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Las señales que no hay que minimizar

Suicidios en Argentina: las causas detrás de una problemática que crece de manera sostenida y sin prevención

El suicidio se convirtió en la principal causa de muerte violenta en el país y desplazó a los accidentes de tránsito entre los jóvenes de 15 a 34 años.

Actualmente ocurre "un suicidio cada 2 hs" en Argentina
Actualmente ocurre "un suicidio cada 2 hs" en Argentina

La Argentina atraviesa una crisis que durante demasiado tiempo permaneció en segundo plano. Mientras las estadísticas muestran un crecimiento sostenido de los suicidios, la discusión pública suele llegar cuando la tragedia ya ocurrió. El último informe del Observatorio de Política Criminal encendió nuevamente las alarmas: durante 2025 se registraron 5.209 suicidios, una tasa de 11,8 muertes cada 100.000 habitantes, el valor más alto de la serie histórica analizada. El dato representa un aumento del 57,7% en la cantidad de casos desde 2017, cuando se habían registrado 3.304. La tasa, por su parte, pasó de 8,2 a 11,8 cada 100.000 habitantes.

Actualmente ocurre "un suicidio cada 2 hs" en Argentina
El suicidio se convirtió en la principal causa de muerte violenta en Argentina

Pero detrás de esos números hay una transformación todavía más preocupante: el suicidio se convirtió en la principal causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 34 años, desplazando a los accidentes de tránsito. Para la psicóloga María Scipioni (MN 39519), el fenómeno no puede explicarse a partir de una única causa ni reducirse exclusivamente a un problema individual. Por el contrario, detrás del crecimiento de los casos aparece una sociedad con dificultades para detectar el sufrimiento, acompañar y construir redes de sostén. "Creo que lo más importante es que como sociedad dejamos de mirar", plantea Scipioni. 

Y agrega: "Si bien el suicidio es multicausal, hay muchos factores que pueden darnos indicios que una persona está en riesgo, sin embargo muchas veces esos factores se pasan por alto o se minimizan". Uno de los principales problemas, según la especialista, aparece incluso antes de una situación de crisis: la dificultad para pedir ayuda. "Hay un punto en común que mencionan las personas que han tenido intentos de quitarse la vida y es la gran dificultad para pedir ayuda, el sentir que a nadie le va a importar lo que le pasa o que tienen cosas más importantes de las que ocuparse", explica.

Para Scipioni, el crecimiento de los suicidios después de la pandemia expuso una fragilidad que ya existía y que terminó profundizándose. "El aumento creciente de suicidios luego de la pandemia da cuenta de una sociedad con pocas herramientas emocionales y con una enorme necesidad de redes de sostén que se han ido perdiendo a lo largo de los años", sostiene. Por eso, considera que la respuesta no puede limitarse a intervenir cuando una persona ya se encuentra en una situación extrema. "Creo que es urgente que como sociedad podamos trabajar en reconstruir esas redes", afirma.

El crecimiento del suicidio entre los jóvenes de 15 a 34 años es uno de los datos que más preocupa. En esa etapa de la vida confluyen la construcción de una identidad, la búsqueda de independencia y la necesidad de proyectar un futuro. Pero, según la psicóloga, ese proceso se desarrolla en un contexto cada vez más complejo. "Son muchos los factores que influyen, pero lo que más veo en el consultorio son adolescentes y jóvenes con mucha dificultad para tolerar el malestar. Ante una frustración se desmoronan y les cuesta mucho sostener procesos, el levantarse y volver a intentar cuando algo no sale", explica.

Actualmente ocurre "un suicidio cada 2 hs" en Argentina
El suicidio se convirtió en la principal causa de muerte violenta en Argentina

A eso se suma la incertidumbre económica y social. "Es una franja etaria que carga con mucha incertidumbre. Una etapa en la que debe construirse un proyecto de vida pero en una sociedad que no acompaña con igualdad de oportunidades. Los jóvenes se sienten muy solos frente a este enorme desafío", advierte. Pero existe además una dimensión cultural que, para Scipioni, afecta especialmente a los varones, que presentan los mayores índices de suicidio. "Hay una cuestión cultural muy fuerte, muchos mandatos que recaen en los varones que son los más afectados", cuestionó.

Y sumó: "Ellos son los que deben ser fuertes, valientes y a los que no se les permite expresar sus emociones, porque aun hoy sigue siendo cosa de nenas. En ese tipo de crianza es que los condenamos. Los dejamos sin herramientas y sin posibilidad de pedir ayuda". La pandemia aparece como otro punto de inflexión. El aislamiento modificó las formas de relacionarse y aceleró el crecimiento de la tecnología y las redes sociales justamente cuando más se necesitaban vínculos presenciales. "El aumento sostenido de muertes por suicidio empezó a darse en pandemia y desde ahí no paró", analizó.

