Majo Granatto levantó la Copa del Mundo con la camiseta de Las Leonas, pero su historia de lucha comenzó mucho antes de los grandes estadios. Nació en La Plata, creció en Gonnet y encontró en el Club Santa Bárbara una casa deportiva, social y afectiva. Allí, junto a su hermana Victoria, construyó una carrera que llevó el nombre del hockey platense a la élite internacional.
Victoria, nacida en 1991, fue quien acercó a Majo al hockey. María José nació en 1995 y siguió sus pasos hasta convertirse en una de las mejores jugadoras del mundo. Las hermanas Granatto llegaron juntas a la Selección, compartieron entrenamientos, torneos y grandes conquistas, pero nunca dejaron de regresar a Santa Bárbara, el club que las formó.

Majo se destacó por su técnica, su potencia y su capacidad goleadora. La Federación Internacional de Hockey la eligió dos veces como Mejor Jugadora Joven del Mundo y en 2022 fue reconocida como la mejor jugadora del Mundial. Victoria, por su parte, se consolidó como una integrante fundamental de Las Leonas.
Juntas fueron parte de la camada que obtuvo la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y ya en enero de 2026, ambas volvieron a ser convocadas a la Selección argentina y mantuvieron la costumbre de entrenar semanalmente en Santa Bárbara, sin cortar el vínculo con el barrio ni con las nuevas generaciones que las miran como referentes.
Majo y la memoria activa
El compromiso de Majo con los derechos humanos está ligado a su historia personal y a la memoria de la ciudad en la que creció. La Plata fue una de las localidades más golpeadas por el terrorismo de Estado durante la última dictadura cívico-militar, y esa memoria atravesó su formación.
En una charla con Página/12, recordó su paso por la escuela Media 12, cuyo nombre homenajea a Horacio Ungaro, uno de los estudiantes desaparecidos durante la Noche de los Lápices: "Mi colegio era la Media 12, se llamaba Horacio Ungaro y mi Centro de Estudiantes era el Centro Horacio Ungaro, que fue uno de los chicos desaparecidos en la Noche de los Lápices. Yo tenía participación. Me gustaba ir a reuniones y marchas".
Sobre aquella militancia estudiantil, reflexionó: "Tenían convicción, seguridad y ganas de cambiar el mundo. Hoy no se ve eso en la juventud". Y remarcó: "No estábamos en un gobierno democrático y es lo que nosotros como sociedad tenemos que darnos cuenta. En eso tenemos que estar totalmente unidos, no podemos tolerar la muerte y desaparición de miles de personas".

Para Granatto, hablar de memoria no significa mezclar el deporte con la política, sino reconocer la historia. Por eso reivindicó que la cancha del Cenard lleve el nombre de Adriana Acosta, ex jugadora de la Selección secuestrada y desaparecida en 1978: "Es espectacular que la cancha del Cenard tenga el nombre de una jugadora desaparecida. Para mí eso no es mezclar con la política. Es reconocer y levantar la bandera del Nunca Más".
La arenga que prendió la final
Antes de la final del Mundial, en el Wagener Hockey Stadium de Amstelveen, Majo reunió a sus compañeras en un círculo. Las Leonas estaban a minutos de enfrentar a Países Bajos, tricampeón vigente, y la capitana sabía que el partido exigía intensidad, unidad y coraje.
"Tiene que marcar la diferencia en juego, en intensidad, en querer ganar y en bancarse, ser protagonista, carajo. Ser protagonista todos los partidos", comenzó frente a sus compañeras. Después subió todavía más la intensidad: "Todavía no ganamos nada. No hay mañana para nosotras. Es hoy, no hay mañana, es hoy, carajo, más que nunca es hoy".
Granatto también habló de la necesidad de sostener el grupo y el compromiso colectivo: "Necesito las 20 acá adentro, con intensidad, con compañerismo y con humildad, mucha humildad para tener compromiso defensivo. Sabemos que el equipo que va a ganar es el que defiende".
Las palabras de la capitana encontraron respuesta en la cancha. Argentina comenzó perdiendo 1-0 ante Países Bajos, pero no se rindió. En el último cuarto, la propia Majo apareció para marcar el empate y llevar la definición a los penales australianos.
Cristina "China" Cosentino se convirtió entonces en la heroína de la jornada al atajar tres remates neerlandeses. Las Leonas ganaron 3-1 en los penales, terminaron con la hegemonía de Países Bajos y volvieron a ser campeonas del mundo después de 16 años.
Las Leonas levantaron la Copa. Majo Granatto levantó también una bandera: la del club de barrio, la de la memoria y la del Nunca Más. Y cuando gritó "es hoy", sus compañeras entendieron que no era solamente una arenga. Era una declaración de principios.

