Javier Milei llegó este jueves a la sede Yatay de la escuela ORT y convirtió una charla con adolescentes sobre ética e inteligencia artificial en un operativo de seguridad de máxima tensión. Calles cortadas, caos de tránsito y la estación Río de Janeiro de la línea A cerrada sin previo aviso fueron parte del paisaje en el ecléctico barrio de Almagro.
El Presidente arribó a las 10.45, acompañado por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei y, dentro del establecimiento ya se encontraba Pilar Ramírez, jefa del bloque libertario en la Legislatura porteña. Afuera, el barrio quedó prácticamente tomado por el dispositivo oficial: para escuchar hablar de inteligencia artificial hubo que atravesar una escena que parecía más propia de una visita de Estado que de una institución educativa.

La charla fue organizada en el marco de los festejos por los 90 años de ORT Argentina, una escuela nacida en 1936 como institución de formación en oficios y vinculada a la comunidad judía. Milei fue invitado por las autoridades del colegio y la gestión también contó con la intervención del presidente de la DAIA, Sergio Berenstein.
El encuentro se realizó a puertas cerradas y estuvo destinado a estudiantes de cuarto y quinto año. Según asistentes, el Presidente habló durante unos 40 minutos sobre inteligencia artificial y transmitió una mirada optimista sobre el desarrollo de esa tecnología.

La institución informó la visita mediante una circular enviada previamente a las familias. Allí se aclaró que la participación de los alumnos era "voluntaria" y que la actividad se realizaría "dentro del horario escolar".
El correo enviado por las autoridades señalaba: "Si tuvieran cualquier objeción al respecto, les agradeceríamos nos la hagan llegar respondiendo a este correo dentro de las 24 horas, para no incluir a su hijo/a dentro de los participantes de esta actividad".
Según trascendió, el propio Presidente habría pedido que no hubiera una presencia numerosa de adultos durante la disertación. La charla quedó así rodeada de un cuidado extremo: adolescentes seleccionados, docentes en silencio y un auditorio cerrado para evitar que la conversación se transformara en una incómoda ronda de preguntas.
Distintos padres y allegados manifestaron fuera de micrófono su disconformidad con la invitación y con el formato de la actividad. Durante la charla, sin embargo, no hubo planteos públicos ni reparos.

Al finalizar, comenzaron a circular rumores sobre un recibimiento festivo por parte de los estudiantes. Según asistentes, varios jóvenes rodearon a Milei para sacarse selfies antes de que regresara a la Quinta de Olivos. El clima fue descripto como "festivo", aunque no trascendieron registros completos de la actividad ni detalles sobre la participación de los alumnos.
Así las cosas, mientras Javier Milei llega a una escuela para hablar sobre innovación, rodeado por un operativo blindado, con adolescentes cuidadosamente seleccionados y adultos reducidos a la mínima expresión, la inteligencia artificial parece tener más libertad que las preguntas humanas.

