En medio de las tensiones internas, las discusiones por los liderazgos y la necesidad de construir una alternativa política de cara a lo que viene, el peronismo vuelve a poner sobre la mesa la palabra unidad. Sin embargo, el desafío parece ir mucho más allá de juntar nombres bajo un mismo espacio: todavía quedan diferencias por saldar, estrategias por definir y, sobre todo, una autocrítica pendiente sobre los errores que alejaron al espacio de una parte de la sociedad.
En ese contexto, Leandro Santoro estuvo en Revueltos, el programa de Jorge Rial y Viviana Canosa en Carnaval, donde abrió el abanico de planteos que atraviesan hoy al peronismo y puso especial énfasis en una discusión que considera inevitable para pensar una reconstrucción política: la autocrítica.

Antes de meterse de lleno en la situación de la oposición, Santoro comenzó con una fuerte crítica a la dinámica del gobierno de Javier Milei. Según planteó, el mandatario delegó la economía en Luis "Toto" Caputo, la política en su hermana Karina Milei y concentró buena parte de su energía en la denominada "batalla cultural". En ese sentido, también cuestionó los días que el presidente pasó recluido en la Quinta de Olivos: "Lo que pasa es que es un presidente atípico en todo sentido", sostuvo.
Fue todavía más crítico al analizar el discurso oficial sobre la construcción de algo novedoso y aseguró que muchas de las recetas que hoy se presentan como nuevas ya fueron aplicadas en otros momentos de la historia argentina: "El que tiene más de 50 esto lo vimos dos o tres veces en el país".
La distancia que, según su mirada, existe entre Milei y distintos sectores de la sociedad fue otro de los puntos que puso sobre la mesa. Consultado sobre la manera en la que el libertario ejerce la Presidencia, enumeró algunos de los lugares que no formaron parte de su agenda: "No fue a ninguna provincia, no fue a ningún colegio público, no fue a una fábrica ni a un hospital. No hace las cosas que hace un presidente, no conecta con la sociedad".

Pero Santoro no dejó las críticas únicamente del lado del Gobierno. Al momento de analizar el presente de la oposición, cuestionó su funcionamiento colectivo y señaló una contradicción: mientras individualmente encuentra dirigentes lúcidos, considera que como conjunto no logra construir una respuesta acorde con los problemas cotidianos de la sociedad: "La gente está endeudada, no puede pagar una tarjeta de crédito, no le alcanza la guita, hay despidos; se junta la oposición, lo celebramos y lo primero que decís es 'vamos a ver cómo defendemos el esquema para defender los cargos'", cuestionó.
En esa línea, se refirió a su vínculo con otros referentes opositores y volvió sobre la dificultad de transformar las coincidencias individuales en una construcción colectiva. "Tengo buena relación porque es muy loco lo que pasa en Argentina", explicó, antes de profundizar: "Te da la sensación de que hay un problema de funcionamiento colectivo, estructural, porque después cuando hablás individualmente son personas lúcidas. Nadie que llega a nivel de gobernador o candidato a presidente o presidente de un bloque es un boludo".
Lejos de limitar el debate a conseguir una foto de unidad o resolver candidaturas, Santoro planteó la necesidad de revisar qué pasó, cuáles fueron las decisiones que desgastaron al espacio y qué aspectos deben modificarse para volver a construir una propuesta capaz de representar a sectores que alguna vez acompañaron al peronismo y hoy se encuentran alejados.

Para el dirigente, esa reconstrucción tampoco puede depender de una única figura ni de la idea de que existe un sector con todas las respuestas: "Las personas somos como somos, nadie la tiene tan clara como para saber qué hay que hacer. Lo que tenemos que tener es un proyecto de país", afirmó.
La discusión aparece, además, en un momento en el que la búsqueda de unidad convive con diferencias internas que todavía necesitan ser aceitadas. Para Santoro, el desafío no pasa solamente por ordenar la interna, sino por animarse a discutir hacia adentro qué se hizo mal y qué debe cambiar para que una eventual unidad no termine siendo únicamente electoral.
Desde esa perspectiva, fue un paso más allá y propuso una construcción que exceda incluso al propio peronismo: "La Argentina tiene una sola salida, que es construir un gobierno de unidad nacional. No veo a un partido político en condiciones de administrar las tensiones sociales que va a dejar Milei con las herramientas con las que va a contar".
Finalmente, defendió a la política como una herramienta esencial para transformar la realidad y planteó que recuperar la confianza social también exige modificar las formas en las que se construye el debate público. "Pedirle a la gente que crea en la política", expresó y, en esa misma línea, pidió mayor compromiso y una discusión menos atravesada por la confrontación permanente: "Hay que polarizar, hay que bajar la agresión".
Así, su paso por Revueltos dejó planteada una discusión que empieza a ganar terreno dentro del espacio: ¿puede el peronismo reconstruirse sin hacer primero una autocrítica profunda? Para Santoro, la unidad aparece como una condición necesaria, pero no suficiente: antes de pensar en nombres, candidaturas y armados electorales, el desafío será discutir qué errores llevaron al espacio hasta su situación actual y qué debe cambiar para volver a conectar con una parte de la sociedad.

