó a los medios de comunicación, sino también a la fiscalía, que recién entonces pareció reaccionar: "Hoy siento mucha indignación", expresó Camila Natalia en un móvil con Desayuno Americano.

La joven explicó que primero acudió a la Justicia, como corresponde en cualquier Estado que se diga serio. Pero frente al abandono institucional, no le quedó otra alternativa que exponer públicamente su dolor. "Ese video es una porción de lo que pasó ese día y del infierno que viví por más de cuatro años a causa de Federico Balbuena", relató.
Sus palabras dejaron al descubierto una estructura judicial lenta, burocrática e insensible, que muchas veces solo actúa cuando el escándalo ya es público. "Ayer a la tarde me llama la fiscal y la primera pregunta que me hace... en realidad se presenta conmigo. Ella siempre tuvo mi contacto. Yo, en reiteradas veces que fui a la fiscalía, nunca pude hablar con ella porque nunca se presentó", denunció.

El dato resulta estremecedor: la funcionaria encargada de intervenir no se había comunicado con la víctima hasta que el caso explotó mediáticamente. "Sabés que ahora estoy viendo el video", contó Camila que le dijo la fiscal. A lo que respondió con bronca: "El video viene hace más de cinco meses".
Es decir, durante cinco meses una prueba contundente estuvo disponible mientras el expediente dormía. Cinco meses en los que la víctima convivió con miedo, angustia e incertidumbre. Cinco meses en los que el sistema eligió mirar para otro lado.
En medio de la entrevista, Camila se quebró al hablar no solo del temor hacia su agresor, sino también de la revictimización que implica enfrentar a una Justicia ausente. "Me da impotencia la situación, la cantidad de veces que tuve que repetir y contar", expresó sobre el interminable proceso que muchas mujeres deben atravesar para ser escuchadas.
También relató lo difícil que fue animarse a denunciar: "A mí me costó mucho denunciar porque fue muy duro. Yo hice terapia... el proceso de llegar a contar, porque uno lo primero que hace es justificar el daño, vos sentís culpa, sentís vergüenza".
Y soltó la pregunta que desnuda una lógica perversa: "A este tipo ni lo sentaron a declarar. ¿Por qué me cuestionan a mí? ¿Por qué no cuestionan a esta persona? ¿Por qué tengo que poner pruebas y pruebas? Es más que evidente el video".
Hoy Camila Natalia está sentada en un programa de televisión contando lo que debió haberse resuelto puertas adentro de un tribunal. La inoperancia judicial la empujó a buscar amparo en las cámaras y en las redes sociales. Y si en este caso la exposición pública logró mover algo, queda una pregunta todavía más dura: ¿cuántas otras mujeres no fueron escuchadas y quedaron atrapadas en el silencio de un sistema que llega tarde?