En ese sentido, detalló que "la pandemia dejó enormes secuelas socioemocionales y también fue el momento en el que la tecnología y las redes sociales tuvieron su mayor crecimiento". La especialista describe una paradoja: mientras las herramientas digitales permitían mantener cierto contacto, también podían profundizar el aislamiento y la comparación. "En el momento que más se necesitaba contención y presencia se empezó a instalar una nueva manera de vincularse que fue dejando, a los jóvenes sobre todo, atrapados en el aislamiento y la comparación".

Para Scipioni, allí aparece una combinación particularmente peligrosa: la ansiedad provocada por la inmediatez, el estado de alerta permanente y la exposición constante a vidas aparentemente perfectas. "Ansiedad, depresion y soledad son los componentes de un combo explosivo en los jovenes pero lo que lo detona es el no poder pedir ayuda, el no poder poner palabras a ese malestar", sostiene.

Actualmente ocurre "un suicidio cada 2 hs" en Argentina
El suicidio se convirtió en la principal causa de muerte violenta en Argentina

La discusión sobre los suicidios suele quedar encuadrada bajo el concepto de crisis de salud mental. Scipioni reconoce que esa crisis existe, pero considera que quedarse solamente con esa explicación sería insuficiente. "La crisis de salud mental es real. Pero también es una consecuencia de otras crisis que atravesamos: crisis económica, dificultad para construir un proyecto a futuro, dificultad para acceder a un trabajo,o incluso para acceder a un tratamiento psicológico".

Sin embargo, identifica un problema todavía más profundo. "De todos modos creo que la mayor crisis que atravesamos es la crisis vincular", afirmaó y explicó: "Una persona con angustia y con red de contención no es lo mismo que una persona con angustia y sin ninguna red". Por eso plantea recuperar algo que parece básico, pero que muchas veces se perdió: mirar al otro, escuchar, acompañar y cuidar. "Es importante recuperar algo de lo vincular, de la mirada, del cuidado, porque muchas veces ahí está la diferencia entre quien decide seguir adelante o bajar los brazos".

La incertidumbre económica tampoco queda fuera del análisis. La falta de trabajo, las deudas y la imposibilidad de proyectar un futuro pueden agravar situaciones de vulnerabilidad previas. "Mucho, porque esa incertidumbre puede agravar cualquier situacion de vulnerabilidad previa", señala la psicóloga. En ese contexto, destaca tres herramientas emocionales fundamentales: "la capacidad de tolerar el malestar, el poder identificar y poner palabras a las emociones y la capacidad de pedir ayuda".

La importancia de esas herramientas, explica, aparece cuando una persona debe atravesar situaciones difíciles que forman parte de la vida. "Uno a lo largo de la vida no sabe con que situaciones va a tener que lidiar, ya sea dificultades económicas, falta de trabajo, etc pero si uno cuenta con estas herramientas emocionales va a poder transitarlas sabiendo que son situaciones momentáneas y que cuenta con una red que acompaña y contiene".

Las presiones y exigencias contemporáneas ocupan un lugar central en las estadísticas de suicidio adolescente
El suicidio se convirtió en la principal causa de muerte violenta en Argentina

El problema aparece cuando esas herramientas no existen. "Lo más difícil es cuando frente a estas situaciones propias de la vida se las transita sin herramientas emocionales, porque eso hace que sea mucho mas difícil ver la salida. Uno entra en una visión de túnel, cada vez más cerrada, de la que es muy difícil salir". Para Scipioni, una de las grandes deudas es haber pensado la salud mental como algo que debe atenderse una vez que aparece el problema.  "Sí, llegamos tarde sistemáticamente, porque seguimos pensando la salud mental como algo que se atiende una vez instalado el síntoma o aparecida la crisis", dijo.

Pero para la profesional, se trata de algo "que se construye". En ese sentido, reclama mayor presencia en escuelas, universidades y espacios laborales, con protocolos claros y capacitación para detectar señales de alerta. "Falta mucho trabajo de prevención primaria, faltan protocolos claros, capacitación docente para detectar señales de alerta, espacios de escucha real en las instituciones". Pero su propuesta va todavía más atrás: la infancia. "La prevención primaria, los vínculos seguros sostenidos desde la primera infancia junto con el diálogo de confianza son las mejores herramientas de prevención y las más baratas", sostiene.

También considera necesario acompañar a madres y padres para que puedan comprender las problemáticas emocionales de niños y adolescentes. "Pero también hay que capacitar y acompañar a los padres a transitar cuestiones de salud mental en los niños y adolescentes", señala, antes de advertir sobre una frase que todavía aparece con frecuencia: "que problema puede tener si acá le damos todo". La imposibilidad de imaginar un futuro también puede convertirse en una señal de alarma. "Sí, y es uno de los más silenciosos", responde Scipioni.

