30 Marzo de 2026 14:27
El mercado laboral argentino atraviesa una de sus etapas más críticas de las últimas décadas. Con salarios que pierden poder adquisitivo a un ritmo sostenido y un empleo formal en retroceso, los datos más recientes configuran un escenario que remite a los peores momentos de la historia económica reciente. Según un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, entre noviembre de 2023 y febrero de 2026 el salario mínimo real acumuló una caída cercana al 38%, con un descenso adicional del 9% durante 2025. La magnitud del derrumbe no solo es significativa en términos contemporáneos: el ingreso mínimo se ubica hoy por debajo de los niveles previos a la crisis de 2001 en Argentina.

El deterioro no es un fenómeno aislado ni reciente. El informe señala que en diciembre de 2023 comenzó una fase de contracción abrupta del salario real, con una caída del 15% impulsada por la aceleración inflacionaria, seguida por otro desplome del 17% en enero de 2024. Desde entonces, la recuperación nunca logró consolidarse: incluso en los meses donde los ingresos acompañaron la inflación, el daño acumulado ya era profundo.
La tendencia se agravó en los últimos meses. Solo en febrero de 2026, el salario mínimo perdió otro 2% de su poder adquisitivo, sumándose a siete meses consecutivos de retroceso. En términos históricos, el dato resulta aún más contundente: el salario actual equivale a apenas un tercio del valor máximo registrado en septiembre de 2011, con una caída del 65% respecto de aquel pico. Este proceso no ocurre en el vacío.
En paralelo, el empleo formal también evidencia señales alarmantes. De acuerdo con los registros del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), en diciembre de 2025 había poco más de 10 millones de trabajadores asalariados registrados, un nivel similar al de mediados de 2022 y muy lejos de cualquier expectativa de expansión. Más preocupante aún es la tendencia: el empleo formal acumula ocho meses consecutivos de caída. En la comparación interanual, se perdieron 109 mil puestos de trabajo (-1,1%), mientras que desde noviembre de 2023 la destrucción asciende a 289 mil empleos (-2,8%).

La dinámica territorial refuerza el diagnóstico de crisis. La caída del empleo se extendió a 14 provincias, con los descensos más pronunciados en San Luis, Chaco y Catamarca. Sin embargo, el impacto no fue homogéneo: las provincias de Buenos Aires y Córdoba concentraron el 57% y el 18% de la pérdida de empleo privado formal, respectivamente, lo que evidencia un deterioro particularmente fuerte en los principales motores productivos del país. Aunque algunas jurisdicciones -como Corrientes, Neuquén y Formosa- registraron leves mejoras, el balance general es negativo y confirma un proceso de contracción extendido.

Detrás de los números emerge una problemática estructural: la incapacidad del ingreso para seguir el ritmo de los precios. "En todos estos meses los incrementos del salario mínimo nominal resultaron inferiores a la variación de precios", advierte el informe, lo que explica la persistencia de la caída real incluso en contextos de ajustes periódicos. El resultado es un mercado laboral que combina pérdida de empleo, caída del salario y creciente fragilidad social. Lejos de tratarse de una transición hacia un modelo más dinámico, los indicadores muestran un retroceso que erosiona tanto el poder de compra como la estabilidad laboral.

