El triunfo de Keiko Fujimori (con el 50,135% de los votos válidos) en Perú es la confirmación del giro ultraconservador que redibuja el mapa de América Latina. Mientras el presidente Javier Milei celebra que el país andino se sume al bloque de los que deciden "plantarse frente al socialismo", el análisis de fondo revela una realidad mucho más compleja.
A diferencia del anarcocapitalismo de Milei, Keiko representa una derecha que usa al Estado como herramienta de control y obra pública, un modelo que el politólogo peruano Eduardo Dargent diseccionó para BigBang.

A dos décadas de la destitución y huida de su padre, Alberto Fujimori, Keiko logra finalmente capturar el Ejecutivo. Para Dargent, el resultado no fue una sorpresa, sino el desenlace de una fragmentación política extrema: "No hay sorpresa, es una candidatura que se va dando varias veces, ha estado cerca varias veces y en segunda vuelta se vuelve esta elección generalmente una elección un sector crítico con el modelo económico, con el centralismo y otro que lo defiende".
Dargent plantea que Fujimori está "del lado de la continuidad" y sobre todo con los "temas de seguridad" se refuerza que la opción de gobiernos de derecha en el Perú podría ser una solución. Frente a esto, el politólogo plante: "Hay muchos sentimientos encontrados y problemas en lo que puede venir porque hay el recuerdo del gobierno del padre, pero no solo el recuerdo, sino también la forma que ha actuado el fujimorismo en el Congreso en los últimos años". algo que describió como "bastante dañoso para la democracia, para el Estado y para la política pública".
Keiko Fujimori logró capitalizar el miedo al desorden, un recurso habitual en las nuevas derechas latinoamericanas (como Kast en Chile o Noboa en Ecuador). Dargent explica cómo la economía política dividió al electorado: "Mucho se explica porque la segunda vuelta, la economía política del país, dividen la segunda vuelta cuando hay candidatos que son de izquierda críticos más del mundo rural, del sur del Perú, de los Andes del Sur, críticos del modelo económico, con ese voto generalmente alcanza para llegar un candidato así a segunda vuelta. (...) En esta oportunidad había un ambiente muy vinculado a los temas de seguridad como para favorecer una candidatura de derecha y creo que a la opción de izquierda le faltó en esas condiciones una mayor moderación que he dicho se pasó Fujimori y no hizo", explicó.
Aunque Milei busca un guiño de su nueva colega, el politólogo advierte que los modelos difieren en un punto clave: el rol del Estado. Mientras Milei busca desmantelarlo "como un topo desde adentro", el fujimorismo lo necesita para consolidar su base electoral: "Milei es un caso diferente, porque en el caso de Fujimori ella es una derecha que trae mucho al Estado. El fujimorismo tiene una mirada conservadora en lo moral, en una serie de temas políticos -hasta autoritarios- pero con una idea de un Estado que tiene que hacer obra para su votante, que es un votante de clases medias para abajo", dijo diferenciando uno de otro.

Y, en la misma línea, explica: "Es diferente a Milei aunque cercanos en que el fujimorismo también adoptó una economía de mercado en lo macro, en ciertas ideas de inversión pública, pero bastante diferente en lo que el uso del Estado. Yo no veo al fujimorismo desmembrando el Estado, es más, es probable que lo use para intentar consolidar un poco de estabilidad política".
Uno de los mayores temores ante la asunción de Keiko es el retroceso en materia de Derechos Humanos y la criminalización de la protesta social, un camino que el Congreso ya empezó a pavimentar: "Es muy probable que sí, de hecho el fujimorismo ha preparado el camino hacia una serie de normas que vulneran este eh derechos humanos: ampliar las competencias de justicia militar, ha apoyado en lo que fueron las las maniobras de la presidenta Dina Boluarte para evitar que los responsables por la muerte de 50 personas este por represión estatal en el sur del Perú cuando fue el golpe y la caída de Pedro Castillo, tenga responsabilidad".

Dargent cuenta que impulsará leyes "por su forma de ver el país, por su forma de diagnosticar los problemas sociales" que sobre todo criminalicen la protesta social, esto con "el apoyo de un establishment que lo tolera y no lo cuestionan porque hay unas narrativas de que son terroristas o violentistas".
Para cerrar, Eduardo Dargent, analiza: "Ojalá desde el poder, desde el Gobierno se comprenda que la situación es más compleja y que también estas acciones pueden generar reacciones bastante fuertes. No es no es una población que va a estar tan pasiva ni quebrada en la protesta como lo ha estado con los gobernantes pasados, creo que el fujimorismo genera mucha mucha tensión y que no necesariamente por creer que puede reprimir, quiere decir que la gente se va a quedar tranquila".

