Jorge Messi murió anoche, a las 22, en un sanatorio de Rosario. Tenía 68 años y llevaba tiempo atravesando una larga enfermedad. Se fue en la misma ciudad donde comenzó todo: aquella en la que formó una familia junto a Celia Cuccittini, trabajó durante años en Acindar y acompañó los primeros pasos de un niño que terminaría cambiando para siempre la historia del fútbol. El mundo despide al padre de Lionel Messi. Pero para entender la dimensión de la pérdida hay que mirar más allá del representante, del empresario y del hombre que durante años manejó buena parte de los asuntos de la carrera del mejor futbolista del mundo.
Hay que mirar al padre. Al hombre que se levantaba cuando todavía era de noche, trabajaba durante todo el día y regresaba a su casa cuando sus hijos ya habían atravesado prácticamente toda la jornada. Al que, aun agotado, encontraba tiempo para llevar a Leo a entrenar. Al que estuvo parado durante horas al costado de una cancha de Newell's. Al que golpeó puertas cuando su hijo necesitó un tratamiento médico. Y al que, cuando todo parecía derrumbarse en Barcelona, decidió quedarse junto a él.
Porque la historia de Lionel Messi también es, inevitablemente, la historia de Jorge. Lionel contó muchas veces cómo era su padre durante aquellos años en Rosario. Y sus palabras permiten dimensionar el esfuerzo que hubo detrás de una carrera que recién comenzaba. "Viejo se levantaba a las 4 de la mañana y volvía a la a las 9 de la noche para cenar, prácticamente, todos los días. Entonces, nos veíamos poco, y cuando nos veíamos, me disfrutaba, no me cagaba a pedo nunca. Yo lo disfrutaba muchísimo a él porque lo lo extrañaba y esperaba que llegue para poder abrazarlo y estar con él", había dicho tiempo atr´pas en una entrevista.
En esas horas robadas al cansancio se construyó una relación que el tiempo nunca pudo modificar. Jorge trabajaba jornadas interminables. Pero cuando regresaba, Leo lo esperaba. Y cuando podían compartir un rato, ese tiempo tenía un valor especial. "Por eso le digo que que es diferente, ¿no? En ese sentido, porque él se lo pasaba trabajando, la verdad". El fútbol todavía era apenas un sueño. Lionel era un chico que corría detrás de una pelota y Jorge era un trabajador que intentaba sostener a su familia. Nadie podía imaginar entonces hasta dónde llegarían.

Cuando Lionel creció y comenzó a convertirse en una estrella, la figura de Jorge adquirió otra dimensión. Pasó a ser representante, consejero y responsable de buena parte de las decisiones que rodeaban al futbolista. Pero para Leo siguió siendo, ante todo, su papá. "Siempre necesité como la aprobación, o la opinión de mi viejo de chiquito. Yo terminaba un partido y le preguntaba a él cualquier cosa".
Incluso después de convertirse en campeón del mundo, ganador de múltiples Balones de Oro y uno de los jugadores más importantes de todos los tiempos, esa necesidad de compartir con Jorge nunca desapareció. "Terminaba un partido y le escribía a él o estamos viendo algún partido y comentamos en la parte deportiva". La mirada del padre seguía teniendo un peso diferente. Era la opinión de alguien que conocía al Lionel de antes de la fama, de los grandes contratos y de los estadios repletos.
El que sabía quién era el chico detrás del futbolista. Cuando Lionel era apenas un juvenil de Newell's, su familia tuvo que afrontar uno de los primeros grandes obstáculos de su vida: el tratamiento hormonal que necesitaba para su crecimiento. El dinero era un problema. Jorge trabajaba y hacía todo lo posible para conseguir una solución. "Mi viejo, la empresa donde trabajaba se hacía cargo de una parte (del tratamiento)", hab´pia contado el capitán argentino.
La situación terminó empujando a la familia a buscar alternativas fuera de Rosario. Apareció Barcelona y con ella una posibilidad que parecía tan extraordinaria como incierta. Lionel tenía apenas 13 años. La familia viajó a España, pero la adaptación no fue sencilla. Los hermanos extrañaban Rosario, la vida cotidiana se volvió difícil y finalmente Celia regresó a la Argentina junto a Rodrigo, Matías y María Sol. Jorge tomó otra decisión. Se quedó.

