Hay momentos en los que una pregunta aparentemente cotidiana puede abrir una puerta inesperada. En una ciudad atravesada por la incertidumbre laboral, donde conseguir trabajo se volvió una preocupación para cientos de familias, Alejandra Triviño encontró una oportunidad casi por casualidad. No hubo una gran inversión ni un plan de negocios detrás: hubo necesidad, ganas de salir adelante y una clienta que un día hizo una pregunta.
A sus 32 años y con tres hijos, esta vecina del barrio Máximo Abásolo, en Comodoro Rivadavia, comenzó a construir desde su propia casa una alternativa para sumar ingresos a la economía familiar. Lo que hasta entonces hacía puertas adentro terminó convirtiéndose en un pequeño emprendimiento que, después de ganar visibilidad en las redes sociales, empezó a multiplicar sus pedidos.

BigBang habló con Alejandra para conocer en profundidad su historia, cómo nació su emprendimiento y, también, la realidad laboral que atraviesa una ciudad históricamente ligada al petróleo. Una crisis que excede al sector energético: durante 2026, la pérdida de puestos de trabajo y la reducción de la actividad comenzaron a sentirse también en el comercio, la construcción y otros sectores de Comodoro Rivadavia.
Antes de limpiar zapatillas para otras personas, Alejandra ya trabajaba con acolchados. Fue justamente una clienta la que, sin saberlo, terminó dándole la idea que después se transformaría en una nueva fuente de ingresos: "Empezó con el tema de que empecé a lavar acolchados y, justo, una señora me consultó si podía lavar zapatillas", recordó.
La respuesta fue inmediata. No tenía armado el servicio ni había pensado hasta ese momento en ofrecerlo como un trabajo, pero decidió intentarlo: "Dije: 'Bueno, sí, lavo zapatillas'. Después empecé a publicarlo por todas las redes, por mis redes y en grupos. Y ahí empezó a salir bastante lavado de zapatillas".

En realidad, limpiar calzado no era algo completamente nuevo para ella. Lo hacía habitualmente, aunque solamente para los integrantes de su familia. "Lavaba zapatillas, pero no para afuera, sino para adentro, para la familia nomás", explicó al recordar que nunca había considerado cobrar por esa tarea.
Todo cambió cuando su historia comenzó a circular por las redes. La difusión llevó su emprendimiento a personas que hasta ese momento no la conocían y el teléfono comenzó a llenarse de consultas: "Ayer me llegaron muchos mensajes. Hoy tengo muchos pedidos para ir a buscar o me vienen a dejar a casa, y sigo bastante", contó.
El trabajo lo realiza en su vivienda. Antes de intervenir cada par, investiga sus materiales para elegir la forma adecuada de limpiarlo, sacar manchas y eliminar malos olores sin arruinar las telas.
Actualmente cobra $8.000 por el lavado de cada par de zapatillas. Además, ofrece la posibilidad de retirarlas y entregarlas personalmente, con un adicional de $5.000 para la zona sur y $7.000 para la zona norte de Comodoro Rivadavia. Los clientes pueden encontrarla a través de distintas plataformas: "Por WhatsApp, por Facebook, por Instagram. Me contactan por varios lados, de todos lados".
La crisis petrolera que golpea a Comodoro Rivadavia
Pero detrás del emprendimiento también aparece una realidad mucho más amplia. Alejandra no estaba completamente desocupada cuando comenzó a lavar zapatillas: durante las mañanas trabaja realizando tareas de limpieza en una vivienda. Sin embargo, buscaba generar otro ingreso en un escenario económico y laboral que describe como cada vez más complicado.
Su percepción coincide con indicadores y testimonios que vienen mostrando el impacto de la retracción petrolera. Datos de la Secretaría de Trabajo de Chubut citados por medios locales señalaron que durante el primer cuatrimestre de 2026 unas 750 personas dejaron sus puestos mediante desvinculaciones acordadas, principalmente vinculadas a los yacimientos, un promedio de seis personas por día.
La crisis también comenzó a modificar otros sectores de la economía local. Comerciantes advirtieron por la caída de las ventas y su posible impacto sobre el empleo, mientras que distintos gremios señalaron que la menor actividad petrolera repercute sobre la circulación de dinero en toda la ciudad: "Yo trabajo por la mañana de limpieza en una casa. Acá en Comodoro está re mal porque el petróleo se fue. O sea, acá no hay nadie, se fueron todos a Neuquén y hay mucha gente que echaron", relató la entrevistada.

