Una de las insólitas bajadas de línea del nuevo equipo de comunicación presidencial, a cargo del cineasta de las tinieblas Santiago Oría, es que no se puede filmar más al presidente Javier Milei mientras camina. Sí, algo tan simple como los desplazamientos bípedos del primer mandatario no pueden registrarse más desde dispositivos fílmicos. Casa Militar, que responde a su todopoderosa hermana Karina, es la encargada de hacer efectiva la orden.
Una comanda que llegó luego del desafortunado homenaje al Gral. José de San Martín, cuando Milei fue grabado en un desafortunado dueto junto al jefe de gobierno porteño, Jorge Macri. El alcalde porteño, cojo desde casi siempre, dejó en evidencia la extraña manera de desplazarse de Milei, quien no ostenta una discapacidad evidente. Es más, el hombre atribuyó su andar pingüinesco a sus años de entrenamiento como discreto arquero amateur en el aún más discreto Chacarita Jrs, donde era suplente en Quinta División. ¿Qué le queda entonces al enorme Amadeo Carrizo, que atajó en la primera de River durante 23 años. O a Hugo Orlando Gatti, quien defendió el arco xeneize en 548 oportunidades?
Pero más allá de aquella malograda jornada sanmartiniana, el equipo de enmascaramiento de la realidad que rodea al presidente encontró una manera particular de que el hombre se agrade a sí mismo al caminar: no mostrarlo. Es grotesco incluso ver el paso de comedia en que se ha convertido cada una de sus llegadas a Casa Rosada. Cuando Milei arriba a su lugar de trabajo se despliega el "Operativo Pichín en Banquina": nada más y nada menos que abrir las puertas de las dos camionetas que lo trasladan para evitar la visibilidad. Con las traseras y las delanteras desplegadas, apenas se vislumbran algunos mechones de su cuidadamente desprolija cabellera.
Pero no en Chile. En la visita matinal que el Javo efectuó al país trasandino, la televisión estatal local cometió la imprudencia, desafió los límites de lo posible y cometió una osadía. No se sabe si hubo comunicación inter pares, tampoco si hubo gauchada de un coqueto a otro. Lo que sí se conoce es que Milei fue filmado en su caminata por el Palacio de la Moneda.
Eso sí, bien vale el gesto de José Antonio Kast, su par chileno: el hijo del soldado nazi que gobierna en Chile imitó el gesto adusto del argentino. Los bracitos ligeramente despegados al cuerpo en modo Tiranosaurus al que le robaron dos sandías; la rigidez mortecina del torso; la apertura de pies estilo diez y diez. Eso sí, Kast fue más elegante y lució zapatos. Se perdió así de disfrutar del confort de las zapatillas todoterreno que Martín Menem le regala al presidente argentino.
Inocentes o a sabiendas, los chilenos abrieron una Caja de Pandora: la del desafío, la de la transgresión necesaria, la de la sensatez. Al fin y al cabo, Javier Milei no es más que un señor de 56 años que camina raro.