La Libertad Avanza encontró a su nueva experta en Inteligencia Artificial. Se llama Adriana Baravalle, fue designada secretaria de Ciencia y tiene un doctorado en IA. El detalle es que ese título proviene de la American Andragogy University, una institución con sede en Honolulu que no cuenta con reconocimiento oficial en Estados Unidos.
La paradoja es difícil de mejorar: el Gobierno que promete llevar a la Argentina al futuro tecnológico eligió para conducir su política científica a una funcionaria cuyo principal título académico aparece vinculado con una universidad cuestionada, sin acreditación reconocida y con antecedentes judiciales en Hawái. La inteligencia artificial, en este caso, parece haber empezado por el currículum.

Baravalle reemplazó a Darío Genua, un funcionario cercano a Rodrigo Lugones que terminó enfrentado con Diego Santilli. Para ocupar la Secretaría, el jefe de Gabinete optó por un perfil exótico: una especialista en tecnología cuya formación doctoral, sin embargo, no aparece de la misma manera en todos sus antecedentes académicos.
En un comunicado difundido durante la madrugada del miércoles 12 de agosto, el Gobierno la presentó como la "Dra. Baravalle" y consignó que tenía un doctorado en Inteligencia Artificial de la American Andragogy University. En su perfil de LinkedIn, la funcionaria también figura como PhD in Artificial Intelligence, aunque allí no identifica con claridad la institución que le otorgó el título.

Por otro lado y como si la paradoja se esforzara por mejorar, la American Andragogy University se define como una universidad a distancia y sostiene que utiliza métodos diferentes a los de las instituciones tradicionales. Desde la propia entidad explican: "American Andragogy University utiliza métodos andragógicos, independientes, no tradicionales o no convencionales, totalmente diferentes a los de otras universidades".
La institución también advierte que sus títulos pueden no ser habilitantes en el mundo real para profesiones como Medicina, Derecho o Educación y, para el colmo, en su sitio web, además, señala que una tesis doctoral puede desarrollarse en apenas ocho semanas. Un plazo verdaderamente revolucionario: alcanza para escribir una tesis, defenderla y quizás también inventar el sistema científico nacional.

Lo cierto es que todo mejora. Es que el problema no es solamente la velocidad académica: la universidad no estaba acreditada por una agencia reconocida por el Departamento de Educación de Estados Unidos y, en 2009, el estado de Hawái la demandó a través de su Oficina de Protección al Consumidor.
La presentación judicial sostuvo que la institución nunca había estado acreditada, que no contaba con una oficina en el estado y que tampoco tenía los 25 alumnos inscriptos exigidos por la legislación local para instituciones no acreditadas. Not spoiler alert: el proceso terminó con una prohibición permanente y el pago de una multa.

La entidad también acumuló cuestionamientos en otros países. En Panamá se investigó a docentes que habían utilizado diplomas de esa universidad para ascender y mejorar sus salarios, mientras que en Colombia el Ministerio de Educación rechazó la convalidación de 32 egresados.
La propia Universidad Austral, donde Baravalle trabaja desde hace décadas, la presenta como magíster en Ciencia de Datos y Gestión del Conocimiento, doctoranda en Ingeniería y analista de Sistemas de la Universidad de la Defensa Nacional.

En su ficha docente no figura un doctorado en Inteligencia Artificial ni se precisa dónde cursa el doctorado en Ingeniería. Allí aparece como profesora asociada profesional en la sede de Pilar, a cargo de Seguridad Informática, Inteligencia Artificial Generativa y Computer Vision.
Además, la oferta académica de la American Andragogy University incluía 15 programas dentro de su Escuela de Ingeniería, pero no aparecía un doctorado específico en Inteligencia Artificial. El programa más cercano era un Doctorate in Computer Science.

Baravalle, de todos modos, cuenta con una trayectoria extensa en docencia e investigación. La Universidad Austral registra casi tres décadas de vínculo profesional con ella aunque también participó en la creación de SynapsIA, una red regional de especialistas en IA, y trabajó en proyectos vinculados con formación, investigación y cooperación tecnológica.
Ciencia en crisis y una funcionaria bajo la lupa
La nueva secretaria asume en un momento particularmente delicado donde el Conicet enfrenta recortes, vencieron sin renovación los contratos de 374 becarios posdoctorales y la Mesa Federal por la Ciencia y la Tecnología realizó una movilización nacional en defensa del sistema científico.

Baravalle tendrá bajo su órbita al Conicet, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales y el Banco Nacional de Datos Genéticos. El Gobierno de La Libertad Avanza asegura que buscará "profundizar la agenda de innovación y transformación tecnológica del Estado, impulsar el desarrollo y la adopción de nuevas tecnologías y fortalecer la articulación entre el sector público, el sector privado y el ecosistema científico y académico". Por ahora, Adriana Baravalle, la nueva secretaria de Ciencia quedó atrapada en una paradoja perfecta para la gestión libertaria: una funcionaria que debe conducir el futuro tecnológico del país, pero cuyo currículum parece necesitar una auditoría del pasado.

