17 Abril de 2026 11:00
El silencio pesa. Y en River, hoy, ese silencio empieza a hacer ruido. Lo que comenzó como una denuncia judicial se transformó en un foco de tensión que atraviesa al club desde adentro. Una empleada acusó al jefe de Seguridad por presunto abuso sexual y la causa ya tramita en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 45. Pero más allá del expediente, lo que inquieta es lo que ocurre -o no ocurre- dentro de la institución. La vicepresidenta del "Centro de Integración Riverplatense", Mónica Ernitz, habló en el programa Contando los días de Splendid AM 990: "La involucrada sería una empleada del club, del área de seguridad".

Y fue más allá, marcando un punto clave en medio de la incertidumbre: "Hay un gran hermetismo". El caso no es nuevo para quienes siguen de cerca la política interna del club. Según Ernitz, el hecho es conocido "desde la semana pasada". Sin embargo, la reacción institucional no llegó. El 13 de abril, un grupo de socios presentó una nota formal dirigida al presidente Stefano Di Carlo exigiendo explicaciones urgentes. Hasta ahora, no hubo respuesta.
Ese vacío es, justamente, el centro del conflicto. "Desconozco si se aplicó el protocolo", señaló Ernitz, en referencia a las herramientas internas previstas para abordar situaciones de violencia de género. Si existió una denuncia, ¿por qué no hay información clara sobre los mecanismos activados? En ese mismo sentido, la dirigente opositora intentó ampliar el foco del debate: "No es sólo un tema de mujeres".
La frase apunta a una dimensión más profunda: la responsabilidad institucional frente a un hecho que involucra a empleados del club y que ya está bajo investigación judicial. Mientras tanto, puertas adentro, comienzan a circular versiones que tensan aún más el escenario. Desde sectores cercanos a la dirigencia dejaron trascender que la denunciante había sido cuestionada previamente por reclamos de socios y que incluso se le habría anticipado una posible sanción disciplinaria.

Según esa línea, el episodio denunciado podría haber sido "un gesto al finalizar un partido". Pero esa interpretación choca con la intervención de la Justicia, que investiga el hecho bajo la carátula de abuso sexual. Y también con la creciente presión externa para que el caso no sea minimizado. El reclamo de los socios fue contundente. En el documento presentado exigieron saber, "con carácter de URGENTE", si el club tomó conocimiento del hecho, si activó el protocolo correspondiente, si el acusado ocupa un cargo jerárquico y si existen actuaciones judiciales en curso. La enumeración no deja margen para ambigüedades: lo que se pide es claridad.

Sin embargo, la respuesta sigue siendo el silencio. Esa estrategia, lejos de contener la crisis, la amplifica. Porque en un contexto donde las denuncias por violencia requieren respuestas rápidas y transparentes, la falta de comunicación abre espacio a la sospecha. Y cuando las versiones internas empiezan a relativizar los hechos, el riesgo es aún mayor. El caso ya está en manos de la Justicia. Pero la dimensión institucional recién empieza a desplegarse.

