por Alejo Paredes
27 Febrero de 2026 14:07
Cuando el papel quedó vacante en diciembre, la decisión fue inmediata. "Todo lo que hago en la vida es un desafío, básicamente", dice Alejandro Cupitó sobre su desembarco en Los Sospechosos del Piso 10, la comedia policial que hoy encabeza en el Teatro Multiescena. La obra -escrita y dirigida por Fabián Gianola- ya había pasado por Mar del Plata y por la avenida Corrientes. Pero a fines del año pasado el rol protagónico quedó libre y Cupitó, junto a su socio Facu Venencio, tomó la producción y el desafío actoral. "Fue una decisión ahí como en diciembre que resolvimos y estrenamos el 16 de enero", cuenta en diálogo con BigBang.
Y agrega: "O sea que tuvimos menos de un mes para prepararla y para poder agarrar la producción y continuar". No era terreno desconocido. La había visto antes. "Yo el año pasado la fui a ver con Matías (Alé) en Mar del Plata, después la vi con Beto César. Es una comedia que es muy divertida, es muy efectiva. Realmente es una comedia que la gente que llega hasta que se va no para de reírse", destaca. En una trama que mezcla asesinato, enredos e infidelidades, el humor convive con el suspenso. Pero para Cupitó no hay dudas sobre lo más complejo: "Yo creo que es muy difícil hacer reír. No es fácil, es muy difícil".

Con casi dos décadas sobre escenarios de Corrientes, recuerda sus comienzos bajo la dirección de Alicia Zanca en obras como Cruz de Tiza o textos de Griselda Gambaro y Armando Discépolo. "Realmente debo decir que es muy difícil hacer reír, no es fácil. Pero con esta comedia que está tan bien escrita y que ya está tan probada... no me costó tanto, digamos, hacer que el público se ría", insiste. La obra tiene un condimento extra: rompe la cuarta pared y hace participar al público. Para Cupitó, lejos de ser un riesgo, es un terreno que disfruta. "Yo lo disfruto mucho... Después de estar haciendo casi seis años gira con el circo y rompiendo la cuarta pared, esto es algo muy fácil y algo que realmente disfruto". Y agrega: "Es algo que al público aparte le gusta mucho, que el actor arriba del escenario lo va a participar y rompa la cuarta pared".

El resultado, asegura, es contundente: "La comedia dura una hora y cuarto... y es increíble, no paran de reírse. Es una escena atrás de otra donde el público se ríe". Antes del escenario, hubo otra vida. "Yo de chiquito siempre soñé con ser ingeniero... Estuve prácticamente cinco años en la UTN hasta que un día me cansé y me parecía aburrido". La confesión en su casa no fue sencilla: "Le dije que quería ser actor y trabajar de modelo. Y te imaginás, mi vieja casi se muere de un infarto".

Estudió Comunicación Social, se enamoró definitivamente del teatro y empezó a formarse con maestros como Esteban Mellino y Raúl Serrano. "Ya era un teatro donde la gente venía a pagar la entrada y, nada, me enamoré del teatro. La verdad que es algo que es mi vida, lo que más me gusta". El modelaje fue un puente: "Eso lo tuve clarísimo siempre. Yo trabajé de modelo de los 20 a los 40... me ha ido muy bien, pero siempre tirando más para el lado de la actuación". Pero el camino no estuvo exento de golpes y dificultades. "Hacía 3, 4, 5 castings por día... en el mes hacía 100 castings y no quedaba nada. La verdad que es muy difícil".
El "no" más duro fue cuando había quedado para representar a la Argentina como Mister Universo. "Tuve un episodio medio feo... quiso zarparse, propuesta indecente... Obviamente no accedí... y me bajé. Y eso fue un golpe bastante duro", reconoció. Detrás del físico trabajado durante décadas hay una rutina férrea. "Yo voy todos los días al gimnasio dos horas, hace treinta años prácticamente, y a mí no me gusta ir al gimnasio... me rompe los huevos y lo hago de lunes a viernes". No lo romantiza: "Es un sacrificio enorme... pero es parte de las reglas del juego". Para él, la actuación no es solo talento. "Es todo. Es talento... es perseverancia... es exigencia", aclara.
Y añade: "Yo soy muy exigente conmigo mismo". Y lo ejemplifica: "Cuando tuve el primer ensayo... yo ya me sabía toda la letra. Eso es ser respetuoso con los compañeros". Su definición es clara: "Yo no creo en la suerte, yo creo en la perseverancia". Y redobla: "La perseverancia es un talento también". En paralelo al teatro, cumplió otro sueño: tener programa propio en televisión. "En mi vida todo me ha costado mucho... todo ha sido con mucho esfuerzo y mucho sacrificio". Sin embargo, el eje no está en el dinero: "Mi prioridad es ser feliz. Más que tener plata... la felicidad es hacer lo que a uno le gusta".

La imagen que describe antes de cada función es casi ritual: "Yo hoy tengo función y me estoy preparando y voy feliz, me armo la ropa, me preparo el smoking... es todo un ritual que me da mucha felicidad". A meses de cumplir 50, reflexiona: "No puedo creer que voy a cumplir cincuenta años... ¿cuánto más me queda de vida con capitalidad?". Y vuelve a su idea central: "La construcción de la felicidad es en el camino y no en la llegada".
Si tuviera que resumir su carrera en una frase, no duda: "Yo soy un apasionado de lo que hago... uno tiene que ir por su sueño, ser perseverante y disfrutar el camino". Arriba del escenario de Multiescena, entre risas, misterio y participación del público, Cupitó vuelve a poner en juego esa filosofía. Porque, como insiste, las cosas "no llegan por casualidad". Llegan -dice- cuando uno está dispuesto a sostener el deseo con trabajo, disciplina y una cuota innegociable de pasión.

