28 Mayo de 2026 13:42
En Tucumán, tierra de empanadas, la política encontró una nueva forma de expresión: el cabezazo. Sí, señores, el "ancazo" —como se le dice en la jerga local— pasó de ser un movimiento de defensa en partidos de fútbol amateur a convertirse en una herramienta de debate político. Y no cualquier debate, sino uno que involucra a figuras de peso como el diputado libertario Federico Pelli y el peronista Marcelo "Pichón" Segura.
Pero la novedad que tiene a los libertarios al borde de un colapso emocional es que Segura, quien hace unos meses le propinó un cabezazo digno a Pelli, saldrá en libertad condicional tras llegar a un acuerdo judicial. La sentencia final fue de tres años de condena condicional y un curso de manejo de ira.

Los libertarios, esos paladines de la libertad que no dudan en reprimir jubilados los miércoles y desfinanciar áreas sensibles como educación y salud pública, están poniendo el grito en el cielo en las tierras de Mercedes Sosa. Es que parece que el "ancazo" de Segura les ofende más que los recortes presupuestarios que afectan a miles.
"Me siento defraudado con el sistema de justicia en Tucumán", declaró Pelli, con la nariz todavía resentida y una indignación tan selectiva que hace pensar que el verdadero problema no es el cabezazo, sino quién lo da.

Lisandro Catalán, exministro y referente libertario, no se quedó atrás y lanzó su propio veneno en redes sociales: "Esto es Tucumán hoy: impunidad, decadencia, desidia entre otras muchas cosas. Pichón Segura, un puntero político vinculado al poder ejecutivo provincial queda libre después de haberle partido la nariz cobardemente a un diputado nacional. No fue un hecho aislado. Es la forma en la que opera un sistema político decadente que cree que está por encima de la ley. Contra esto es lo que peleamos".
Curioso que la indignación libertaria se concentre en un cabezazo y no en las escenas dignas de un documental de guerra -tal como el disparo a la cabeza de Pablo Grillo- que se ven en los últimos años de gobierno libertario.

La historia tenía un final anunciado: el peronista que se sacó de la peor manera ante la actitud pedante del libertario permaneció tras las rejas durante dos meses y, a su salida, los libertarios despotricando. Al parecer, cuando los abuelos son desalojados violentamente por reclamar su derecho a una jubilación digna, parece que nadie tiene tiempo para escribir tuits incendiarios o dar entrevistas indignadas en los medios de comunicación.

