La inflación en la Ciudad de Buenos Aires volvió a mostrar una desaceleración en junio y quedó por debajo del 2% por primera vez en diez meses. El Índice de Precios al Consumidor de Buenos Aires (IPCBA) registró un aumento del 1,8%, frente al 2,1% de mayo, acumuló un alza del 16% en el primer semestre del año y alcanzó una variación interanual del 32,6%.

El dato alimenta las expectativas del Gobierno nacional de cara al próximo índice del INDEC y refuerza el discurso oficial sobre una desaceleración de los precios. Sin embargo, detrás del promedio aparecen aumentos que siguen impactando de lleno en el presupuesto cotidiano de los hogares, especialmente en rubros difíciles de evitar como la vivienda, la salud, el transporte y los alimentos.
El principal motor de la inflación volvió a ser la división Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, que aumentó 2,2% y explicó buena parte del resultado mensual. Los incrementos en los alquileres, las tarifas de agua y los gastos comunes mantuvieron elevada la presión sobre uno de los gastos más pesados para las familias porteñas. También la salud volvió a ubicarse entre los rubros con mayores aumentos. El sector registró una suba del 2,9%, impulsada por nuevos ajustes en las cuotas de la medicina prepaga, mientras que el transporte avanzó 2,1% debido al incremento de los boletos de colectivo, subte y tren.
Aunque los alimentos desaceleraron respecto de mayo y crecieron 1,6%, el dato tampoco implica un alivio uniforme. Las verduras encabezaron las subas con un incremento mensual del 5,9%, seguidas por panificados (2%) y lácteos y huevos (1,7%). En la comparación interanual, las carnes acumulan un aumento del 40,6%, las verduras del 36,2% y el pan del 28,3%, productos que conforman la base de la canasta alimentaria. La desaceleración del índice general también esconde una diferencia cada vez más marcada entre bienes y servicios. Mientras los bienes aumentaron 1,5% durante junio, los servicios treparon 2% y continúan siendo el componente más resistente a bajar.

En los últimos doce meses, los servicios acumulan un incremento del 35,4%, muy por encima del 28% registrado por los bienes. La inflación denominada "núcleo", que excluye componentes estacionales y regulados y suele ser observada como un indicador de la dinámica de fondo de los precios, también permaneció elevada al ubicarse en 1,9%, prácticamente en línea con el índice general.
Los precios regulados continuaron siendo otro foco de presión. Registraron un incremento del 2% por efecto de las actualizaciones en medicina prepaga, transporte público y servicios públicos, mientras que los bienes estacionales apenas avanzaron 0,1%, ayudados por la baja en prendas de vestir, pasajes aéreos y paquetes turísticos, que compensó parcialmente el fuerte aumento de las verduras.

Lo cierto es que el informe advierte que el kilo de pan francés, por ejemplo,se ubicó en un promedio de 4.505,95 pesos, el litro de leche entera costó 1.896,07 pesos y el kilo de asado llegó a 18.638,54 pesos. Entre los productos de limpieza, un paquete de jabón para ropa alcanzó los 3.219,82 pesos y el litro de lavandina superó los 1.400 pesos. La baja del IPC porteño representa una señal positiva desde el punto de vista estadístico y podría anticipar un índice nacional también por debajo del 2%. Sin embargo, el comportamiento de los gastos fijos muestra que la desaceleración todavía no se traduce plenamente en una mejora del costo de vida.