02 Marzo de 2026 08:37
Con tribunas abarrotadas de militantes y un clima más cercano a un recital que a una sesión parlamentaria, el presidente Javier Milei volvió a ser el protagonista excluyente de una Asamblea Legislativa reconvertida en espectáculo. En prime time televisivo, y con una tarima que elevaba su figura detrás del pupitre, el mandatario relató su obra de gobierno pasada y futura en tono épico, mientras el recinto se dividía entre ovaciones y abucheos. Antes de que se levantara el telón, las miradas se posaron en las sillas vacías del peronismo duro: la totalidad de los senadores peronistas y los diputados de La Cámpora no dieron el presente -salvo Horacio Pietragalla y Florencia Carignano- en una decisión de fuerte impacto simbólico. Tampoco asistió el gobernador bonaerense Axel Kicillof, a quien La Libertad Avanza busca instalar como rival directo.
Sí estuvieron los diputados de Unión por la Patria, entre ellos Juan Grabois, que echibió un cartel con la consigna "El coraje se contagia" y "$Libranos del mal", y Juan Marino, con una pancarta que decía "Milei = Despidos". Desde la izquierda, los carteles lo tildaban de "gatito mimoso de Trump" y cuestionaban el apoyo a la guerra estadounidense e israelí contra Irán. Cuando Milei ingresó al recinto acompañado por su hermana Karina Milei, la tribuna comenzó a corear "Panic show", el tema de La Renga que el Presidente adoptó como himno propio.
El grito de "Presidente, presidente" retumbó en las galerías colmadas de oficialistas. "Ustedes también podrían gritar porque es el presidente de ustedes aunque no les guste", provocó Milei. Y ante las protestas opositoras, redobló: "Ustedes no pueden aplaudir porque se les escapan las manos en bolsillos ajenos". El tono fue escalando. Cuando desde el peronismo le reclamaron por la "justicia social", estalló: "Ignorantes: la justicia social es un robo. Implica un trato desigual frente a la ley, manga de delincuentes. Por eso tienen a la suya presa". Luego rugió: "Manga de ladrones, delincuentes, por eso tienen a la suya presa".
En medio de los cruces, los militantes libertarios respondían con cánticos como "¡Tobillera, tobillera!" y el polémico "saquen al pingüino del cajón". El Presidente dedicó buena parte de su discurso a confrontar con la oposición. "Kukas, me encanta domarlos y hacerlos llorar, y a la gran mayoría les encanta verlos llorar", lanzó. También disparó: "¡Manga de asesinos y chorros, vengan a explicarme qué pasó con Nisman!". Sobre Cristina Fernández de Kirchner insistió: "Va a seguir presa por la causa de los Cuadernos, por el Memorándum de Irán y la causa Vialidad. Es una chorra y fueron los más chorros de la historia".
La izquierda tampoco quedó afuera. A Nicolás del Caño le dijo: "Del Caño, si vos fueras la representación de los trabajadores, tendríamos un problema muy grande, porque ustedes no son más que el 5 por ciento". Y a Myriam Bregman la llamó "la chilindrina troska", para luego torearla: "¡Andate a defender a Cuba, Corea del Norte y a todos los gobiernos comunistas asesinos que mataron a más de 150 millones de seres humanos!". Sobre Grabois ironizó: "Parece que se enojó el oligarca vestido de pordiosero".
El intercambio fue tan áspero que, al finalizar la sesión, el jefe del bloque de Unión por la Patria, Germán Martínez, le reclamó al presidente de la Cámara, Martín Menem, que el tono "no era lo acordado": "Me habías dicho que en la Asamblea Legislativa iba a haber un presidente enfocado, confrontando gestión con gestión", habría reprochado. En el plano institucional, Milei anunció el "Congreso más reformista de la historia para hacer frente a cualquier golpe político" y prometió avanzar con reformas del Código Civil, Comercial, Penal y una reforma tributaria. "Necesitamos menos impuestos y profundizar la apertura económica", sostuvo.
También apuntó contra los empresarios "prebendarios": "Los empresarios prebendarios no pueden comprar privilegios que los políticos corruptos no ponen a la venta. Ambos son cómplices de la corrupción y la mayor responsabilidad cae sobre los políticos". Y se preguntó: "¿Les parece normal pagar la tonelada de tubo de acero 4000 dólares cuando se paga 1400?".
La fría relación con la vicepresidenta Victoria Villarruel volvió a quedar en evidencia. La transmisión oficial evitó mostrar el saludo entre ambos y el encuadre de cámaras recortó su figura durante gran parte del discurso. Milei deslizó una crítica sutil: tras la derrota bonaerense del 7 de septiembre, dijo que "opositores y propios soñaron con el sillón de Rivadavia", en una referencia que muchos leyeron como dirigida a su compañera de fórmula.
El mandatario incluso ingresó al recinto por una puerta lateral y no por la central, rompiendo la tradición de hacerlo junto a la vicepresidenta. De esta manera, Milei volvió a abrazar la agenda de Donald Trump: "Tenemos que crear el siglo de las Américas. Make America Great Again", arengó, replicando la consigna del trumpismo. Al cierre, fiel a su estilo, gritó tres veces "Viva la libertad carajo" y remató: "Hagamos la Argentina grande nuevamente". La escena final dejó la postal de un Congreso tensionado, con oficialistas eufóricos y opositores indignados. Más que una apertura de sesiones, la jornada se pareció a un acto de campaña permanente, donde el Presidente volvió a privilegiar la confrontación y el espectáculo por sobre la búsqueda de consensos en un país que atraviesa profundas fracturas políticas y sociales.

