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Fue algo diferente

Canadá le puso alma al Mundial 2026: pueblos originarios, ballenas gigantes y algunas fallas técnicas marcaron la inauguración

La Copa del Mundo vivió su segunda gran ceremonia de apertura en Toronto, que tuvo algunos desperfectos.

Canadá le puso alma al Mundial 2026
Canadá le puso alma al Mundial 2026

La Copa del Mundo 2026 ya está en marcha y, después del show multitudinario que encabezó Shakira en el Estadio Azteca de Ciudad de México, todas las miradas se trasladaron hacia Canadá. Allí, en el BMO Field de Toronto, el país anfitrión protagonizó una ceremonia de apertura completamente diferente, menos enfocada en el impacto visual y más conectada con su historia, su diversidad y sus raíces. Michael Bublé formó parte del show musical del final con el que Canadá le dio la bienvenida al mundo durante la ceremonia de apertura del Mundial 2026. Lo hizo durante el desfile de banderas, minutos antes del encuentro entre Canadá y Bosnia. 

Noventa minutos antes del debut de la selección canadiense frente a Bosnia y Herzegovina, el estadio comenzó a transformarse en un enorme escenario cultural que buscó responder una pregunta simple: ¿quién es Canadá? La respuesta llegó a través de la música, la naturaleza, los símbolos nacionales y, sobre todo, mediante un emotivo homenaje a los pueblos originarios que habitan ese territorio desde mucho antes de la llegada de los colonizadores europeos.

El espectáculo arrancó alrededor de una gigantesca representación dorada de la Copa del Mundo. Allí apareció el cantante William Prince, una de las figuras más representativas de las Primeras Naciones, acompañado por una niña que sostenía el balón que minutos más tarde comenzaría a rodar sobre el césped. Fue una imagen cargada de simbolismo: pasado, presente y futuro unidos por el fútbol. 

A diferencia de otras ceremonias deportivas donde las culturas indígenas suelen ocupar un lugar secundario, la producción decidió convertirlas en protagonistas absolutas de la historia. Vestimentas ceremoniales, pinturas tradicionales, tambores ancestrales y danzas cargadas de significado marcaron uno de los momentos más emotivos de la jornada. La puesta en escena estuvo acompañada por una escenografía impactante. 

Canadá le puso alma al Mundial 2026
Canadá le puso alma al Mundial 2026

Una enorme ballena azul recorrió parte del estadio, representando la estrecha relación de Canadá con sus océanos y su biodiversidad. También aparecieron figuras gigantes de osos polares y ciervos, elementos que reforzaron la conexión del país con la naturaleza. En medio de ese paisaje visual irrumpió Alessia Cara, una de las voces más reconocidas de la música canadiense actual. Rodeada por las enormes figuras animales y sobre una inmensa alfombra roja que cubría el campo de juego, la cantante ofreció una actuación que dio paso a uno de los momentos más espectaculares de la noche: el encendido de bengalas desde el centro de la plataforma principal.

Canadá le puso alma al Mundial 2026
Canadá le puso alma al Mundial 2026

Luego fue el turno de Nora Fatehi, Sanjoy y Vegedream, quienes aportaron ritmos más internacionales a una ceremonia pensada para reflejar la diversidad cultural del país. Más tarde llegaron Jessie Reyez y Elyanna, que cambiaron el clima con una propuesta más cercana al pop contemporáneo. Durante su actuación desplegaron una gigantesca hoja de maple, el símbolo más emblemático de la bandera canadiense, que rápidamente se convirtió en una de las imágenes más compartidas de la noche. 

La ceremonia también sirvió para exhibir una de las características que Canadá más valora de sí mismo: su multiculturalismo. Lo cierto es que la ceremonia también evidenció algunas fallas técnicas. No pudieron desplegar la Copa del Mundo gigante porque el mecanismo de inflado falló. Como consecuerncia, la copa estuvo pocos segundos en pantalla y fue retirada por el mimso lugar que apareció. Al mismo tiempo, el estadio se mantuvo semivacío en todo momento. 

Sobre el escenario convivieron artistas con raíces indígenas, europeas, africanas, asiáticas, árabes y latinoamericanas, una representación fiel de la composición social del país. El cierre estuvo a cargo del actor y comediante Will Arnett, embajador oficial del Mundial, quien fue el encargado de dar la bienvenida a las 48 selecciones participantes. En uno de los momentos más simbólicos de la ceremonia, las banderas de todos los países ingresaron al estadio sobre una plataforma que simulaba un planisferio, reforzando la idea de una Copa del Mundo que reúne culturas de todos los rincones del planeta. La ceremonia de Toronto contrastó deliberadamente con la realizada un día antes en México. Mientras el Estadio Azteca apostó por la espectacularidad -o la falta de ella- y el impacto global de una estrella como Shakira, Canadá eligió contar su propia historia. Y lo hizo a través de símbolos que hablan de su identidad: la hoja de maple, los océanos, la naturaleza salvaje y las comunidades originarias.

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