10 Abril de 2026 13:43
El pasado jueves, Maitena Garófalo, una adolescente de 14 años, fue encontrada muerta tras haber desaparecido cuando se dirigía a la escuela en la localidad bonaerense de Merlo. La joven había sido vista por última vez alrededor de las 8 de la mañana en la puerta de la institución educativa a la que nunca llegó a ingresar.
Este viernes, familiares, amigos y compañeros se reunieron para realizar una despedida simbólica. En medio de abrazos, llantos y largos silencios, llevaron adelante una suelta de globos que reflejó el dolor colectivo por una pérdida que conmociona a toda la comunidad.

La imagen de sus compañeros —muchos visiblemente afectados— expuso el impacto de una tragedia que trasciende lo individual y se convierte en un llamado de atención urgente para las familias, las escuelas y la sociedad en su conjunto.
En ese contexto, Aimará, una de las estudiantes del colegio, habló con C5N y puso en palabras una realidad que atraviesa a muchos adolescentes: "Es un momento de reflexión. Son muchas emociones. Todos podemos ser Maitena en algún momento. Todos pensamos si vale la pena seguir viviendo, si realmente tenemos gente que nos quiere... Muchos atravesamos nuestras batallas en silencio".
La joven también cuestionó la falta de señales visibles: "De Maitena todos decían que era alegre, que participaba en muchos espacios. Pero de un día para el otro ya no está más, se fue y no volvió. Entonces, ¿cómo hacemos para no llegar a esa situación? ¿Cómo hacemos para no lamentarlo después?".
En su testimonio, insistió en la necesidad de mayor presencia y escucha tanto en las aulas como en los hogares: "Que se trabaje más en las escuelas y en las familias. Que te pregunten '¿cómo te fue hoy?', '¿tenés amigos?'. Entiendo que a veces los adolescentes no nos abrimos y somos cerrados, pero eso no significa que no queramos que nos pregunten cómo estamos".
Aimará también puso el foco en el bullying y la naturalización de ciertas violencias cotidianas: "Hay casos de bullying y a veces no nos damos cuenta, incluso estando al lado. Compartimos muchas horas todos los días. Los chicos tienen que venir con ganas. ¿Qué está pasando con nuestra sociedad que se normalizó tanto el bullying? Se piensa que es gracioso, pero en realidad le están dejando un trauma a esa persona de por vida, y eso no se cura".
Además, vinculó estas problemáticas con un contexto más amplio: "Argentina está entre los primeros puestos en niveles de ansiedad y trastornos alimenticios. Todo eso se nota, somos el reflejo de lo que pasa en nuestra sociedad". Por último, reflexionó sobre el rol de los adultos y las condiciones de vida: "Nuestros padres llegan estresados del trabajo. A veces trabajan 8 horas, 12 con viaje. Es una cadena que no se tiene que seguir repitiendo".

El testimonio de la adolescente deja al descubierto una trama compleja, en la que el dolor, el silencio y la falta de escucha se entrelazan. La muerte de Maitena no solo sacude a su entorno más cercano, sino que vuelve a poner en agenda una problemática urgente: la salud mental en jóvenes, muchas veces invisibilizada.
En ese entramado, las responsabilidades no son individuales ni aisladas. Interpelan a las familias, a las instituciones educativas y también a las políticas públicas. Porque detrás de cada historia como la de Maitena hay señales que, si no se atienden a tiempo, pueden convertirse en tragedias evitables. Escuchar, acompañar y construir espacios más empáticos ya no es una opción: es una necesidad impostergable.

