El femicidio de Paula Espinoza (26) fue el desenlace de un plan ejecutado con una frialdad que estremece a Mendoza. Samuel Andrés Capellán (31), quien convivía con la víctima y el hijo de ambos, fue imputado este domingo por un crimen que reúne todos los agravantes del odio de género: premeditación, alevosía y una saña desmedida para borrar la identidad de la mujer que ya no quería estar con él.
Paula, una joven docente, recibió 15 puñaladas y los peritos forenses detallaron un cuadro de horror: diez cortes fueron dirigidos directamente a su rostro y otros cinco al cuello, provocándole un shock hipovolémico fulminante. El uso de un cuchillo tipo serrucho contra las zonas más vitales y visibles de Paula habla de una voluntad de destruir no solo su vida, sino su imagen.

La reconstrucción de la fiscalía revela que Capellán, de oficio mecánico y chapista, montó una logística para ocultar sus movimientos; tal es así que el viernes por la mañana, Paula lo llevó a su taller en el Ford Fiesta Kinetic azul de la familia. Sin embargo, horas más tarde, el hombre puso en marcha su plan: le pidió prestado un Volkswagen Polo rojo a un compañero de trabajo para regresar a las inmediaciones de la vivienda sin ser visto por nadie.
Luego, estacionó el auto ajeno a pocos metros y caminó hacia el departamento y, lo que siguió demuestra una sangre fría difícil de entender: Capellán saludó a los familiares de Paula, ingresó a la vivienda compartida como si fuera un día cualquiera y, en medio de una crisis de pareja donde ella ya le había manifestado su deseo de separarse, la atacó hasta matarla.

Tras cometer el femicidio, el agresor salió del departamento y volvió a cruzarse con los parientes de Paula y, sin levantar sospechas ni mostrar signos de alteración, se retiró del lugar, pero esta vez a bordo del auto de la pareja, el Ford Fiesta azul. Fue una de las hermanas de la docente quien, minutos después, subió a la casa y se encontró con la dantesca escena de Paula desangrándose en el suelo.
Capellán se convirtió en un prófugo de la justicia durante casi 48 horas: las cámaras de seguridad y el rastreo de celdas telefónicas indican que su intención era cruzar la frontera hacia Chile. Sin embargo, el cerco policial y la presión de la búsqueda lo llevaron a entregarse de manera espontánea en la Comisaría 53 de Potrerillos, donde finalmente confesó el hecho.

El Ministerio Público Fiscal de Mendoza fue contundente en la imputación para Samuel Andrés Capellán que ahora enfrenta cargos por homicidio calificado por el vínculo y por mediar violencia de género (femicidio). Bajo el código penal argentino, esta figura no admite matices: la única pena prevista es la de prisión perpetua.
El femicida ya fue trasladado a la Penitenciaría provincial mientras la causa avanza con los peritajes finales sobre el arma secuestrada y los dispositivos móviles. El crimen de Paula Espinoza se suma a una lista dolorosa de mujeres asesinadas por el solo hecho de intentar ejercer su autonomía y poner fin a relaciones marcadas por el control y la violencia.

