Bajo el frío gélido de la noche tucumana, allí donde se fundó la identidad argentina, Javier Milei se prepara para un acto que roza lo litúrgico. En la Casa Histórica de Tucumán, el Presidente buscará escenificar una nueva "unión" con los señores feudales de las provincias, en una vigilia que buscará mostrar la fuerza política que celebra la fundación de la patria. Entre las paredes que guardan el eco de 1816, el presidente de las fuerzas del cielo fingir demencia y negar las resistencias para pavimentar su único y oscuro deseo: la reelección en 2027.

En un escenario de lealtades líquidas, trece gobernadores decidieron cruzar el umbral de la Casa Histórica para ofrendar su presencia ante los hermanos Milei. Este es el listado de los mandatarios que darán el presente en la medianoche tucumana:
- Osvaldo Jaldo (Tucumán - El anfitrión y principal aliado táctico)
- Raúl Jalil (Catamarca)
- Ignacio Torres (Chubut)
- Leandro Zdero (Chaco)
- Juan Pablo Valdés (Corrientes)
- Rogelio Frigerio (Entre Ríos)
- Carlos Sadir (Jujuy)
- Alfredo Cornejo (Mendoza)
- Rolando Figueroa (Neuquén)
- Gustavo Sáenz (Salta)
- Marcelo Orrego (San Juan)
- Claudio Vidal (Santa Cruz)
- Elías Suárez (Santiago del Estero - En representación de la provincia)

Sin embargo, el altar de Milei no estará completo. Un grupo de gobernadores decidió refugiarse en sus propios territorios, esgrimiendo excusas protocolares para evitar la foto con el libertario:
- Maximiliano Pullaro (Santa Fe). Prefirió el refugio de la ciudad de Rafaela, donde encabezará su propio acto oficial, lejos del aura presidencial.
- Martín Llaryora (Córdoba). El cordobés alegó una agenda cargada que incluye una gala nocturna y un desfile militar en Río Cuarto. Una forma elegante de no ceder el protagonismo.
- Alberto Weretilneck (Río Negro). Se excusó en "compromisos en el interior de su provincia", una geografía que hoy le resulta más segura que el jardín de la República.
- El bloque del rechazo. Axel Kicillof (Buenos Aires), Ricardo Quintela (La Rioja), Gustavo Melella (Tierra del Fuego), Sergio Ziliotto (La Pampa) y Gildo Insfrán (Formosa) se mantienen en la vereda de enfrente, sin invitación -y tal vez sin deseo- para participar en lo que consideran una entrega de soberanía.
Si el clima exterior es helado, dentro del poder la temperatura es bajo cero. La presencia de Victoria Villarruel en Tucumán es un recordatorio constante de la fractura en la cúspide del Ejecutivo. Invitada por Jaldo —quien sabe que el Senado es el último bastión de las provincias—, la Vicepresidenta llega en medio de una tensión que ya no se oculta.

El recuerdo del último 20 de junio en Rosario todavía escuece: Milei evitó saludarla y ella le dio la espalda durante el Himno. En Tucumán, el fantasma de esa desconfianza sobrevolará la Casa Histórica, repitiendo una dinámica de poder donde el Presidente y su segunda parecen habitar realidades paralelas, unidos solo por la formalidad de un cargo que hoy los separa más que nunca.
En las penumbras de la negociación política, emerge la figura de Diego Santilli, el flamante Jefe de Gabinete que tiene una misión única: entregarle a los hermanos Milei la cabeza de las PASO. La presencia de los gobernadores en Tucumán es la moneda de cambio que Santilli debe administrar para avanzar en la reforma electoral.

La obsesión de Javier Milei es clara y lúgubre a la vez: eliminar las primarias o, en su defecto, revivir las "colectoras"; palabras más, palabras menos, el objetivo no es la transparencia, sino asegurar que en 2027 no haya obstáculos para su permanencia. En Tucumán, entre inciensos patrios y discursos de libertad, lo que realmente se está negociando es el diseño de un sistema electoral a medida, donde el presidente de las fuerzas del cielo pueda digitar los destinos de la Argentina.

