Hay rinconcitos en Buenos Aires donde los adoquines parecen susurrar historias y las luces de las veredas dibujan historias de vidas que tal vez, en alguna noche fría serán contadas. Eso es lo que tal vez Delfina Cheb prepara: un encuentro íntimo con el público para relatar viejas y nuevas maneras de habitar esta gran ciudad.
Este sábado 13 de junio, La Casa de Lolita, un rincón cálido y lleno de vida, será el escenario donde la artista presentará un adelanto de su próximo disco, Mejor. En formato acústico y acompañada por Daniel Schnock (piano y clarinete) y Joaquín Fridman (bajo), Delfina promete una velada que transitará entre tangos, milongas y canciones que son testimonio de su viaje personal y artístico.

El regreso de Delfina a Buenos Aires, tras casi una década viviendo en Boston, marca un capítulo nuevo en su vida. La ciudad que la vio nacer y crecer vuelve a ser el epicentro de su creatividad: Mejor es un trabajo pensado para "sentirse un poco menos solx", cuenta la cantora que además es docente de secundaria y fanática de los relojes.
Pero esta construcción identitaria no fue de un día para el otro. De hecho, la música es un hilo conductor que atraviesa generaciones en la familia de Delfina: "Mi abuelo era cantor, aunque también albañil. Para él, el tango era su lugar para soñar, para ser quien deseaba ser. En el Buenos Aires de hace casi 100 años, uno podía ser cantor de tango y cantar con una orquesta. Era su manera de construir su argentinidad, porque él venía de Siria y no conocía este país", relata con emoción.

Delfina habla con ternura de cómo su abuelo grababa cassettes y los dejaba a los taxistas para hacer circular su música: "Eso me conmueve. Hay algo de esa conversación con la gente, del compartir, que trato de militar yo también. Decir: 'Bueno, tal vez no me escuchen en la tele, pero me va a escuchar la gente de mi barrio'. Esa idea de que lo bueno es para compartir, sin limitaciones, es algo que aprendí de él".
La nostalgia que envuelve a Delfina, es una invitación a viajar en el tiempo: "Me encanta la sensación de transportarme al Buenos Aires de hace un siglo. No canto tangos solo porque me gusta cómo suenan, sino porque me permiten imaginarme cómo era la ciudad en aquel entonces. Es como vivir mi vida con un romanticismo que hoy parece perdido", dice sonriendo con la voz.
En tiempos donde la música parece medirse en reproducciones y algoritmos dictan qué es tendencia, Delfina elige un camino distinto. Su apuesta por la música popular argentina y el cancionero clásico no es casualidad. "Lo hago porque me conmueve profundamente", explica. "El tango, la milonga, la zamba... son amigos que te entienden muy bien. Te hacen sentir menos sola. Donde sea que estuve en el mundo, siempre sentí que nuestra música genera confianza, como si te abrazara un amigo de toda la vida".
Como docente Delfina busca y encuentra esperanza en las nuevas generaciones: "Muchos adolescentes tienen un interés muy profundo por nuestra música. Hoy mismo llegué al colegio y me dijeron: '¿Podemos escuchar Inconsciente Colectivo pero en la versión de Mercedes Sosa?' Hay una idea equivocada de que quienes disfrutamos algo diferente al mainstream estamos solos, pero no es así. Esta música tiene mucho por delante".

El regreso a Argentina no ha sido solo un cambio geográfico para Delfina, sino más bien un manifiesto a su propia carrera musical: "Viví muchos años en Boston, pero al volver entendí que todo empieza desde lo más local: tu casa, tu barrio, tu cuadra. En este mundo donde todo parece exagerado e hiperbólico, yo apuesto a lo pequeño: a las personas con las que comparto mi vida, a quienes me cruzo en la calle. Desde ahí se construyen cosas gigantes".
Esta filosofía también se refleja en su manera de abordar la música: "Siento que cada vez más gente quiere estar presente físicamente en los conciertos, oler el lugar, sentir la silla donde está sentada. Hay algo que no se puede filmar ni convertir en ceros y unos: así que mejor estar en persona y llevarse la sensación de una cosa más abstracta y quizás menos sensacionalista, de una manera más más verdadera".

El título de su nuevo álbum no podría ser más revelador: Mejor. "Necesito pensar que lo mejor está por venir para seguir creando, para ser buena vecina, buena amiga, buena hija", reflexiona Delfina. "Mis primeros dos discos los amo profundamente, pero siento que este es mejor porque refleja esa esperanza: lo mejor está adelante. Y después vendrá Mejor 2, porque siempre habrá algo mejor por hacer".
El concierto del sábado promete ser una celebración compartida. "La Casa de Lolita es un lugar mágico", describe Delfina. "Es como entrar al living de una casa preciosa llena de almohadones divinos y comida riquísima. Vamos a compartir canciones de milonga, tango y algunas historias. Habrá invitados espectaculares que representan tanto la música tradicional como la nueva canción rioplatense".

Delfina Cheb invita a mirar hacia adentro y hacia atrás para construir el futuro. En sus palabras resuena la certeza de que desde lo más pequeño —una conversación con un taxista, una canción compartida en clase o una noche íntima en La Casa de Lolita— se pueden construir cosas inmensas.