Ante la falta de oportunidades, aseguró que muchos vecinos tuvieron que buscar alternativas para sostener sus ingresos: "Entonces, están todos... o trabajan de Uber, o trabajan en limpieza o trabajan haciendo comida. Yo dije: 'Bueno, tengo que hacer algo que no hagan los demás'".
Para ella, encontrar una actividad diferente también fue una manera de intentar hacerse un lugar en un mercado donde cada vez más personas buscan generar sus propios ingresos: "Porque tenés mucha competencia hoy en día acá en Comodoro para trabajar. Y, bueno, salió esto de las zapatillas", resumió.
La situación del petróleo aparece una y otra vez en su relato. Durante septiembre, más de 700 trabajadores petroleros de empresas vinculadas a servicios de YPF habían quedado sin actividad tras la baja de equipos, mientras distintos conflictos empresariales y gremiales mantenían en alerta al sector: "Muy difícil acá, porque hay mucha gente que trabajaba en el petróleo acá en Comodoro y ya no... no hay laburo", aseguró Alejandra.
Tres hijos y el deseo de conseguir estabilidad
La historia detrás de cada par de zapatillas también es familiar. Alejandra tiene tres hijos y cada nuevo pedido representa un ingreso adicional para sostener su casa: "Tengo tres hijos: una de 17, otra de 11 y otro de 6", contó.
El emprendimiento no significa que haya abandonado la búsqueda de un empleo más estable. Por el contrario, detrás de su historia aparece una frustración: pese a haber estudiado y continuar capacitándose durante distintos momentos de su vida, siente que hoy las oportunidades laborales no acompañan esa formación: "Tengo estudios, pero, bueno, acá ya los estudios no valen mucho. O sea, hice muchas cosas. Yo tengo [inaudible] jurídico, administración contable, administrativo y secundario completo, obviamente", explicó.
Incluso comenzó una tecnicatura, pero tuvo que enfrentarse a una decisión que atraviesa a muchas personas cuando el dinero no alcanza y las horas del día tampoco: priorizar el trabajo: "Estaba haciendo una tecnicatura, pero acá ya no se puede, porque o trabajás o estudiás. Obviamente, ir a estudiar te toma mucho tiempo", lamentó.

Cuando se le preguntó si hoy las alternativas para una persona que no encuentra empleo en Comodoro pasan por emprender o pensar en marcharse, fue contundente: "Sí, es algo así, en realidad, acá en Comodoro".
El movimiento de trabajadores y familias también comenzó a sentirse en otros ámbitos de la ciudad. En septiembre, referentes del mercado inmobiliario local describieron una mayor disponibilidad de viviendas y una caída en los valores de alquiler asociada, entre otros factores, a la pérdida de empleos y la salida de familias de Comodoro.
Cuando Alejandra piensa en el futuro, su deseo tiene dos caminos posibles. Le gustaría que el lavado de zapatillas siga creciendo, pero también mantiene la esperanza de encontrar un trabajo que le permita alcanzar algo que considera fundamental para sus hijos: estabilidad y cobertura médica: "Ojalá que crezca más. O sea, si tiene que ser, que crezca más. Y si no, bueno, poder yo tener otro mejor laburo y una obra social, que es lo importante", expresó.
Y cuando se le preguntó por qué esa posibilidad ocupa un lugar tan importante entre sus objetivos, respondió sin vueltas: "Para mí es importante tener una obra social para mis hijos".
Mientras tanto, continúa levantándose, trabajando por la mañana, atendiendo mensajes, buscando zapatillas y limpiando cada par que llega hasta su casa. En una ciudad donde la crisis petrolera dejó de ser únicamente un problema de los yacimientos para trasladarse a los comercios, los alquileres y las economías familiares, historias como la de Alejandra muestran cómo el rebusque se convierte en una respuesta cotidiana frente a la falta de empleo.

Por eso, cuando piensa en quienes están atravesando una situación parecida a la suya, no promete fórmulas mágicas. Habla desde aquello que conoce: "Que hay que tener fe nomás. Que hay que tener fe y fuerza para poder buscar o ganársela y ver de dónde se puede sacar. Siempre hay que rebuscársela", sostuvo. Y cerró con una frase que resume tanto su emprendimiento como la realidad que describe en Comodoro Rivadavia: "Si no te la buscás y te quedás en la casa sentada, obviamente que no vas a salir, no vas a encontrar trabajo. No vienen a dártelo".
En medio de la crisis laboral y petrolera de Comodoro Rivadavia, Alejandra Triviño encontró en el lavado de zapatillas una manera de generar ingresos para sus tres hijos. Lo que empezó con la pregunta casual de una clienta hoy es un emprendimiento que busca crecer y, al mismo tiempo, el reflejo de una ciudad en la que muchas familias tuvieron que aprender a reinventarse para seguir adelante.

