27 Mayo de 2026 13:40
En el teatro de la política libertaria argentina, el drama nunca falta. Esta vez, los protagonistas son Federico Sturzenegger, ministro de Transformación y Desregulación del Estado, y Manuel Adorni, jefe de gabinete bajo la administración de Javier Milei que hablaron del mismo tema aunque en diferentes ocasiones.
Entre lágrimas y pasaportes, ambos funcionarios compartieron sus "desgarradoras" historias familiares que, según ellos, reflejan el renacer de una Argentina que invita a sus hijos a volver. Sin embargo, mientras ellos lloran de emoción por estos "regresos triunfales", la realidad para miles de jóvenes argentinos parece ser otra: una donde el futuro está hipotecado y la independencia es un lujo inalcanzable.

Desde la lejana Viena, en un evento internacional donde defendió a capa y espada la Ley Hojarasca, Sturzenegger decidió abrir su corazón al mundo. Con una voz quebrada por la emoción, confesó: "Si Argentina hubiera continuado por el camino que veníamos con el gobierno anterior, yo les habría pedido a mis hijos que se fueran. Mis hijos ahora están volviendo, es la cosa más asombrosa que puede pasar".
Y como si no fuera suficiente, añadió con un énfasis casi teatral: "Eso es lo más increíble que estamos haciendo. Lamento ponerme sensible pero lo siento muy cerca pero lo siento muy cercano. Lo único que quiero es crecer con mis hijos cerca y cerca de mi familia y eso es lo que los argentinos están perdiendo".
Por supuesto, las lágrimas no faltaron. Lo cierto es que Sturzenegger dejó en claro que su felicidad radica en ver a sus hijos regresar al país gracias a las reformas económicas que él mismo impulsa. Reformas que, según su relato, transforman a Argentina en una tierra prometida para las nuevas generaciones.
Pero Sturzenegger no está solo en esta epopeya familiar. Meses atrás, Manuel Adorni ya había dado pistas de este guion: "Yo siempre cuento la historia de la ciudadanía italiana... Yo era un obsesivo de sacarle la ciudadanía italiana a mis nenes, un obsesivo", confesó en un tono que oscilaba entre la nostalgia y el alivio.

Según Adorni, la crisis estructural del país lo llevó a buscar desesperadamente alternativas para sus hijos en el exterior. Pero, al igual que Sturzenegger, aseguró que todo cambió con el nuevo gobierno con la férrea idea de que sus hijos abandonaran el país quedó totalmente desactivado y ahora su deseo real es que se queden a vivir y desarrollarse en la Argentina... ese país para unos pocos.
Así, ambos funcionarios nos pintan un cuadro idílico: una Argentina renacida donde los hijos vuelven al hogar y las familias se reúnen en un abrazo interminable. Pero mientras ellos celebran este supuesto milagro económico con discursos lacrimógenos y anécdotas familiares, la realidad golpea con fuerza a quienes no tienen la suerte de ser parte de sus selectos círculos.
Mientras Sturzenegger y Adorni se regocijan en su narrativa personal, cuatro de cada diez jóvenes argentinos entre 25 y 35 años no logran independizarse y continúan viviendo con sus padres. Según datos de la Fundación Tejido Urbano y declaraciones de la politóloga María Migliore, esta situación responde a una combinación mortal de salarios insuficientes, alquileres desorbitados y una falta total de acceso a créditos hipotecarios.
En Buenos Aires, por ejemplo, el alquiler mensual de un monoambiente ya supera los $500.000 a comienzos de 2026, mientras que el salario promedio para un joven apenas alcanza los $900.000. Esto significa destinar más del 50% del ingreso mensual solo para tener un techo bajo el cual dormir. ¿Y qué queda para comer? ¿Para ahorrar? ¿Para vivir? La respuesta es simple: absolutamente nada.

Además, conseguir un contrato de alquiler se convierte en una odisea burocrática por la falta de trabajo formal que impide cumplir con los requisitos básicos, como depósitos de garantía o garantes solventes. En este contexto, muchos jóvenes terminan volviendo al hogar familiar o postergando indefinidamente su independencia.
Es irónico que Sturzenegger haya elegido Viena como escenario para su desgarrador discurso sobre el regreso de sus hijos: es que en la capital austríaca, el Estado controla el 60% del mercado inmobiliario y ofrece viviendas asequibles para jóvenes mediante subsidios y políticas públicas efectivas.

En Argentina, en cambio, las nuevas generaciones enfrentan un mercado inmobiliario diseñado para excluirlas; las construcciones recientes están destinadas casi exclusivamente a sectores de altos ingresos, dejando fuera a la clase media y a quienes comienzan sus vidas laborales.
"Independizarse era una etapa normal en la vida, pero hoy se está volviendo un privilegio", señaló Migliore en una entrevista reciente para Infobae. Y es que mientras en otros países se reconoce el acceso a la vivienda como una necesidad básica, en Argentina parece haberse convertido en un lujo al alcance de pocos.

Es conmovedor imaginar a los hijos de Federico Sturzenegger y Manuel Adorni volviendo al país con las valijas llenas de sueños europeos y abrazando a sus padres entre llantos desconsolados... Pero esta imagen choca a 120km por hora con la realidad de millones de jóvenes argentinos que ni siquiera pueden soñar con independizarse... Argentina es un país generoso, sólo para unos pocos.