Esa falta de proyección, explica, no siempre aparece expresada de manera directa. Puede manifestarse como cansancio, falta de sentido o pérdida del interés. "Cuando se dificulta el proyecto a futuro, cuando uno deja de imaginarse, el presente pierde sentido ahí es donde hay que pedir ayuda". En un país donde el informe del Observatorio de Política Criminal registró en 2025 una tasa de suicidios de 11,8 cada 100.000 habitantes -más de tres veces la tasa de homicidios dolosos-, la advertencia adquiere una dimensión que excede los consultorios.

Mes de la prevención del suicidio
El suicidio se convirtió en la principal causa de muerte violenta en Argentina

Uno de los puntos centrales de la entrevista es la necesidad de reconocer las señales antes de que la crisis llegue a su extremo. Scipioni menciona cambios bruscos de conducta, aislamiento repentino, regalar objetos queridos y la pérdida de interés o disfrute por actividades que antes generaban placer. Aclara que ninguna de esas señales, por sí sola, confirma que una persona esté atravesando una crisis suicida. Pero cuando se sostienen en el tiempo, ameritan intervenir. "Cuando uno las observa sostenidas en el tiempo, amerita una pregunta directamente y sin miedo sobre los pensamientos que habitan en esa persona".

Y agregó: "Eso es lo que nos da la posibilidad de ayudar, es importante abrir el dialogo, teniendo una escucha activa y sin juzgar el sentimiento de la otra persona". Uno de los mitos más peligrosos, sostiene, es aquel que afirma que quien habla de suicidarse no lo hará. "El mito de 'el que avisa no lo hace' es uno de los más peligrosos que circulan", advierte. Para la psicóloga, preguntar directamente por la posibilidad de hacerse daño no aumenta el riesgo ni instala una idea que antes no existía: "Preguntar directamente ¿estás pensando en hacerte daño? no instala la idea. Lo que hace es ponerla sobre la mesa para poder empezar a construir una salida".

La respuesta del entorno puede ser determinante. Cuando alguien expresa frases como "no puedo más" o "no quiero seguir", la recomendación de Scipioni es no restarle importancia. "No hay que dejarlo pasar", afirma. Muchas veces, ante el sufrimiento ajeno, aparece la necesidad de minimizarlo o de recordar rápidamente todo aquello que supuestamente debería hacer feliz a esa persona. "A veces se nos hace muy dificil escuchar el malestar del otro y tratamos de sacarle peso y mostrarle todas las cosas buenas que tiene. Esto no ayuda porque genera una distancia con el otro y sobre todo la sensación de falta de comprensión".

Por eso recomienda escuchar sin juzgar y evitar frases como "si no te falta nada" o "mirá la familia que tenés". "Son frases que cargan de mucha culpa", explica. En cambio, propone acompañar activamente a la persona en la búsqueda de ayuda profesional. Ante una situación de riesgo inminente, recomienda recurrir a un servicio de emergencias o acompañar a la persona a una guardia. El informe del Observatorio de Política Criminal muestra diferencias muy marcadas entre las provincias: en 2025, Entre Ríos registró una tasa de 20,8 suicidios cada 100.000 habitantes, seguida por San Luis con 18,9, Salta con 17,4, Santa Cruz con 16 y Catamarca con 14,2.

suicidio
El suicidio se convirtió en la principal causa de muerte violenta en Argentina

En el extremo opuesto se ubicaron Río Negro, Neuquén, Corrientes y la Ciudad de Buenos Aires, entre otras jurisdicciones. Para Scipioni, "ahí se reflejan las diferencias en acceso a salud mental, en oportunidades económicas, en acceso a redes comunitarias". La problemática, entonces, también está atravesada por el territorio y por las posibilidades concretas que tienen las personas de acceder a acompañamiento y tratamiento. La especialista considera que el Estado tiene un papel central y que la atención de las crisis una vez que aparecen resulta insuficiente. "No alcanza, y ese es el núcleo del problema", sostiene.

Su propuesta apunta a intervenir antes: "Es necesario empezar a intervenir con políticas de prevención primaria en territorio". Eso implica, según enumera, invertir "en primera infancia, en escuelas, en capacitaciones docentes para enseñar a detectar factores de riesgo, en implementación de protocolos y derivaciones con seguimiento". "Hay que empezar a trabajar de una manera integral y profunda", reclama. Y plantea : "Es muy necesaria una ley de educación emocional, creo que ahí está la verdadera prevención, trabajando desde la primera infancia hasta la adolescencia, integrando escuelas y familias bajo un objetivo en común".

¿Cuál es ese objetivo? "Brindar herramientas emocionales para la vida".  Frente a una problemática que durante años estuvo rodeada de silencios, Scipioni sostiene que hablar resulta necesario. Pero hacerlo de manera responsable, evitando estigmatizar y mostrando que existe ayuda disponible. "Creo que siempre hay que hablar, es una realidad que estamos atravesando como sociedad y que necesitamos visibilizarla para construir una salida", afirma y concluye: "Hablar del tema, mostrar que hay ayuda disponible y que la mayoría de las crisis son transitorias y tratables es un mensaje esperanzador y muy necesario para quien está atravesando la crisis".

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