"Siempre es preferible decir una verdad incómoda que una mentira confortable", fue una de las primeras frases que pronunció Javier Milei en su tercer discurso como mandatario argentino ante la Asamblea de las Naciones Unidas (ONU). Si bien el presidente utilizó la reflexión para criticar al organismo internacional, la máxima también encajaría para el balance de su discurso y los últimos días en Estados Unidos.
Milei se enfrentó a un auditoria semi vacío, a contramano de las expectativas que generaban sus discursos al comienzo de su gestión, donde el mundo entero esperaba ver al experimento libertario y su oratoria cargada de disruptividad. De acuerdo a la poca cantidad de delegaciones que lo observaron y apuntalado en el fracaso económico de su gestión que es vox pópuli en todo occidente, esta tendencia se terminó.
Durante sus palabras, Milei intentó mezclar diversos ejes actuales y pasados, con un especial énfasis en la causa Malvinas y la soberanía nacional que parece haber conocido a partir de la bandera que sacaron los futbolistas argentinos tras la Semifinal del Mundial 2026 ganada a Inglaterra.
Las críticas, las amenazas, las demostraciones de fuerza políticas y militares que quiso exponer, sufren de muchas contradicciones. Por un lado, la empresa israelí Navitas Petroleum posee el 65% del proyecto Sea Lion, sin que esto perjudique la alianza diplomática que impulsa Milei con Israel. Por el otro, el respaldo que asegura el Gobierno nacional por parte del presidente estadounidense Donald Trump, se basa principalmente en exigir a los británicos más apoyo en el conflicto bélico con Irán.

La crítica que lanzó Milei contra la ONU tuvo dos ejes muy importantes en relación al pasado y al futuro: el manejo de la pandemia de Covid-19 y el enfoque en relación a la IA. Fue alrededor de esos momentos de su discurso que la cámara enfocó a la delegación argentina, compuesta por el ministro de Economía, Luis "Toto" Caputo, y el canciller Pablo Quirno, con las manos de ambos en postura de rezo. Los memes alrededor de que los dos estaban preocupados por el mono con navaja que es el presidente en la ONU, se masificaron rápidamente.
Marco Rubio y una atención de parado
Una de las escenas que mejor graficó el fracaso de la gira presidencial por la ONU fue la poca importancia que le dio la delegación estadounidense a la Argentina. Mientras que Trump sí se reunió con el premier británico, Andy Burnham, y sí habló del tema Malvinas con él -algo que refuerza la teoría de que usa a las Islas para negociar-, a Milei directamente lo esquivó, anoticiado del descenso de su imagen y el colapso económico de su plan.

Trump sólo habló con los líderes latinoamericanos unos pocos minutos, en un discurso breve que dio en el Escudo de las Américas. Allí sí mencionó a Milei, aunque no se quedó a hablar con él ni con ninguno de los otros. Fue una suerte de charla ordenadora de su "patio trasero", como identificó a Latinoamérica de manera pública.
Pero si había algo como para que esta falta de jerarquización hacia la delegación argentina fuera evidente, fue la manera en la que los atendió el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. El funcionario yanqui los recibió unos pocos minutos de parado y en un pasillo, aunque sí tuvo la elegancia de referirse a la reunión en un posteo que realizó en sus redes sociales.

"Me complace ver al Presidente de Argentina en Nueva York hoy. Nuestra relación bilateral es sólida, y nuestro hemisferio es más seguro gracias a nuestra estrecha cooperación en temas de energía, minerales críticos y agricultura", escribió Rubio, en un mensaje que le dio más importancia a los recursos naturales argentinos que a quien lleve adelante su política en el país.

