Europa atraviesa una de las peores crisis por incendios forestales de los últimos años. España y Francia concentran los focos más graves, con más de 119.000 hectáreas consumidas por el fuego y cerca de 330.000 personas evacuadas o desalojadas, mientras las autoridades advierten que la situación podría agravarse por una nueva ola de calor.
En España, las llamas ya devastaron unas 77.000 hectáreas. El incendio de Ávila, con alrededor de 50.000 hectáreas arrasadas, fue calificado por el Gobierno como el mayor incendio forestal de la historia reciente del país. Aunque las condiciones mejoraron durante las últimas horas, continúan activos varios focos y se mantiene el nivel de emergencia nacional.
Más de 100.000 personas fueron afectadas entre evacuaciones, desalojos y confinamientos. El presidente Pedro Sánchez anunció que las zonas castigadas serán declaradas de emergencia y confirmó el refuerzo del operativo con aviones enviados por Grecia, Italia y Turquía, además de efectivos portugueses. En Francia, el principal foco continúa en el departamento de Gironda, donde el fuego consumió unas 42.000 hectáreas y obligó a evacuar a 220.000 personas.
Los bomberos combaten un fenómeno conocido como "tormenta de fuego", que genera condiciones extremas y vuelve impredecible el avance de las llamas. Las autoridades advirtieron que la llegada de temperaturas cercanas a los 40 grados podría complicar aún más las tareas de extinción. El presidente Emmanuel Macron encabezará una reunión de crisis para coordinar la respuesta al mayor episodio de incendios registrado este año en Francia.
En la zona trabajan más de 2.500 bomberos, junto a 1.500 militares, 1.200 policías y un amplio despliegue aéreo. La emergencia también alcanzó al sur de Italia, donde más de 400 turistas fueron evacuados por mar debido a un incendio forestal en la costa de Puglia. Especialistas atribuyen la magnitud de los incendios a la combinación de sequía extrema y sucesivas olas de calor que afectan a Europa desde junio, un escenario agravado por el cambio climático que incrementa la inflamabilidad de los bosques y dificulta las tareas de control del fuego.