El Gobierno de Javier Milei encontró este jueves un nuevo motivo para exhibir como éxito de gestión. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que la inflación de mayo fue de 2,1%, una cifra que marcó una desaceleración respecto al 2,6% registrado en abril y que se ubicó entre las más bajas de los últimos meses. Con este resultado, el Índice de Precios al Consumidor acumuló una suba de 14,7% en los primeros cinco meses de 2026 y una variación interanual de 33,2%.

La noticia fue rápidamente celebrada por el oficialismo, que desde hace meses ubica la desaceleración inflacionaria como el principal argumento para defender su programa económico. El propio presidente Javier Milei había anticipado días atrás que "la inflación retorna a su sendero descendente como consecuencia de todo el trabajo previo que habíamos hecho". "Es decir, todo sucedió debido a los fundamentos sólidos del programa que les expliqué el año pasado. Porque si no hubiéramos hecho el ajuste más grande de la historia, pagando la deuda al contado y recapitalizando el Banco Central, hoy la historia sería otra", había dicho el mandatario en el IAEF.
Sin embargo, detrás de la mejora estadística aparece una realidad más compleja que relativiza el optimismo oficial. La desaceleración de los precios ocurre en un contexto de fuerte deterioro del consumo, salarios que todavía no logran recomponerse y una actividad económica que continúa mostrando señales de fragilidad. De hecho, el propio ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció recientemente una de las principales dificultades del programa económico cuando afirmó que el salario todavía "tiene que recuperar".

Tras la aceleración inflacionaria registrada entre fines de 2025 y el primer trimestre de este año, los ingresos de los trabajadores vienen perdiendo contra los precios desde hace siete meses consecutivos, una situación que impacta directamente sobre el consumo y el nivel de actividad. La desaceleración de mayo también estuvo sostenida por factores específicos que difícilmente puedan considerarse estructurales. Entre ellos aparece la decisión oficial de contener aumentos en combustibles mediante el denominado "buffer" aplicado por YPF para evitar que la crisis internacional derivada de los conflictos en Medio Oriente impactara plenamente en los surtidores argentinos.
A eso se sumó la decisión de absorber parte del mayor costo de las importaciones de gas natural licuado durante el invierno y una moderación transitoria en algunos rubros de alimentos. En otras palabras, parte de la desaceleración no se explica exclusivamente por una reducción genuina de las tensiones inflacionarias sino también por mecanismos de contención impulsados desde el propio Estado. El informe del INDEC muestra además que los aumentos continúan golpeando áreas sensibles para los hogares. La división Comunicación encabezó las subas con un 3,4%, impulsada por los servicios de telefonía, mientras que Educación avanzó 2,9%.
Los alimentos y bebidas no alcohólicas, uno de los rubros que más impacta sobre los sectores populares, aumentaron 2,5%, por encima del promedio general del índice. Panificados, cereales y productos lácteos volvieron a ubicarse entre los principales motores de la inflación mensual. Al mismo tiempo, los precios regulados crecieron 2,4%, impulsados por combustibles, electricidad y agua. Mientras tanto, el IPC Núcleo -considerado uno de los indicadores más relevantes para medir la tendencia inflacionaria de fondo- mostró una suba de 1,9%, logrando perforar por primera vez en varios meses el piso del 2%.

Pese a estos resultados, el propio mercado mantiene cierta cautela. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central prevé que la inflación continúe descendiendo durante los próximos meses y calcula un acumulado anual de 30,5% para 2026. Sin embargo, ese número sigue muy lejos de las previsiones oficiales que habían sido incorporadas al proyecto de Presupuesto y que apuntaban a una inflación del 10,1% para este año. La diferencia evidencia que incluso los analistas más optimistas consideran improbable que el Gobierno alcance sus metas originales.

A las dudas económicas se suman además cuestionamientos metodológicos. En su último informe técnico sobre la Argentina, el Fondo Monetario Internacional advirtió que la canasta utilizada para calcular el Índice de Precios al Consumidor se encuentra desactualizada. "La prolongada demora en la actualización del IPC ha dejado la metodología desactualizada y menos representativa de la actual canasta de consumo", señaló el organismo. La observación no implica necesariamente que los datos estén manipulados, pero sí plantea interrogantes sobre la capacidad del indicador para reflejar con precisión los hábitos de consumo actuales de los hogares argentinos.

