02 Febrero de 2026 09:31
Luis Caputo eligió una vez más el micrófono amigo para explicar -y justificar- las tensiones económicas y sociales que atraviesa el país. En una extensa entrevista radial con Eduardo Feinman, el ministro defendió la adjudicación de una licitación clave a una empresa india en detrimento de Techint, negó que el Gobierno esté tomando nueva deuda, prometió inflación en baja, relativizó el impacto del cepo y aseguró que la gente "vive mejor". Sobre la licitación que dejó afuera a Techint, Caputo buscó correrse de cualquier sospecha de conflicto puntual y la presentó como una batalla ideológica. "Techint está en condiciones de ganar cualquier licitación; no es una guerra con nadie en particular, sino con el modelo anterior", afirmó. Para el ministro, el resultado refleja el cambio de época: menos Estado, menos "privilegios" y más precios bajos.
Como ejemplo, comparó costos: "Unos USD 4.000 salió la tonelada del tubo. ¿Sabes a cuánto salió en esta licitación? A USD 1.400". La explicación, sin embargo, omite preguntas incómodas: qué pasa con el desarrollo industrial local, el empleo asociado y la dependencia externa cuando el "modelo" se traduce en importar insumos estratégicos. La eficiencia medida solo en dólares por tonelada deja fuera del cálculo a toda la cadena productiva. Caputo también se encargó de desmentir versiones sobre una inminente salida a los mercados internacionales, pese a la baja del riesgo país. "No tenemos ninguna intención de salir al mercado internacional", aseguró.
Además, lo lo justificó con una lectura histórica: "Argentina, a lo largo de su historia tuvo déficit en 113 de los últimos 124 años". Según su visión, ese comportamiento generó el famoso "crowding out", donde el Estado se lleva todo el crédito. Ahora, dice, ocurre lo contrario: el "crowding in". "En la medida en que Argentina cancela deuda, los fondos que reciben esos dólares buscan reinvertirlos en riesgo argentino". La teoría choca con la práctica: hace semanas el propio Gobierno recurrió a bancos de Nueva York para un préstamo REPO y al Tesoro de Estados Unidos para pagar intereses al FMI.
De hecho, sobre esta última operación, Caputo insistió: "No hay ningún préstamo, eso es una información errónea". Y detalló: "Al Fondo no se le paga con dólares, sino con su propia moneda que se llama DEG... El vendedor de DEG es EEUU". Formalmente correcto, políticamente discutible: sin dólares propios ni DEG suficientes, la Argentina sigue dependiendo de auxilios externos para cumplir con vencimientos. En materia inflacionaria, el ministro volvió a prometer una convergencia casi mágica. Tras el 2,8% de diciembre, estimó que enero estará "en el entorno al 2,5%" y reiteró el horizonte oficial: "El Presidente habló de ir a cero, empezando con cero en agosto".

Reconoció, eso sí, que hubo un "nuevo escalón inflacionario" por la caída en la demanda de dinero y el clima electoral, pero aseguró que "no tengo ninguna duda de que la inflación va a tender a bajar". Mientras tanto, el cepo sigue. Caputo evitó fechas y apeló a la prudencia: se saldrá "cuando sea el momento correcto", porque la cautela "ha pagado mucho". El costo de esa cautela lo sienten, sobre todo, las empresas que siguen sin acceso pleno al mercado cambiario.
El tramo más desconectado del discurso apareció al hablar de la situación social. Para el ministro, hoy la gente vive mejor y con más esperanza, porque "hasta hace seis meses estaba el susto de un posible retorno del comunismo a la Argentina". También habló de un "ataque" sufrido el año pasado y de una tranquilidad recuperada gracias al respaldo electoral. La narrativa épica convive, sin demasiadas explicaciones, con una economía estancada y sectores productivos en crisis.
Sobre jubilados y sectores vulnerables, Caputo fue categórico: "Trabajamos para los jubilados y para los que menos tienen". Aseguró que "hemos bajado la pobreza casi 20 puntos" y que "más de 13 millones de argentinos salieron de la pobreza", aunque admitió límites: "En términos de dólares, las jubilaciones crecieron fuertemente, pero tampoco se puede hacer magia". Y pidió paciencia: "Roma no se construyó en un día".
Cuando se refirió al freno de la actividad, el ministro habló sin rodeos de "reacomodamiento". "Habrá empresas más competitivas y otras que no lo sean tanto... Eso es lo normal y no hay que desgarrarse las vestiduras", dijo. La frase resume el espíritu del programa: el ajuste como proceso natural, aun cuando implique cierres, despidos y caída del consumo.

En esa lógica se inscribe su visión sobre la industria textil, golpeada por cierres de plantas. Caputo sostuvo que fue protegida durante décadas y que eso hizo que los argentinos pagaran ropa y calzado mucho más caros. Según él, los beneficiados fueron los empresarios y no los trabajadores, y bajar precios liberará recursos para otros consumos. El empleo, otra vez, aparece como una variable secundaria frente a la competencia. Finalmente, sobre la reforma laboral, anticipó que "va a terminar pasando", aunque reconoció resistencias de los gobernadores por la baja del impuesto a las Ganancias. "Volvemos a la discusión del modelo", resumió. Y cerró con una definición que funciona como síntesis ideológica: "El modelo viejo de salarios miserables en dólares y tipo de cambio alto... no sirve".

