06 Marzo de 2026 10:42
El estruendo fue seco, repentino, brutal. En cuestión de segundos, lo que hasta entonces era un complejo habitacional tranquilo del barrio porteño de Parque Patricios se convirtió en un escenario de emergencia. Un derrumbe en el sector de estacionamientos del complejo Estación Buenos Aires obligó a evacuar de inmediato a cerca de 300 vecinos que, desde entonces, viven entre hoteles, casas prestadas y la incertidumbre de no saber cuándo podrán regresar a sus hogares.

Mientras los edificios continúan custodiados por efectivos policiales y equipos técnicos evalúan la estabilidad de la estructura, el Banco Ciudad anunció una medida de alivio financiero para los propietarios afectados: una prórroga de 90 días en el pago de las cuotas de los créditos hipotecarios. La decisión alcanza a los vecinos de la zona 2 del complejo que hoy se encuentran imposibilitados de habitar sus viviendas. "Durante marzo, abril y mayo, no se debitará el importe correspondiente a las cuotas de dichos períodos, las cuáles se diferirán a los tres meses posteriores al final del plazo original acordado", informó la entidad.
En un comunicado, el banco detalló además que se contactará con los titulares de los préstamos desde el viernes 6 de marzo para ofrecerles la propuesta de espera y diferimiento del pago, una medida que se implementará automáticamente, sin que los clientes deban realizar ningún trámite adicional. Pero detrás de los anuncios financieros hay historias atravesadas por el miedo, la pérdida y la sensación de haber quedado a la deriva.
Anahí, una de las vecinas evacuadas, todavía no logra asimilar lo que ocurrió aquella madrugada. El ruido fue tan fuerte que pensó que se trataba de un trueno. "No puedo parar de llorar, es una angustia terrible. Salimos junto a mi familia porque sentimos un estruendo muy fuerte, pensé que había sido un trueno. Mis perros se asustaron, mi marido se bajó de la cama y sintió un hormigueo en el piso", relató en diálogo con radio Rivadavia.

Cuando salió al balcón, lo que vio la dejó paralizada. "Se asomó al balcón y observó el cráter que parecía una bomba en el medio de nuestro patio", contó. La familia apenas tuvo tiempo de reaccionar. "Agarramos lo que teníamos, una campera, porque encima hacía frío esa mañana, salimos con las perras y no pudimos volver a entrar hasta el mediodía, cuando nos dejaron ingresar a sacar unas cosas, pero fue como muy rápido".
Desde entonces, vive con lo mínimo. "Ahora está haciendo mucho frío y no tengo ni un pantalón largo o un buzo para ponerme", lamentó. La mujer explicó que el Gobierno porteño entregará a los afectados un certificado para alojarse en hoteles, aunque la incertidumbre sigue pesando sobre cada familia. "Me tienen que dar confirmaciones porque estoy en la calle, no tengo dónde ir. El sueño de mi casa está ahí adentro", dijo.
Además denunció que la empresa constructora ya conocía problemas previos en el edificio. Según su testimonio, "se filtraba agua por toda la cochera y los autos estaban mojados". Otro de los testimonios que expone la tensión acumulada en el complejo es el de Anabella Pavia, quien vive allí desde hace cinco años. "Yo estoy mudada hace cinco años. Fui una de las primeras que habitó el edificio. Tuvimos dos administraciones, la última es la que está hace más, digamos, y nosotros venimos con carta de documento, inclusive con la constructora, desde hace rato. Ya veníamos con reclamos, estábamos en obra", explicó.

La vecina también aseguró que los problemas de drenaje eran evidentes cada vez que llovía. "Hay muchos videos que constatan que el patio era una pileta cuando llovía", señaló. En medio de la conmoción, una frase que circuló entre los vecinos reflejó el nivel de preocupación: "Toda la gente con la que hablamos lo comparan con Cromañón y la única diferencia con Cromañón en esto es que no había gente de abajo".
Mientras las pericias avanzan para determinar las causas del derrumbe, muchos vecinos permanecen alojados en hoteles de la Ciudad. Uno de ellos relató cómo cambió la vida cotidiana de un día para otro. "Hay muchas mamás y personas mayores", describió sobre quienes se encuentran hospedados en el Hotel Américas. Aunque el lugar tiene comodidades, la vida está lejos de ser normal. "Ahora lo que nos está pasando es que se está acabando la ropa limpia, la poca ropa limpia, porque salimos con lo puesto", explicó. Incluso cuestiones básicas se volvieron un problema. "El hotel tiene un servicio de lavandería que no lo tenemos habilitado".
Y añadió: "Nos dieron un menú de tres platos que vamos a comer de acá hasta el lunes, o sea, no hay variedad en la comida. Tenemos incluido una sola bebida, podés optar entre gaseosa o una botellita de agua". Mientras tanto, comienza una compleja discusión técnica y legal. El derrumbe ocurrió en una zona común -las cocheras del edificio- por lo que el seguro integral del consorcio debería responder inicialmente por los daños estructurales y eventuales perjuicios a terceros.

Sin embargo, si las pericias determinan que el colapso fue consecuencia de fallas de construcción o vicios ocultos en la obra, las aseguradoras podrían iniciar acciones contra la empresa constructora o los responsables técnicos del proyecto. En ese escenario, los damnificados no solo podrían reclamar por los daños materiales, sino también por los gastos derivados de no poder utilizar sus viviendas: desde alojamientos temporarios hasta mudanzas de emergencia. Por ahora, el complejo permanece vacío y acordonado. Las casas siguen ahí, intactas para algunos, dañadas para otros, pero inaccesibles para todos.

