por Alejo Paredes
22 Mayo de 2026 16:35
La caída de la natalidad dejó de ser solamente un dato demográfico para convertirse en una amenaza concreta sobre el sistema educativo tal como se lo conoció durante décadas. Menos nacimientos implican menos alumnos, aulas vacías, problemas financieros para los colegios y una pregunta: ¿qué lugar ocupará la escuela en las sociedades del futuro? Ese escenario fue analizado por Eugenia Cossini, educadora especializada en neurociencia e innovación, quien advirtió que el fenómeno obliga a repensar de raíz el modelo educativo tradicional. "Sí, y creo que todavía no terminamos de dimensionarla", afirmó al ser consultada sobre si efectivamente estamos ante una transformación silenciosa que atraviesa la educación: "Durante décadas pensamos la crisis educativa en términos pedagógicos o tecnológicos, pero ahora se suma algo mucho más estructural: la demografía. Menos nacimientos significa menos alumnos, y eso empieza a impactar directamente en la supervivencia de muchas instituciones".

La especialista sostuvo que el problema excede la discusión sobre contenidos o tecnología y pone en crisis la lógica histórica sobre la que fueron construidas las escuelas. "La mayoría de las escuelas fueron diseñadas para un mundo que ya no existe: familias más numerosas, modelos laborales más estables y una sociedad mucho más previsible. Hoy estamos entrando en otra lógica, y eso obliga a repensar no solo cómo enseñamos, sino para qué existe una escuela en esta nueva sociedad", planteó.
Las declaraciones de Cossini aparecen en un contexto alarmante para varios países de la región. En Uruguay, por ejemplo, especialistas advirtieron que podrían cerrar hasta 100 colegios privados en los próximos cuatro años debido a la fuerte caída de la matrícula escolar. El país registró en 2025 apenas 28.903 nacimientos, consolidando una baja cercana al 40% en apenas una década.
Según explicó el consultor educativo Aníbal González Izaguirre, el impacto ya se percibe con fuerza en educación inicial, donde algunas instituciones sufren caídas de matrícula de hasta el 35%. Frente a ese panorama, Cossini remarcó que el cierre de escuelas implica mucho más que un problema administrativo o económico. "Una escuela no es solo un edificio donde se transmiten contenidos. Es identidad, pertenencia, memoria afectiva. Hay generaciones enteras atravesadas por esas instituciones. Cuando una escuela cierra, no se pierde solamente una matrícula: se pierde un espacio de encuentro, de comunidad, de historia compartida", señaló.

Y agregó: "Eso tiene un impacto emocional muy profundo, especialmente en ciudades o barrios donde la escuela funciona como núcleo social". Para la especialista, el error más grave que pueden cometer hoy las instituciones educativas es creer que la caída demográfica será apenas un fenómeno pasajero. "La baja natalidad no parece ser una curva temporal, sino un cambio cultural profundo", advirtió. Y enumeró otros factores de preocupación: "La desconexión entre la propuesta educativa y las expectativas de las nuevas familias, la falta de innovación real y la idea de que alcanza solo con sostener 'lo académico'".
Según explicó, las familias actuales buscan experiencias mucho más integrales. "Hoy las familias buscan bienestar emocional, sentido, innovación, acompañamiento y preparación para un mundo incierto". Lejos de plantear solamente un escenario pesimista, Cossini considera que la crisis también puede convertirse en una oportunidad para transformar un modelo educativo que, según sostiene, arrastra estructuras heredadas de otra época. "Creo que ya no alcanza con 'ajustar'. La baja natalidad nos obliga a hacernos preguntas mucho más profundas", planteó.
Y enumeró alguna de ellas: "¿Tiene sentido seguir pensando escuelas gigantes para un escenario donde habrá menos chicos? ¿Cómo cambia el aprendizaje cuando los grupos son más pequeños? Quizás esta crisis también abra oportunidades para experiencias educativas más personalizadas, más interdisciplinarias y más conectadas con las necesidades reales de las nuevas generaciones".

En ese sentido, defendió la posibilidad de avanzar hacia formatos menos industrializados y más centrados en el desarrollo humano. "Menos alumnos también podría significar más personalización, más trabajo por proyectos, más interdisciplinariedad, más vínculo humano y menos educación industrializada", sostuvo. La especialista también alertó sobre el riesgo de profundizar desigualdades sociales si el cierre de colegios se acelera. "Sí, absolutamente", afirmó ante la consulta sobre si existe el riesgo de que la educación se vuelva más desigual si comienzan a cerrar colegios.
Y explicó: "Porque muchas veces las escuelas que cierran son las que sostenían cierta diversidad social o ciertas oportunidades en contextos específicos. Cuando una institución desaparece, no todas las familias tienen las mismas posibilidades de reubicarse". Además, advirtió que podrían sobrevivir únicamente las escuelas con mayor capacidad económica o adaptación tecnológica, dejando afuera a comunidades enteras.
Otro de los ejes centrales de su análisis fue el impacto emocional y cultural que tendrá para las nuevas generaciones crecer en sociedades cada vez más envejecidas a causa de esta baja en la natalidad. "Probablemente haya más adultos mayores que niños en muchos entornos, y eso cambia la dinámica social, económica y emocional. También puede aumentar el hiperfoco y la sobreprotección sobre los pocos hijos, algo que ya estamos viendo. Paradójicamente, cuanto menos hijos hay, más expectativas y presión suelen concentrarse sobre ellos", señaló.
Finalmente, Cossini cuestionó de manera directa la estructura tradicional del sistema educativo y sostuvo que muchas escuelas siguen funcionando bajo una lógica que ya no dialoga con el presente. "Muchas escuelas todavía funcionan bajo una lógica heredada de la revolución industrial o del modelo sarmientino: chicos agrupados por edad, contenidos fragmentados, aprendizaje repetitivo y estructuras pensadas para un mundo mucho más previsible y lineal", afirmó.

Frente a eso, propuso pensar instituciones donde los chicos trabajen "en equipos multiedad para resolver problemas reales", desarrollen habilidades emocionales y aprendan a adaptarse a contextos inciertos. "A veces esto suena utópico, pero la realidad es que empieza a ser una necesidad", sostuvo. Y cerró sobre el desafío que enfrenta el sistema educativo: "Si la escuela no se transforma en un verdadero espacio de desarrollo humano, creativo y vincular, corre el riesgo de convertirse solamente en un lugar de guarda y cuidado. Y mucho de lo que hoy enseñamos -o la forma en que lo enseñamos. ya no conversa con el mundo que los chicos realmente están habitando".

