24 Febrero de 2026 14:19
Años atrás, ir al zoológico era un planazo entre familias o amigos. Sin embargo, con el tiempo y gracias a la labor de organizaciones especializadas en medioambiente y cuidado animal, la sociedad fue tomando conciencia del daño que significaba este tipo de comercio. En este proceso, algunos zoológicos comenzaron a cerrar sus puertas, como el Zoológico de Luján, que lleva casi seis años clausurado.
En este contexto, el traslado de dos osos pardos y una tigresa desde el histórico predio marca un punto de inflexión definitivo. El movimiento de estos animales hacia santuarios europeos simboliza el cierre de una era atravesada por denuncias, abandono y debate sobre el cautiverio animal en Argentina.

El zoológico había sido clausurado en 2021, luego de múltiples cuestionamientos por las condiciones en las que permanecían los ejemplares. Desde entonces, el predio quedó en una especie de limbo administrativo, mientras decenas de animales seguían viviendo en recintos deteriorados y con recursos limitados. Así comenzó a gestarse un operativo internacional encabezado por la organización Four Paws, que diseñó un plan de rescate y reubicación progresiva.
El primer gran paso se concretó con el traslado de Gordo y Florencia, dos osos pardos de 17 y 18 años que pasaron prácticamente toda su vida en cautiverio. Ambos fueron preparados durante meses por equipos veterinarios especializados para afrontar un viaje de larga distancia sin sedación, siguiendo protocolos internacionales que priorizan la estabilidad clínica de los animales. La partida se realizó desde el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, en un operativo que incluyó controles sanitarios exhaustivos y monitoreo permanente.

Su destino es el santuario de osos de Belitsa, gestionado por Four Paws en colaboración con la Fundación Brigitte Bardot. Allí los esperan amplios espacios boscosos, terreno natural y un entorno que, aunque no es vida silvestre, ofrece condiciones muy superiores a las que conocieron durante años. Como parte del protocolo, atravesarán un período de cuarentena antes de integrarse plenamente al santuario.
En paralelo, también fue trasladada Flora, una tigresa de Bengala que había sufrido serios problemas en sus patas debido al crecimiento anormal de sus uñas, lo que obligó a realizarle múltiples cirugías. Su caso se convirtió en uno de los más emblemáticos del predio, reflejando las consecuencias físicas y psicológicas del cautiverio en grandes felinos.

Flora viajará hacia un santuario especializado en grandes felinos ubicado en Ámsterdam, donde iniciará un proceso de adaptación y recuperación junto a otros animales rescatados en situaciones similares. Al igual que los osos, su traslado se realizó bajo estricta supervisión veterinaria y cumpliendo estándares internacionales de bienestar animal.
Sin embargo, el desafío está lejos de terminar. En el predio del ex zoológico aún permanecen decenas de ejemplares que deberán atravesar procesos similares de evaluación y eventual reubicación. Cada traslado implica meses de planificación, acuerdos internacionales y controles sanitarios estrictos.

