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Economía frágil

Caputo flexibiliza los créditos en dólares mientras la mora se dispara: el Gobierno apuesta otra vez al mercado

El ministro de Economía anunció que los bancos podrán prestar hasta el 15% de sus depósitos en dólares a empresas que no necesariamente generen divisas.

Luis Caputo
Luis Caputo

El Gobierno de Javier Milei decidió abrir una nueva puerta al crédito en dólares justo cuando el sistema financiero enfrenta una de sus señales de alerta más incómodas: el fuerte crecimiento de la mora. El ministro de Economía, Luis Caputo, anunció este jueves una flexibilización para que los bancos puedan ampliar los préstamos en moneda estadounidense a empresas que hasta ahora no cumplían con los requisitos para acceder a ese financiamiento. La medida permitirá que las entidades presten hasta el 15% de sus depósitos en dólares, bajo un esquema que el funcionario definió como "macroprudencial".

El anuncio fue presentado como una herramienta para reactivar la economía, reducir costos financieros y estimular la inversión. Pero la decisión también abre interrogantes sobre los riesgos de ampliar el crédito en dólares en una economía que todavía tiene tasas en pesos elevadas, empresas con dificultades de rentabilidad y un nivel de mora que encendió las alarmas. "Es algo que nos venían pidiendo las industrias", aseguró Caputo durante una conferencia de prensa en la que estuvo acompañado por el viceministro de Economía, José Luis Daza, y el secretario de Finanzas, Federico Furiase.

Según el ministro, el objetivo es que la mayor disponibilidad de financiamiento permita "bajar las tasas, va a generar empleo y va ayudar a reactivar la economía". Hasta ahora, los bancos podían utilizar sus depósitos en dólares para prestarles principalmente a empresas que generaban divisas o contaban con garantías de compañías que las generaran. Eso cambiará. "Hoy estamos extendiendo a todas las empresas pero en un marco macroprudencial sobre el que el Banco Central va a estar sacando un comunicado", anticipó Caputo. Más tarde, precisó el límite: "Solo van a poder prestar los bancos hasta un 15% de los depósitos en dólares".

La medida será oficializada mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia que se publicará en el Boletín Oficial y estará acompañada por una adecuación de las normas prudenciales del Banco Central. El Gobierno apuesta a que el nuevo esquema impulse particularmente a sectores como la construcción y la industria automotriz. "Hoy es el timing apropiado", sostuvo Caputo. La explicación oficial apunta a que las tasas en pesos continúan siendo demasiado elevadas para determinados proyectos productivos y dificultan la rentabilidad de las inversiones: "Las tasas en pesos todavía son altas y hacen que para muchos los negocios le sean mas dificultosos de hacerlos rentables".

La otra pata de la estrategia oficial es intentar que los dólares que permanecen fuera del sistema financiero vuelvan a circular. Caputo vinculó la flexibilización del crédito con la llamada ley de Inocencia Fiscal y planteó que el objetivo es generar incentivos para que los ahorristas saquen sus dólares del colchón. "El objetivo es que las empresas tengan una opción de financiamiento a una tasa razonable y que el depositante tenga un interés que le justifique sacar los dólares del colchón", explicó.

Y profundizó: "El objetivo es que haya un mayor crédito, y para que haya un mayor crédito para mayor inversión, tiene que haber ahorros y ya están, pero están debajo del colchón". En paralelo, las empresas que accedan a estos préstamos deberán liquidar los dólares en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) y convertirlos en pesos. La apuesta oficial es que esa operatoria no genere un efecto multiplicador sobre la cantidad de dólares circulando y, al mismo tiempo, permita aumentar la oferta de divisas.

El anuncio llega, sin embargo, en un contexto que contradice parcialmente el optimismo oficial. La mora de los créditos al sector privado llegó al 7,7% en mayo, un nivel que evidencia las dificultades que atraviesan hogares y empresas para afrontar sus compromisos financieros. El propio Caputo reconoció que el Gobierno había advertido el problema. "Nosotros estamos preocupados desde el día uno, o te diría desde el día menos uno", afirmó.

