14 Abril de 2026 12:01
El relato de recuperación acelerada que impulsa el Gobierno sumó un nuevo contraste: el Fondo Monetario Internacional (FMI) recortó las previsiones de crecimiento para la Argentina y elevó de manera significativa su estimación de inflación, configurando un panorama menos alentador que el proyectado meses atrás. Según el informe de Perspectivas Económicas Globales (WEO), presentado por el economista jefe Pierre-Olivier Gourinchas, la economía argentina crecerá un 3,5% en 2026, medio punto por debajo de lo previsto anteriormente.

Aunque el país seguiría mostrando un desempeño superior al promedio regional, la corrección marca un freno en las expectativas de recuperación. Más preocupante aún es el dato inflacionario. El FMI ahora proyecta una suba de precios del 30,5%, prácticamente el doble del cálculo realizado seis meses atrás, cuando estimaba un 16,5%. El salto no solo refleja un cambio de escenario, sino que también pone en duda la velocidad del proceso de desinflación que el Gobierno viene anunciando.
Hace apenas medio año, el FMI proyectaba una recuperación más robusta y una inflación en descenso más acelerado. Hoy, ese escenario aparece desdibujado. Desde el propio Fondo explicaron que el deterioro de las previsiones responde, en parte, a la caída de la actividad hacia fines de 2025, en un contexto atravesado por turbulencias electorales. Pero también pesan factores externos: el encarecimiento de la energía, los conflictos internacionales y la disrupción en las cadenas comerciales.
El resultado es un cuadro más exigente para la economía argentina, donde el crecimiento pierde impulso al mismo tiempo que la inflación muestra mayor persistencia. El dato inflacionario es el que más impacto tiene en la vida cotidiana. Una proyección del 30% no solo duplica la estimación previa, sino que aleja la posibilidad de una rápida estabilización de precios. Este punto choca directamente con el discurso del Gobierno, que sostiene que la inflación comenzará a desacelerarse con fuerza en los próximos meses. El informe del FMI, en cambio, advierte que las condiciones actuales dificultan ese proceso y descarta, al menos en el corto plazo, una convergencia a niveles bajos.

A esto se suma el frente laboral. El organismo prevé una tasa de desempleo del 7,2%, con una suba de 0,6 puntos, en un contexto donde el empleo informal ya viene mostrando señales de expansión. La combinación de menor crecimiento, mayor inflación y deterioro en el empleo redefine los desafíos de la política económica. Aun así, el FMI mantiene una visión relativamente favorable en términos comparativos: Argentina seguiría creciendo por encima del promedio de América Latina, estimado en 2,3%. Pero ese dato pierde peso frente al deterioro interno de las principales variables.

El recorte de proyecciones llega en un momento políticamente sensible. El organismo había venido respaldando el rumbo económico y ponderando los avances en materia de ajuste fiscal y estabilización. Sin embargo, esta actualización introduce un tono más cauteloso. La lectura es clara: el modelo puede mostrar avances, pero enfrenta límites concretos en un contexto global adverso y con tensiones internas que aún no se resuelven. En paralelo, el ministro de Economía, Luis Caputo, viajará a Washington en busca de destrabar un desembolso de 1.000 millones de dólares, en una negociación que se da bajo este nuevo escenario.

