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El escandaloso final del Aquarium de Mar del Plata: la polémica por la venta de cuatro pingüinos por US$40.000 para saldar deudas

El predio que durante más de tres décadas fue uno de los grandes atractivos turísticos de Mar del Plata quedó atrapado en una quiebra.

El final del Aquarium de Mar del Plata
El final del Aquarium de Mar del Plata

El lugar que durante años recibió familias, turistas y miles de visitantes frente al mar de Mar del Plata hoy parece atravesar una lenta agonía. El Aquarium cerró sus puertas definitivamente el 31 de marzo de 2025, pero su historia todavía no terminó. A casi un año y medio del cierre, sus instalaciones continúan albergando a decenas de animales y a los trabajadores que permanecieron para garantizar su cuidado. Sin ingresos por entradas y en medio de un proceso de quiebra, los costos de mantenerlos se volvieron una de las principales preocupaciones del expediente judicial. Y en ese contexto apareció una polémica posibilidad: la venta de cuatro pingüinos.

El final del Aquarium de Mar del Plata
El final del Aquarium de Mar del Plata

Según fuentes judiciales, los ejemplares de la especie saltarín fueron valuados en US$40.000. Se trata de los únicos animales del remanente del antiguo parque que recibieron hasta ahora una cotización económica formal dentro de la liquidación del patrimonio de Plunimar S.A., la empresa que administraba el complejo. La eventual operación, de todos modos, no sería sencilla. Al tratarse de animales que deberían ser trasladados al exterior, requeriría una compleja operatoria internacional y la intervención de acuarios o parques interesados. Pero mientras los papeles avanzan, los pingüinos siguen allí.

El Aquarium funcionó desde 1993 en un predio de nueve hectáreas ubicado en una de las zonas más privilegiadas de Mar del Plata, a metros del Faro de Punta Mogotes, frente al mar y con salida directa a la playa. Durante más de tres décadas fue parte del paisaje turístico de la ciudad. Hasta que llegó el cierre. La empresa que explotaba el parque y los propietarios del terreno no lograron alcanzar un acuerdo para continuar con el alquiler. A eso se sumó un pedido de quiebra que terminó llevando el caso a la Justicia Comercial. 

El contrato de alquiler había vencido en 2022 y los propietarios del predio, vinculados a la familia Peralta Ramos, habían decidido "destinar la propiedad a otros proyectos". El Aquarium dejó de funcionar, pero los animales no podían simplemente desaparecer. Y ahí comenzó otro problema. Según consta en el proceso, mantener las instalaciones y alimentar a los animales demanda más de $20 millones por mes, entre insumos y salarios. A eso se agregan deudas con exempleados, bancos, la empresa de electricidad y organismos de recaudación. Ya no hay visitantes que paguen una entrada, pero hay animales que comen todos los días.

Después de diferentes traslados, en el predio quedaron unas 59 aves marinas, principalmente pingüinos. La mayoría son ejemplares de pingüino magallánico. También permanecen dos pingüinos rey y un pequeño grupo de pingüinos saltarines. Unos 12 trabajadores continúan vinculados al lugar para mantener los hábitats, controlar el estado de los animales y garantizar su alimentación. La llamada "pingüinera" sigue funcionando. 

El final del Aquarium de Mar del Plata
El final del Aquarium de Mar del Plata

Se trata de un espacio amplio, con piedras, cuevas destinadas al refugio y reproducción y un estanque ubicado prácticamente frente al mar. Allí, quienes llevan años trabajando con las especies continúan llegando, revisando a los animales y llevando pescado fresco. Es una escena extraña: un parque sin público, sin espectáculos y sin actividad comercial, pero con empleados que siguen entrando cada día para cuidar a quienes quedaron atrás.

Muchos de esos trabajadores conocen a los animales desde hace años. Los alimentaron, los atendieron y siguieron su evolución durante buena parte de sus vidas. Por eso, el vínculo no es solamente laboral. Los animales que alguna vez fueron las grandes estrellas del Aquarium ya no están. Los diez delfines nariz de botella fueron vendidos a fines de 2025 por US$800.000 y trasladados a Egipto. El operativo implicó trasladarlos primero por tierra hasta Buenos Aires y luego en avión hasta Hurghada, junto al Mar Rojo. Algunos de sus cuidadores y entrenadores viajaron con ellos para acompañar el proceso de adaptación.

El dinero obtenido permitió afrontar parte de los costos de mantenimiento del parque y pagar salarios adeudados a trabajadores. También fueron reubicadas otras especies de peces y aves, en varios casos sin operaciones económicas. Y hace pocos meses llegó el turno de los últimos cuatro lobos marinos: Ciro, Joaco, Naza y Mía, que fueron trasladados a Mundo Marino, en San Clemente del Tuyú. Pero los pingüinos todavía esperan.

La posibilidad de vender animales no es nueva dentro del expediente. Durante el proceso aparecieron propuestas de distintos lugares del mundo. Hubo interesados de México, China e incluso del Zoológico de San Pablo, que buscaban adquirir la totalidad de los animales. Ninguna de esas operaciones llegó a concretarse. Ahora, en cambio, la sindicatura puso precio a cuatro ejemplares: US$40.000 por cuatro pingüinos.

El final del Aquarium de Mar del Plata
El final del Aquarium de Mar del Plata

La cifra forma parte de la liquidación del patrimonio de la sociedad quebrada, pero cualquier eventual venta requerirá cumplir con una serie de requisitos y autorizaciones internacionales. Mientras tanto, distintas organizaciones ambientalistas se manifestaron en contra de la comercialización de los animales y reclamaron que sean liberados. El problema es que los pingüinos que permanecen en el predio nacieron en cautiverio. Según explicaron oportunamente trabajadores y autoridades del Aquarium, no están preparados para sobrevivir por sus propios medios en el océano. Liberarlos podría significar condenarlos a la muerte. 

El cierre del Aquarium también significó el final del Centro de Rehabilitación de Fauna Marina, una institución que había atendido, recuperado y rehabilitado más de 5.500 animales. Allí la lógica era diferente. Los ejemplares rescatados llegaban, recibían atención, eran rehabilitados y, cuando estaban en condiciones, regresaban a su ambiente natural. El caso más emblemático fue el del tortugo Jorge, que llegó desde Mendoza y fue liberado frente a las costas marplatenses. Le colocaron un dispositivo de monitoreo satelital y pudieron seguir su recorrido hasta las playas del norte de Brasil. Jorge pudo volver al mar.

Los pingüinos del Aquarium, en cambio, no tienen esa posibilidad. Mientras los animales esperan, los propietarios del terreno también aguardan la restitución de las nueve hectáreas. El lugar, ubicado en una zona privilegiada del sur marplatense, podría ser destinado a un proyecto inmobiliario de gran escala. El contraste es difícil de ignorar: donde durante 32 años hubo familias, turistas, espectáculos y animales que eran parte de la identidad turística de la ciudad, ahora quedan instalaciones vacías, deudas y una población de aves esperando que alguien decida qué será de ellas. 

El final del Aquarium de Mar del Plata
El final del Aquarium de Mar del Plata

El proceso de quiebra se tramita ante el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Comercial N°20 de Capital Federal, a cargo de Eduardo Malde. Allí se dispuso la quiebra de Plunimar S.A. y se designó a la síndica Andrea Hoof para intervenir en el proceso. La funcionaria ya recorrió las instalaciones, realizó un inventario de los bienes existentes y analizó alternativas para liquidarlos y afrontar las obligaciones pendientes. Pero hay algo más importante: los animales.

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