Aquellos primeros meses en Barcelona fueron uno de los momentos más delicados de la historia de Lionel. Era apenas un adolescente, lejos de su casa, de sus amigos y de buena parte de su familia. Jorge estaba con él. Años después, Lionel reconstruyó aquellos días y recordó incluso las lágrimas que ambos escondían para no preocupar al otro: "Mi viejo estuvo siempre al lado mío. Vivimos muchas cosas feas. Por ahí yo me encerraba a llorar solo en la pieza, o él lo mismo, sin que lo viera. Hacíamos que estábamos bien los dos, pero estábamos mal. Mi viejo me preguntó qué querés hacer, ¿querés seguir o nos volvemos? Yo quise seguir y él se quedó conmigo".
En esa decisión silenciosa hubo algo más que una apuesta deportiva. Hubo un padre que decidió acompañar a su hijo en un momento en el que todo podía salir mal. Y ese gesto terminó siendo una de las piedras fundacionales de la carrera de Lionel. La fama nunca pareció modificar demasiado la forma de ser de Lionel Messi. Su perfil bajo, su respeto, su vínculo con la familia y su manera de vivir el éxito lejos de los grandes estruendos son características que muchos atribuyen a su crianza. Leo también lo explicó."Ya desde desde mi casa [aprendí] el respeto, el trabajo, la humildad... mi viejo laburaba todo el día... y bueno uno va consumiendo y aprendiendo de todo".
Para Messi, esos valores no fueron una teoría. Fueron lo que vio todos los días. Vio a su padre trabajar. Vio a sus padres esforzarse para sostener a cuatro hijos. Vio a Jorge dejar un empleo y un lugar conocido para cruzar el océano. Vio cómo la familia se dividía físicamente para que él pudiera continuar persiguiendo un sueño. Y, cuando llegó el momento de convertirse en padre, intentó devolver todo aquello. "Soy buen padre porque tus viejos fueron buenos padres; yo siempre dije que soy como soy por lo que aprendí de chico". Y agregó: "Intento involucrar a mis hijos los valores que me enseñaron a mí de chiquito; soy como soy por lo que aprendí en mi casa y de mi viejo".

Quizás allí esté una de las formas más profundas de entender el legado de Jorge Messi. No solamente en los títulos que consiguió su hijo. Sino en la manera en que ese hijo decidió criar a los suyos. La carrera de Lionel también estuvo marcada por momentos de enorme presión. Derrotas con la Selección, críticas, cuestionamientos y comentarios que muchas veces excedieron los límites deportivos. Jorge los sufrió. Y Lionel lo sabía. "Mi familia sufría igual que yo o más; yo sabía que por dentro estaban sufriendo por las cosas injustas que se dijeron hacia mi persona". El padre, que durante años había evitado los micrófonos, cargaba con su propio dolor mientras intentaba proteger a su hijo.
Fue el escudo silencioso de una familia que atravesó las críticas desde una posición privilegiada hacia afuera, pero profundamente sensible hacia adentro. En los últimos tiempos, Lionel había dejado en claro que detrás del futbolista seguía existiendo aquel chico que ponía a su familia por encima de cualquier resultado. Después de uno de sus partidos en el Mundial 2026, cuando las lágrimas de Messi llamaron la atención del mundo, el capitán explicó que atravesaba días difíciles. "Es por una cuestión totalmente ajena a lo deportivo, pasé unos días difíciles, complicados. Estoy agradecido a toda la delegación, como siempre, al lado mío".
Y cuando Juan Pablo Sorín le preguntó por su familia, volvió a hablar desde ese lugar que siempre ocupó Jorge en su vida. "Sí, sí... La verdad que por la familia más que nada. Porque, bueno, siempre está ahí, siempre acompaña. Ahora estamos en un momento difícil. Así que se juntaron muchas cosas, pero obviamente también por ellos que es un grupo espectacular que me sostiene, me hace estar feliz". Días después, la familia informó que Jorge se encontraba bajo seguimiento médico y evolucionaba favorablemente dentro del cuadro que presentaba. Finalmente, la enfermedad pudo más. Jorge Messi fue representante.
Fue empresario. Fue negociador. Fue el hombre que estuvo detrás de los contratos y las decisiones comerciales de una de las figuras deportivas más importantes de la historia. Pero ninguna de esas facetas explica por completo quién fue. Porque antes de negociar con los gigantes del fútbol mundial, Jorge negociaba con las dificultades de la vida cotidiana. Antes de manejar la carrera del número 10, manejaba los horarios de una familia. Antes de viajar a los grandes escenarios del fútbol internacional, viajaba desde Rosario a Villa Constitución para trabajar.
Y antes de ser el padre del campeón del mundo, fue simplemente el padre de un chico al que veía poco porque tenía que trabajar. Lionel nunca olvidó esa historia. "La prioridad siempre es la la familia, lo más lo más importante, y amo el fútbol, me encanta, vivo para el fútbol, pero pero mi familia está por por encima de cualquier cosa". Jorge se fue en Rosario, la ciudad donde todo empezó. Dejó una familia, nietos, recuerdos y una historia que quedará inevitablemente ligada a la del hombre que llevó la camiseta número 10 hasta lugares que parecían imposibles. Su voz pública fue escasa. Eligió el silencio. Dejó que Lionel hablara en la cancha.

Pero detrás de cada gol, cada título y cada celebración hubo una presencia constante. Un padre que se levantaba a las cuatro de la mañana. Un padre que volvía a las nueve de la noche. Un padre que, cuando su hijo lo necesitó, dejó todo y cruzó el océano. Un padre que, cuando Lionel preguntó si debía volver a Rosario o quedarse, eligió quedarse. Y quizás por eso, cuando se repasa la vida de Lionel Messi, hay una frase que adquiere ahora un significado todavía más profundo: "Mi viejo estuvo siempre al lado mío". Hasta el final.

