Dos fuertes terremotos, uno de magnitud 7,2 y otro de 7,5 en la escala de Richter, sacudieron este miércoles a Venezuela con menos de un minuto de diferencia y provocaron una tragedia de enormes dimensiones. Según el último balance oficial, el desastre dejó 164 muertos y 971 heridos.
De acuerdo con periodistas radicados en el país, una de las zonas más afectadas fue Altamira, en el este de Caracas. Además, luego de los dos sismos principales se registraron unas 30 réplicas, lo que mantiene en alerta a toda la población.

Las redes sociales comenzaron a llenarse rápidamente de videos que muestran la desesperación de los vecinos y los graves daños provocados por el movimiento de tierra: "Se me partió todo en la casa", contó una joven mientras recorría su vivienda mostrando los destrozos. "El baño, toda la casa", relató mientras enfocaba las profundas grietas que aparecieron tanto en el interior como en el exterior de la propiedad.
Fabiana Soto, vecina de Caracas, aseguró sentirse "consternada e impactada" por un fenómeno al que los venezolanos no están acostumbrados. Además, explicó que tiene familiares en La Guaira, la región más golpeada por el terremoto, quienes colaboran en las tareas de rescate de personas atrapadas bajo los escombros.

Soto relató también el dramático momento en el que lograron recuperar el cuerpo de un menor: "Desafortunadamente no pudo sobrevivir", lamentó. Según explicó, gran parte de los edificios de la zona colapsaron y también se registraron importantes incendios. "Ha sido una catástrofe para la comunidad, de un nivel mucho mayor al que estamos viendo en Caracas", sostuvo.
Otra de las afectadas, María Guevara, contó que se encontraba en su casa junto a su esposo y su padre viendo un partido de Brasil por el Mundial cuando comenzaron los temblores. "Empezamos a sentir movimientos, fueron unos segundos eternos", recordó.

Durante el sismo cayeron varios portarretratos y distintos objetos dentro de la vivienda. Aunque el edificio donde vive sufrió importantes daños, no llegó a derrumbarse. Sin embargo, ella y su familia decidieron pasar la noche en la calle por temor a nuevas réplicas.
En distintos puntos de la capital, el terremoto sorprendió a personas que realizaban actividades cotidianas. Heidi Romero, comerciante de 42 años, estaba en el último piso de un concurrido centro comercial de Altamira cuando comenzó el movimiento. El temblor desató escenas de pánico. Estanterías se desplomaron, objetos cayeron al suelo y cientos de personas corrieron desesperadas hacia las salidas.
Odalis Escalona, de 54 años y empleada bancaria, describió los daños que encontró dentro del edificio donde trabaja. "Se desprendieron las escaleras, se rajó toda la pared. Cayeron cosas del techo. Fue horrible", expresó.
La sensación de vulnerabilidad también marcó a quienes permanecían en sus hogares. Carmen Guédez, de 69 años, estaba cuidando a una hermana enferma cuando comenzó el terremoto. "Fue subiendo de intensidad", recordó. "Empecé a ver cómo las ventanas comenzaron a moverse y después se sacudió todo".

Como no podían evacuar rápidamente a su hermana, decidieron permanecer dentro de la vivienda. "Mi hermana, una vecina y yo nos quedamos rezando, abrazaditas ahí. No podíamos salir. Los vecinos aún están en la calle", relató.
En diálogo con C5N, Aymara Alonso describió el dramático panorama que se vivió durante la noche. "En las calles uno observa que muchísima gente pasó la noche afuera", comenzó. Luego agregó: "A pasos de mi casa un edificio se desplomó. Pude ver cómo durante toda la noche sacaban escombros y rescataban personas. También supimos que algunos vecinos murieron", dijo con angustia. La mujer también puso en duda las cifras oficiales: "Nosotros creemos que el número de fallecidos es mayor", aseguró.
Larry Gazzanto, otro venezolano, contó a La Nación que logró salvar su vida de milagro. "Yo me encontraba en mi habitación. Sentí cómo empezó el temblor y lo primero que hice fue irme para la sala. Fue la mejor decisión, porque si me hubiese quedado un poco más de tiempo me iba para abajo", recordó al relatar el derrumbe del edificio donde vivía.
"A mi abuela se le cayó una pared encima", contó. Además, explicó que permanecieron más de tres horas esperando ayuda porque no podían salir de entre los escombros. "Pasamos más de tres horas pidiendo ayuda. Fue horrible", afirmó, al tiempo que reveló que las comunicaciones también colapsaron y durante varias horas no hubo señal telefónica.
Mientras continúan las tareas de búsqueda y rescate, el temor sigue instalado en Venezuela. Las réplicas no cesan, miles de personas permanecen fuera de sus hogares por miedo a nuevos derrumbes y los equipos de emergencia trabajan contrarreloj para encontrar sobrevivientes entre los escombros de una de las peores tragedias naturales que golpeó al país en los últimos años.

