por Alejo Paredes
14 Mayo de 2026 13:09
La Argentina volvió a quedar expuesta en un ranking que preocupa al mundo empresario. Según el Índice Global de Complejidad Corporativa 2026 elaborado por TMF Group, el país escaló hasta el noveno puesto -de los 81 países más complejos del mundo para operar- entre las economías más difíciles para hacer negocios, una radiografía que combina presión tributaria, burocracia, cambios regulatorios constantes y falta de previsibilidad. El dato no sorprende, pero vuelve a poner sobre la mesa una discusión estructural: por qué el país sigue atrapado en un esquema de alta presión tributaria, burocracia crónica e inestabilidad que desalienta inversiones.

Para el contador tributario Guillermo Poch, el problema no puede analizarse de manera aislada. La raíz, sostiene, está en un Estado que gasta más de lo que su economía puede sostener y que, frente a esa tensión, responde con más impuestos, más controles y más regulaciones. "Argentina, aparte de una presunción que ahora se está intentando cambiar, de que hay demasiada informalidad, y eso lleva a querer establecer demasiados controles para evitar esa informalidad. Entonces, todo el marco regulatorio intenta establecer controles, porque se parte del supuesto que toda la gente está evadiendo", explicó en diálogo con BigBang.
Según Poch, esa lógica termina construyendo un sistema cada vez más difícil de cumplir. "El gran origen del problema está dado por el alto costo tributario y el alto costo laboral. Es una problemática del huevo o la gallina. Todo parte del origen de que no alcanzan los fondos para cubrir las necesidades y los gastos que está asumiendo el Estado", sostuvo. El informe de TMF Group evalúa justamente esa complejidad cotidiana: cuánto tiempo, dinero y riesgo legal implica para una empresa cumplir con las normas. Para eso relevó 292 indicadores vinculados a impuestos, recursos humanos, nómina y administración societaria.
Y de esta manera, Argentina volvió a aparecer entre los peores posicionados por la imprevisibilidad regulatoria, los controles cambiarios y la multiplicación de exigencias burocráticas. Poch cree que la inestabilidad termina siendo incluso más dañina que la presión impositiva. "Desde un punto de vista tributario, se sabe que una cuota de incertidumbre es peor que la injusticia. Y en materia tributaria y en cualquier tipo de disposición, la certeza por sí misma es un valor muy importante", afirmó.

La explicación, según detalló, tiene una lógica económica directa: cuando el capital percibe incertidumbre, se retrae. "El capital en sí mismo es temeroso, porque siempre hay que protegerlo. Entonces, cuando note incertidumbre, no sabe lo que va a pasar, va a intentar preservarse. Y eso hace que no se utilice en la actividad económica, ergo, se retrae la economía", señaló. Esa falta de previsibilidad, agrega, cambia completamente la lógica de inversión.
En vez de apostar a proyectos de largo plazo, las empresas buscan ganancias rápidas y especulativas para cubrirse frente al riesgo de cambios repentinos de reglas. "El no tener una certeza de la rentabilidad esperada a futuro obliga a buscar una mayor rentabilidad en el inmediato plazo. Entonces, el negocio se arma para un cortito plazo, van a ser inversiones muchísimo más especulativas", indicó.
Y advirtió sobre las consecuencias: "Eso hace que el producto tenga que ser de inferior calidad o más caro, y de manera global ese producto no va a ser requerido". La radiografía coincide con el diagnóstico global de TMF Group. Según el informe, el 69% de las empresas ya recurre a la subcontratación para adaptarse a contextos regulatorios complejos, el 59% redujo personal y más de la mitad cerró oficinas o abandonó mercados.

En Argentina, además, la digitalización de trámites no logró simplificar el panorama. Por el contrario, el estudio detecta que muchas veces se superponen sistemas digitales con exigencias viejas que nunca fueron eliminadas, sumando nuevas capas burocráticas. Para Poch, el problema atraviesa todos los sectores económicos sin excepción. "La complejidad burocrática afecta a todos los órdenes de la vida y a todos los rubros de la economía. Es una cuestión cultural, una idiosincrasia de la sociedad misma", aseguró.
Las pequeñas y medianas empresas son, quizás, las más golpeadas por esa estructura. "Es complejo, claramente demanda mucho tiempo en cuestiones que no están vinculadas directamente con la generación del negocio, sino con cumplimientos que exige el Estado. Eso es pérdida de recursos", remarcó. Y añadió: "Una empresa tiene que dirigir todas sus energías y recursos tendientes a mejorar el negocio, no a estar llenando papelitos por una presunción de que todo el mundo es incumplidor".
El endurecimiento de las sanciones fiscales también aparece como una señal preocupante. El informe de TMF Group advierte que en el 36% de las jurisdicciones relevadas los errores impositivos pueden derivar en penas de prisión. Para Poch, la Argentina durante años avanzó bajo una lógica excesivamente punitiva. "Antes, con determinados montos de omisión tributaria, casi todo el mundo era considerado un evasor penal. Me parece que eso es algo que se debe modificar", sostuvo.

Sin embargo, el contador reconoce que existe un cambio de clima político que podría abrir una ventana distinta. El propio informe destaca que, tras las elecciones legislativas de 2025, comenzaron a aparecer señales de desregulación, reducción del gasto y mayor estabilidad macroeconómica. Aun así, Poch insiste en que ningún cambio será sostenible si antes no se resuelve el desequilibrio estructural del gasto público. "No se va a poder bajar la carga tributaria si Argentina no es consciente del nivel de gastos que puede asumir su economía actual", advirtió. Y cerró haciendo lo que, según él, es el foco del problema: "No se puede estar haciendo más gastos de lo que le permite su economía. Si queremos tener un mayor nivel de gasto, deberíamos pensar cómo generar una mayor cantidad de riqueza".

