El Platanus × hispanica, conocido como plátano de sombra (o plátano de Londres), es uno de los árboles más característicos de las calles y avenidas de muchas ciudades. Su resistencia, rápido crecimiento y capacidad para proporcionar grandes superficies de sombra justifican su presencia urbana. Pero, durante determinadas épocas del año, ese árbol también puede convertirse en una fuente importante de partículas capaces de generar molestias respiratorias.
El principal mecanismo relacionado con la alergia no está en sus frutos, sino en el polen. El Platanus produce grandes cantidades de polen que son transportadas por el viento. En personas previamente sensibilizadas, determinadas proteínas del polen pueden activar una respuesta inmunológica mediada por IgE. (Anticuerpos que produce tu sistema inmunitario). El resultado puede ser rinitis, estornudos, congestión nasal, picazón, lagrimeo y otros síntomas propios de la polinosis - reacción alérgica estacional, también conocida como alergia al polen o fiebre del heno -. Estudios realizados en España encontraron una relación entre las concentraciones de polen de Platanus y los síntomas de rinitis durante la temporada de floración.

El fenómeno tiene además una particularidad: no todo lo que irrita las vías respiratorias necesariamente produce una alergia inmunológica. El árbol libera otras partículas biológicas, entre ellas pequeños pelos o tricomas y fibras asociadas a sus frutos. Investigaciones realizadas en Australia demostraron que esos tricomas pueden ser inhalados y plantearon que podrían actuar como irritantes respiratorios, aunque no se comportan como el polen desde el punto de vista de la sensibilización alérgica.
Aquí aparece el denominado efecto mecánico. Los frutos del plátano de sombra son esas estructuras globosas que cuelgan de las ramas y contienen numerosos aquenios. Cuando se secan y se desprenden, pueden liberar diminutas fibras y pelos. Estas partículas, por su tamaño y características físicas, pueden quedar suspendidas en el aire, entrar en contacto con los ojos, la nariz o la garganta y generar irritación. En otras palabras, el organismo puede reaccionar simplemente porque una partícula física entra en contacto con una mucosa, sin que necesariamente exista una reacción alérgica específica.
Esta diferencia es fundamental. Una persona puede experimentar picazón nasal, estornudos, tos o irritación ocular después de estar debajo de una arboleda de plátanos sin que todos esos síntomas sean consecuencia de una alergia al árbol. Durante la primavera, además, se superponen el polen y las partículas procedentes de hojas y frutos, haciendo más difícil identificar cuál es el responsable.

La contaminación atmosférica puede agregar otra variable. Estudios recientes han observado que contaminantes como el ozono y los óxidos de nitrógeno pueden modificar la dinámica del polen y relacionarse con la sensibilización alérgica, especialmente en ambientes urbanos.
Por eso, cuando el plátano de sombra vuelve a cubrir las calles de polen y pequeñas partículas, el problema no debe explicarse únicamente como una "alergia al árbol". Hay dos mecanismos diferentes que pueden coexistir: uno inmunológico, provocado por los alérgenos del polen, y otro físico o irritativo, relacionado con tricomas y fibras. Comprender esa diferencia permite explicar por qué algunas personas presentan síntomas intensos aun cuando las pruebas de alergia no necesariamente demuestran sensibilización específica al Platanus".
Algunos vecinos de la ciudad de Buenos Aires, iniciaron una campaña para lograr la poda en altura, acción que no se realiza desde hace, aproximadamente, 30 años o, en una intención más ambiciosa, que sería su reemplazo por arboles más saludables y menos dañinos.

