El intendente de la ciudad de Córdoba, Daniel Passerini, reveló las amenazas que recibió el presidente del Ente Municipal de Fiscalización y Control, Ezequiel Hormaeche Actis, luego de haber cerrado el boliche nocturno Punta Alvear, y que derivaron en la denuncia penal contra el dueño. En ese sentido, y a un mes del femicidio de Agostina Vega por cual cerraron el bar Wachitas, desde la gestión municipal impulsaron la creación de la Unidad Ejecutora Mixta de Coordinación y Prevención para la Seguridad Pública, para apuntalar el trabajo y desarticular una red de complicidades mafiosas con algunos agentes municipales puestos a dedo.
"Al presidente del ente de fiscalización le pusieron dos balas arriba del escritorio", reveló Passerini en una entrevista con el canal El Doce. La acción llegó tras otras amenazas explícitas que deslizó el dueño de Punta Alvear, a quien el intendente aseguró que "nadie lo tocaba" hasta su gestión. Esta realidad de impunidad se construyó con decenas de trabajadores que debían controlar, pero colaboraban con estos empresarios.

Passerini explicó que 119 agentes ya fueron exonerados o detenidos por estos hechos y que de esos, 91 ingresaron al Estado entre el 2003 y el 2007, como parte de un pacto entre el poder político y empresarial de la noche cordobesa, quienes designaron a dedo a agentes que no se entrometerían en sus negocios. "Muchos de los que no han querido colaborar están procesados y detenidos", describió el intendente.
Desde el año pasado, las clausuras y cierres se multiplicaron con la creación del Ente de Fiscalización y Habilitaciones. Según contó Passerini, en este lapso pasaron "de 90 a 700 clausuras". Para sustentar este trabajo, el intendente creó este último lunes la Unidad Ejecutora Mixta de Coordinación y Prevención para la Seguridad Pública, que "tiene como objeto integrar muchas áreas que hoy están trabajando".

El funcionario además confesó que la semana próxima enviará un proyecto al Concejo Deliberante para modernizar las habilitaciones y terminar con las maniobras empresariales para reabrir los locales. "Vamos, clausuramos y a los pocos días, con un trámite administrativo por un derecho que les corresponde por viejas ordenanzas, se vuelven a habilitar", denunció Passerini, quien adelantó que "en los próximos 90 días" revisarán todas las habilitaciones del sector.
Entre los locales clausurados de manera reciente, se encuentra Wachitas Bar, el falso pub que funcionaba como prostíbulo y que tenía en el mando de esa área a Soledad Andreani, una de las detenidas por el femicidio de Vega, quien tiene como principal sospechoso a Claudio Gabriel Barrelier, un habitué de ese local al que, según el intendente, debieron cerrar tres veces "en el lapso de tres años para poder darle la revocación definitiva".
Cómo funcionaba Wachitas Bar
En los últimos días se conocieron testimonios de ex trabajadoras sexuales que eran parte de la estructura de Wachitas, y que apuntaron de manera directa a Andreani, quien se quedaba el 50% de lo que recaudaban con la prostitución que ejercían en el piso de arriba del local, en un cuarto con condiciones paupérrimas. "Yo me quedaba con la mitad y la mitad iba para ella", aseguró Carla en relación al rol de la detenida por aportar el auto con el que trasladaron los restos de la niña de 14 años asesinada.

"Las chicas que trabajaban eran todas menores. Se aprovechaba de la situación de la gente", aportó la ex empleada ante el magazine local El Show del Lagarto. "El lugar era asqueroso, un nido de ratas donde vas a encontrar drogas, alcohol y música fuerte", describió la denunciante, quien además sumó que para ser parte del plantel también había otros requerimientos. "Tenías que ser linda, si eras fea no entrabas", señaló. La ex empleada también sustentó la denuncia del intendente, en el sentido de que eran espacios que al ser clausurados, pagaban y se volvían a abrir.

Carla además aseguró que Andreani vendía "cocaína" dentro de Wachitas y que, además, "se suministraban drogas en las bebidas de la gente". Respecto al lugar donde tenían relaciones lo describió como una habitación con "una cama de dos plazas, un baño chico y mugre". Además agregó que, más allá del perfil rockero y juvenil del exterior del lugar, quienes concurrían de manera habitual eran "personas grandes y con plata".

