13 Abril de 2026 12:15
En un contexto atravesado por versiones contradictorias, ajuste fiscal y creciente incertidumbre, el posteo de Flavio Azzaro contra Luis Majul sumó un nuevo capítulo a la polémica por la información difundida sobre un supuesto recorte del gasto público. El conflicto se desató luego de que Majul afirmara en su programa que el ministro de Economía, Luis Caputo, había ordenado "que ajusten sus presupuestos un 20%" en todos los ministerios. Sin embargo, horas más tarde, el propio periodista utilizó sus redes sociales para rectificarse: "Buen día. Ayer dije que Luis Caputo había pedido un ajuste del 20 % a todos los ministerios. Me equivoqué".

En su descargo, explicó que "la información correcta es que Manuel Adorni pidió a los ministros un plan de ajuste del 2 % del gasto corriente y del 20 % del gasto de capital", y agregó: "Los datos son los datos. Y los errores son los errores. Cuando se cometen, hay que corregirlos y pedir disculpas". La rectificación, lejos de cerrar la polémica, la amplificó. Fue entonces cuando Azzaro lanzó un durísimo cuestionamiento que apuntó no solo al error, sino a las motivaciones detrás de la información.
Sin ir más lejos, el conductor y creador del canal de streaming AZZ disparó: "Majul es un maestro. Un maestro del cinismo. Nadie puede creer que tenía mal la info de quién (supuestamente) ordenó el ajuste. Majul fue apercibido por sus jefes (políticos y/o del canal) y tuvo que corregir. Errores las pelotas. Son viles operadores disfrazados de periodistas. Hoy operan para Milei, ayer para Macri y pasado para otro. OPERADORES".
El mensaje, directo y sin matices, pone en discusión no solo la credibilidad de una información puntual, sino también el rol de ciertos sectores del periodismo en la construcción del discurso público. El punto más sensible de la controversia radica en la contradicción entre la seguridad con la que Majul presentó la primicia y su posterior corrección. En su programa, había remarcado que la información provenía de "fuentes muy calificadas".

Obviamente, esto le daba un carácter de certeza a un dato que implicaba un fuerte impacto sobre el funcionamiento del Estado. La versión inicial hablaba de un recorte uniforme del 20% en todos los ministerios, una medida de alto voltaje político y social. En cambio, la corrección redujo el alcance del ajuste en el gasto corriente y lo trasladó principalmente al gasto de capital, es decir, a la inversión pública. Lo cierto es que mientras la primera información implicaba un ajuste transversal con posibles consecuencias inmediatas en áreas sensibles, la segunda plantea un esquema más acotado, al menos en el corto plazo.