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Milei celebra con Fujimori en Perú mientras Lula lo ningunea en Brasil y Sheinbaum le exige respeto desde México

El presidente argentino busca una foto con presidentes ultraderechistas en Perú.

Javier Milei
Javier Milei

Javier Milei parece haber adoptado una estrategia diplomática de tierra arrasada: mientras dinamita los vínculos con las principales potencias de la región, busca consuelo en la formación de un "club de amigos de ultraderecha". En las últimas horas, el mandatario argentino aterrizó en Lima con un objetivo claro: celebrar la asunción de Keiko Fujimori y fantasear con un bloque ideológico que lo rescate del aislamiento internacional. Sin embargo, el mundo real le devolvió un cachetazo de realidad en forma de ironía brasileña y advertencias mexicanas.

Milei llegó a Perú con Karina Milei y el canciller Pablo Quirno para ser el invitado de honor en la jura de la líder de Fuerza Popular. En los pasillos de la Casa Rosada no ocultan el entusiasmo: quieren una foto que sea una señal política de "resurrección" de la derecha. El "Gabinete de Afines" que ya confirmó asistencia incluye a figuras como José Antonio Kast (Chile), Santiago Peña (Paraguay), Daniel Noboa (Ecuador) y Luis Abinader (República Dominicana), entre otros. El sueño libertario es crear una coordinación regional que ignore a los gigantes del continente.

Keiko Fujimori ganó las elecciones en Perú
Keiko Fujimori ganó las elecciones en Perú

A las 11 de la mañana, Keiko estará ya con la banda presidencial y jurando para todo el pueblo peruano. A las 12.45, en el Congreso de ese país, se finalizará con el trámite para que la hija de Alberto Fujimori asuma el poder. Cabe destacar que el presidente libertario será reconocido con el título de doctor honoris causa de la Universidad de San Martín de Porres donde además brindará un discurso alrededor de las 16 horas.

Pero mientras Milei se abraza con el fujimorismo, el motor de Sudamérica le dio la espalda de la forma más dolorosa: con la indiferencia. Tras los agravios de Milei en San Pablo, donde apoyó a Flávio Bolsonaro y llamó a Lula da Silva "ladrón" y "presidiario", la respuesta del líder del PT fue lapidaria. Cuando los periodistas le consultaron por los ataques del argentino, Lula ni siquiera se molestó en confrontar. Con una sonrisa ácida, lanzó la pregunta que humilló a la diplomacia nacional: "Quem é esse cara?", que traducido al español no es ni más ni menos que "Quién es ese tipo". 

En Brasilia la lectura es clara: Milei no es un actor independiente, sino un peón que busca expulsar a China de la región para entregar los recursos naturales como "patio trasero" de los intereses de Trump.

Como si el frente brasileño no fuera suficiente, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, también salió a marcarle la cancha al libertario tras sus delirios sobre una supuesta "campaña anti-Argentina" orquestada durante el Mundial. Sheinbaum no solo desmintió a Milei, sino que le lanzó una advertencia con guante de seda que sonó a amenaza soberana.

"Es falso. No hay ninguna campaña contra ningún país del mundo, ni contra ningún gobierno del mundo", sentenció la mandataria mexicana en su conferencia de prensa. Pero lo más duro vino después, cuando desnudó la hipocresía del discurso oficial argentino: "Aquí sí hay una campaña orquestada desde muchos lugares en contra de nuestro Gobierno, pero nosotros no acostumbramos a meternos con otros países". 

Para cerrar, Sheinbaum le recordó a Milei las reglas básicas de la convivencia internacional: "De nuevo. Autodeterminación de los pueblos y pedimos lo mismo. Respeto", dijo con tono serio en su tradicional conferencia de prensa.

Javier Milei, más aislado que nunca
Javier Milei, más aislado que nunca

El escenario es dantesco: Javier Milei viaja miles de kilómetros para sacarse fotos con sectores que, hoy por hoy, están en los márgenes del poder regional, mientras los presidentes de las economías más grandes de América Latina lo tratan como un ruido molesto o un vecino maleducado. El presidente de las fuerzas del cielo destruye lo que toca, y el mapa diplomático de la Argentina empieza a quedar pintado de un solo color: el de la soledad.

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