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Crisis del sector textil

"Era un robo": Caputo, el desprecio por la industria nacional y la naturalización del ajuste

El ministro de Economía justificó la apertura importadora con una frase que desnudó el corazón del modelo libertario: nunca compró ropa en Argentina.

03 Febrero de 2026 10:33
Luis Caputo
Luis Caputo

En medio de una de las peores crisis de la industria textil en décadas, el ministro de Economía, Luis Caputo, decidió correr el velo sin eufemismos ni tecnicismos. "Yo no compré nunca en mi vida ropa en Argentina porque era un robo", sentenció en Radio Mitre, como si se tratara de una anécdota personal y no de una definición política con consecuencias concretas sobre miles de puestos de trabajo. La frase, lejos de ser un exabrupto aislado, condensó el espíritu de la estrategia económica del gobierno de Javier Milei: apertura irrestricta, desprotección industrial y una mirada abiertamente despectiva hacia la producción nacional.

Caputo no se limitó a cuestionar los precios. Chicaneó al sector empresario, relativizó el peso del empleo y redujo décadas de desarrollo industrial a un "cuento". "El sector textil es un caso emblemático de un sector que ha sido protegido durante muchísimos años, con el cuento de que hay 150.000 familias que trabajan en esto", dijo, para contraponerlo con su argumento central: "hay 47 millones de argentinos que han tenido que pagar textiles y calzado dos, tres, cuatro o hasta diez veces lo que valen en el mundo". La lógica oficial es tan simple como brutal: abaratar productos aunque eso implique desmantelar sectores enteros de la economía. 

Para Caputo, el proteccionismo fue "una medida zonza" que perjudicó "al que menos tiene". Sin embargo, omitió deliberadamente el contexto local: una estructura de costos asfixiada por impuestos, alquileres, logística y tasas financieras que explican gran parte del precio final de la indumentaria. Según el propio sector, apenas un 8% del valor de una remera corresponde a la industria, mientras que el 50% son impuestos y otro 30% se va en alquileres y financiamiento. Lejos de reconocer esa realidad, el ministro optó por la simplificación y la provocación. "Los que se beneficiaron eran los dueños, que los conozco a la mayoría, excelente gente, los quiero mucho", lanzó.

Además, agregó una frase que terminó de encender la polémica: "el que no viaja en primera no es porque viaja en económica, es porque tiene avión privado". El comentario, más cercano a la burla que a un diagnóstico serio, contrastó de manera obscena con el presente de miles de trabajadores que hoy enfrentan despidos y suspensiones. La defensa de la apertura importadora se completó con una idea recurrente en el discurso libertario: la reconversión forzada. "El que trabaja en la industria textil no es que no puede hacer otra cosa", afirmó Caputo, como si cambiar de sector fuera una decisión individual sencilla y no un proceso traumático en un país sin mercado laboral dinámico.

Las importaciones y la recesión: un coctel que atenta contra la industria textil argentina.
Las importaciones y la recesión: un coctel que atenta contra la industria textil argentina.

Al mismo tiempo, sin explicar dónde, cómo ni cuándo aparecerán esos empleos, remarcó: "Tenemos que generar trabajo para que el que se quede sin trabajo, consiga". La realidad del sector desmiente el optimismo oficial. En las últimas semanas se conocieron cierres, despidos y fuertes recortes de producción en empresas emblemáticas como Emilio Alal, Grupo Dass -fabricante de zapatillas para marcas como Nike y Adidas-, Eseka S.A. y la histórica TN & Platex. Los datos de la Fundación Pro Tejer, basados en cifras del Indec, son demoledores: la producción textil cayó 36,7% interanual en noviembre de 2025 y 47,6% respecto del mismo mes de 2023. 

La capacidad instalada se desplomó al 29,2%, el nivel más bajo de toda la industria manufacturera. En términos simples, siete de cada diez máquinas están apagadas. El problema, además, no se reduce a la competencia externa. "Hoy no hay consumo en Argentina. No se vende ni producción nacional ni importada porque los ingresos no alcanzan", advirtió Pro Tejer. El deterioro del poder adquisitivo, resultado directo del ajuste, completa el círculo vicioso: menos salarios reales, menos ventas, menos producción y más despidos. Pese a ese panorama, el Gobierno insiste. 

Luis Caputo y Javier Milei
Luis Caputo y Javier Milei

Caputo sostuvo que, si una remera cuesta cinco dólares en lugar de cincuenta, los 45 restantes se gastarán "en otra cosa": salir a comer, tomar un helado, consumir en otros sectores. El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, reforzó la idea con un ejemplo crudo: "Vos comprás un jean acá y te cuesta USD 100, mientras que importarlo cuesta USD 25. Lo importás, explicame dónde se pierde el puesto de trabajo". La respuesta está a la vista. Se pierde en cada fábrica que cierra, en cada obrero despedido, en cada máquina parada. Se pierde en un modelo que reduce la economía a una planilla de precios y trata al empleo como una variable prescindible. Con su frase -"era un robo"- Caputo no solo habló de ropa. Expresó, sin filtros, una concepción de país donde producir es un estorbo y donde el ajuste no es un daño colateral, sino el camino elegido.

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