Fermín Palma, geólogo de 34 años, y docente de la escuela de Ciencias del Mar de la Armada Argentina fue seleccionado, en su tercera postulación al Programa Seabed 2030 entre 200 postulantes de todo el mundo. Se trata de un programa internacional que busca cartografiar en alta resolución la totalidad del fondo oceánico del planeta.
Para eso reúne datos de gobiernos, científicos, empresas y expediciones mediante tecnologías como el sonar multihaz, un sistema de navegación acústica activa que emite haces de sonido. El objetivo es conocer con precisión la profundidad y el relieve submarino, información clave para la navegación, la investigación, los recursos pesqueros, la biodiversidad, los cables submarinos y el estudio del clima.
La tarea se basa principalmente en el relevamiento acústico mediante ecosondas. Los equipos instalados en los barcos emiten ondas sonoras que atraviesan la columna de agua, impactan contra el fondo y regresan al instrumento. A partir del tiempo que demora ese recorrido, los especialistas pueden determinar la profundidad y reconstruir las características del relieve submarino. "Cuanto más tiempo tarda en ir y volver significa que ese lugar está más profundo. si tarda menos tiempo, menos profundo", explicó Palma a BBN.

El científico destacó que la calibración del sonido en la columna de agua es fundamental para obtener mediciones precisas. Los datos recolectados luego requieren una importante capacidad de procesamiento, ya que se trata de archivos de gran volumen que no pueden ser manejados fácilmente con una computadora convencional.
El conocimiento del fondo oceánico tiene aplicaciones concretas. en navegación, permite conocer las profundidades para evitar encallamientos y mejorar la seguridad de las embarcaciones. también resulta necesario para planificar obras portuarias y controlar los cambios producidos por la acumulación de sedimentos.
Otro de los usos está relacionado con los cables submarinos de fibra óptica. el relieve del fondo oceánico puede presentar deslizamientos y derrumbes capaces de afectar estas instalaciones. Palma explicó que ya se registraron casos en los que movimientos del fondo marino provocaron daños sobre cables y dejaron zonas sin conexión a internet.
El trabajo de Seabed 2030 también permite mejorar la información disponible en herramientas como Google Earth. Cuando un usuario observa el océano y acerca la imagen, algunas zonas presentan mayor resolución que otras. Los relevamientos realizados por este tipo de programas permiten incorporar nuevos datos y mejorar progresivamente ese mapa global.

El vínculo de Palma con la geología comenzó en su propia familia. "Soy de una familia de geólogos, tanto mi mamá como mi papá estudiaron geología", contó. Por lo tanto, desde chico estuvo familiarizado con los viajes y el trabajo de campo de sus padres, una experiencia que despertó su interés por la profesión.
Estudió geología en la Universidad Nacional de La Plata y luego realizó un doctorado a partir de una beca cofinanciada. Su investigación se concentró en la zona ubicada frente a la salida del Canal Beagle, en el extremo sur argentino, donde estudió un cañón submarino y las particulares formas del relieve generadas, entre otros factores, por la acción de antiguos glaciares.
Hoy, además de su actividad docente y científica, espera los resultados de un proceso de ingreso a la carrera científica. Mientras tanto, su participación en Seabed 2030 le abrió la posibilidad de continuar capacitándose en instituciones internacionales y trabajar con investigadores especializados en el estudio del fondo marino.