Y recordó que había planteado la situación directamente ante los bancos: "Nos juntábamos con los bancos y les decía 'bueno, pero si están prestando a una tasa del 8% mensual y los sueldos crecen al 2,5%, va a estar bravo'". El diagnóstico oficial, entonces, parece reconocer una paradoja: mientras el Gobierno busca que haya más crédito para impulsar la actividad, una parte de quienes ya tomaron préstamos tiene dificultades para pagarlos. La respuesta, sin embargo, no será un salvataje estatal.

Caputo volvió a dejar en claro que el Gobierno no está dispuesto a utilizar recursos públicos para rescatar a los deudores ni a los bancos frente al deterioro de las carteras crediticias. "Algunos se enojan porque decimos que es un tema entre privados. No hay que confundir empatía con las políticas públicas", afirmó. El ministro aseguró que el Gobierno sí dialogó con las entidades para promover mecanismos de refinanciación: "Nosotros fuimos empáticos desde el día menos uno, porque nos vimos venir este tema y lo seguimos de recontracerca. Pero nosotros manejamos la plata de la gente, de los pagadores de impuestos".

Según Caputo, los bancos informaron que estaban refinanciando los créditos en mora a tres años, con tasas de entre el 20% y el 25%. "Esto no implica que se vaya a reflejar en los números inmediatamente", aclaró. El ministro explicó que el paso de una situación de mora a la regularización no es automático y puede demorar entre seis y doce meses. Es decir, el problema no desaparece porque el banco refinancie una deuda. Apenas comienza otro proceso.

La definición política de Caputo fue particularmente contundente al explicar por qué el Estado no intervendrá directamente. "Es algo dudoso, y en nuestro esquema la plata es finita, es la de los impuestos. En el esquema kirchnerista sí se podía imprimir infinita plata, pero sabemos cómo termina eso", sostuvo. Y resumió su posición: "La empatía está, y la responsabilidad por la política pública, también". El problema es que la misma lógica que el Gobierno utiliza para rechazar un rescate a quienes quedaron atrapados en préstamos caros convive con una política destinada a ampliar el acceso al crédito.

Lo cierto es que el discurso oficial descansa en que el crédito adicional permitirá financiar inversión productiva y generar actividad. El riesgo, en cambio, es que el financiamiento en dólares termine convirtiéndose en una nueva fuente de vulnerabilidad para empresas que no generan naturalmente ingresos en esa moneda. Durante la conferencia, Caputo también apuntó contra las tasas que cobran algunas billeteras virtuales. En otro tramo de la conferencia cuestionó los costos financieros totales de algunos créditos ofrecidos por esas plataformas. "Si están cobrando tasas del 700% y 400%, obviamente que son tasas abusivas", dijo.

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Y continuó: "Hoy no hay nada que les impide a ellos hacerlo, esa es la realidad". El ministro agregó: "No creo que puedan mantener un negocio cobrando tasas de ese tipo. Esos son sectores que apuntan al crecimiento y si vos apuntás a ese tipo, yo pensaría que estás en el negocio equivocado". Y volvió a encuadrar la discusión dentro de la lógica de mercado: "Es un tema entre privados y no creo que sea muy buen negocio para ellos si están haciendo estas cosas". 

La contradicción vuelve a aparecer: el Gobierno cuestiona las tasas consideradas abusivas, pero al mismo tiempo sostiene que se trata de relaciones entre privados en las que el Estado no debería intervenir directamente. La flexibilización de los créditos en dólares forma parte de una estrategia más amplia del Gobierno para intentar transformar los ahorros privados en financiamiento para la economía real. La apuesta es clara: que los dólares guardados vuelvan al circuito financiero, que los bancos presten más, que las empresas inviertan y que esa inversión se traduzca en producción y empleo.

El problema es que el escenario de partida no es precisamente cómodo. Las tasas en pesos siguen siendo altas, la actividad todavía enfrenta sectores con dificultades para recuperar rentabilidad y la mora alcanzó un nivel que obliga al sistema financiero a refinanciar deudas para evitar un deterioro todavía mayor. Caputo sostiene que el nuevo esquema permitirá "bajar las tasas" y "reactivar la economía". Pero la experiencia reciente también deja una advertencia: cuando el crédito crece más rápido que la capacidad de pago, el problema puede tardar varios meses en aparecer en las estadísticas.

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