04 Mayo de 2026 09:59
El Gobierno de Javier Milei reabrió este lunes la sala de periodistas de la Casa Rosada luego de mantenerla cerrada durante 11 días en una decisión sin antecedentes desde el regreso de la democracia. Pero la reapertura llegó acompañada de un endurecimiento de controles, restricciones inéditas y un clima de creciente hostilidad hacia el periodismo acreditado.

La medida, oficialmente justificada por una revisión de "protocolos de seguridad y vigilancia", ocurre en medio de la escalada de tensión entre la administración libertaria y los medios de comunicación, y apenas horas antes de una conferencia de prensa que encabezará el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, atravesado además por denuncias por presunto enriquecimiento ilícito.
Lejos de significar una normalización del vínculo con la prensa, el regreso a Balcarce 50 muestra un esquema todavía más cerrado, opaco y controlado. Los periodistas volvieron a ingresar a la Casa Rosada este lunes, pero ya no podrán circular libremente por los pasillos, permanecer en el histórico Patio de las Palmeras ni acercarse a sectores clave del edificio. Tampoco tendrán acceso al corredor que conecta el despacho del asesor presidencial Santiago Caputo con otras áreas de la sede gubernamental.
El cambio se percibe desde el ingreso mismo. Según denunciaron periodistas acreditados, ahora existe un "exhaustivo dispositivo de seguridad" con controles reforzados, listas de autorización, palpaciones, scanners y detectores de metales. Además, los trabajadores de prensa deben entregar sus credenciales al retirarse del edificio. El periodista Fabián Waldman fue uno de los primeros en denunciar públicamente las nuevas condiciones.
En sus redes sociales, expresó: "El Gobierno ha determinado que los periodistas que hace muchísimos años recorremos los pasillos de Balcarce 50 no podamos hacerlo más". Y fue todavía más duro al describir el nuevo clima dentro de la sede presidencial: "Un poco de oscurantismo. Opacar lo que el Gobierno no quiere que se conozca, a diferencia de gobiernos anteriores, inclusive la dictadura militar".
El cierre de la sala de prensa había comenzado el 23 de abril, luego de que Casa Militar denunciara a periodistas de TN por un supuesto caso de "espionaje ilegal" e "intromisión ilegítima", tras la difusión de imágenes grabadas dentro de la Casa Rosada con gafas inteligentes. La denuncia derivó incluso en una investigación judicial en el juzgado de Ariel Lijo. Sin embargo, el conflicto rápidamente escaló mucho más allá de ese episodio puntual.
Lo que inicialmente se presentó como una sanción contra un medio terminó convirtiéndose en una restricción generalizada para toda la prensa acreditada. En paralelo, el Gobierno fue endureciendo progresivamente las condiciones para ejercer el trabajo periodístico dentro de Balcarce 50. Desde hace meses, los acreditados tienen prohibido acercarse al Patio de las Palmeras cuando Javier Milei entra o sale del edificio.
El argumento oficial siempre fue la "seguridad", aunque en la práctica las limitaciones terminaron reduciendo al mínimo el contacto visual y directo con el Presidente. La nueva Casa Rosada libertaria también transformó físicamente espacios históricos. El antiguo Salón de las Mujeres fue convertido en oficinas cerradas y con ventanas tapadas. El Salón de los Pueblos Originarios pasó a llamarse Salón Malvinas y quedó vedado para la prensa.

Lo mismo ocurrió con otros sectores tradicionalmente accesibles para cronistas acreditados. El endurecimiento no se limita a la circulación. En mayo de 2025, el Gobierno ya había reducido drásticamente la cantidad de acreditaciones permitidas, dejando afuera a decenas de medios pequeños y alternativos. También impuso declaraciones juradas obligatorias, exigencias sobre audiencia verificable y hasta un "código de vestimenta" formal para asistir a conferencias de prensa. Además, estableció sanciones para quienes filmen, saquen fotos o transmitan en sectores no autorizados, bajo amenaza de considerar esas acciones como "faltas graves".

Paradójicamente, Manuel Adorni había construido parte de su perfil público sobre la promesa de sostener conferencias diarias para convertirse en "la voz del Presidente". Pero mientras las ruedas de prensa se fueron espaciando, incluso hasta desaparecer durante un tiempo, Javier Milei prácticamente eliminó el contacto directo con periodistas: en más de dos años de mandato nunca brindó una conferencia abierta.

