por Jimena Báez
04 Marzo de 2026 15:05
La puerta se cerró y el silencio fue más fuerte que cualquier grito. Afuera, el mundo seguía girando; adentro, el tiempo parecía estirarse como una eternidad. Para Gabriel Lucero, la experiencia en Gran Hermano fue un viaje tan breve como intenso: una semana que se sintió como meses y una despedida que, lejos de ser derrota, terminó siendo espejo.
El primer eliminado de esta edición salió con más preguntas que certezas, con miedo a la cancelación y la sensación de que su juego necesitaba más tiempo para desplegarse. En diálogo con BigBang, habló de su paso por la casa, del estrés, del hambre, de lo que no llegó a mostrar y de ese universo interno que lo convirtió en creador de Gente Rota.

Apenas recuperado del aislamiento, Gabriel describe un alivio físico y mental, pero también una autocrítica sincera sobre su desempeño.
—¿Cómo estás en tus primeros días fuera de la casa?
—Mucho más aliviado, más tranquilo, menos estresado, estoy durmiendo de vuelta, comiendo de vuelta y ansioso por volver a ver a mi gente, y la extraño mucho.
—¿El tema de la comida fue discusión dentro de la casa?
—Yo vi que era un problema, era un problema en la abundancia que había, y va a ser un problema cuando falle. Ya habiendo tanta comida, había mucho derroche, había gente que quería copiar comida para que no falte y había gente que dice, bueno, mientras haya comida, hay que comérsela hoy y después vemos, y eso va a generar problemas en el futuro. Igual ya era un problema ahora que había y que sobraba.
—¿Qué fue lo que más te sorprendió cuando se cerró la puerta?
—Para bien, me sorprendí que yo no salí corriendo. Yo pensé que iba a dar la vuelta y me iba a ir corriendo. Y para mal, que el tiempo se estira de una forma que me asustó. Las horas se hacen tan largas que uno no lo puede entender, uno no sabe si en realidad pasó mucho tiempo o en realidad pasó media hora, y sentís que te pasan mil cosas cada media hora, y te asusta un poquito.

—¿Por qué creés que el público decidió que tu juego termine primero?
—Porque seguramente de afuera se vio que era poco atractivo o generaba poco conflicto o no respondía al conflicto y les habrá parecido que era aburrido. Mi juego, por ahí, necesitaba un poco más de tiempo para verse, un poco más divertido. Pasa que yo estaba lidiando con muchos problemas, tenía que regular el sueño, regular el hambre, acostumbrarme a estar ahí y además jugar, y me faltó la parte de jugar, o jugar como debería haber jugado para quedarme.
—¿Te subestimaron o no lograste mostrar tu mejor versión?
—No logré mostrar mi mejor versión. No sé si es que me subestimaron, sino que es un juego, hay que sacar gente, y si vieron la posibilidad de sacarme, pensaron que era una que ya había dicho que me quería ir y todo eso.
—Si te hubieras quedado una semana más, ¿qué cambiarías?
—Hubiera cambiado un poquito con quién estaba jugando, me hubiera acercado más a otras personas, creo que hubiera hecho eso.

—Si tenés la chance de volver, ¿decís que sí?
—Sí, pero me armaría de otra forma para entrar. Trataría de armarme mentalmente más fuerte que como entré.
—¿Estrategia o afinidad?
—Es muy difícil hacer una estrategia en conjunto con alguien que no tiene afinidad porque tenés que estar mucho tiempo con esa persona. Es muy intenso el tiempo como para estar con alguien con quien no tenés afinidad, así que hay que buscar a alguien con afinidad y que a la vez piense como vos en el juego.
—¿Cuándo sentiste que podías ser el primer eliminado?
—Yo soy una persona, en esencia, pesimista. Entré, empecé a la primera a nominar y terminé diciéndole al universo lo que tenía que hacer. Yo pedí entrar a la casa y entré, pero después dije "me voy" y me fui. Si vengo con esta racha en todo el año, ya sé que tengo que pedir fortuna.
—¿Quién es Gabriel sin cámaras?
—De mí se vio mucho más de lo que yo conocía de mí. Tenía mucho miedo que el aislamiento, el hambre y la falta de sueño me convirtieran en una persona fea o mala o agresiva, miserable, y me mostró que soy muy vulnerable o muy sensible. Demostré cosas que pensé que no tenía. Me sorprendí a mí mismo para bien. No gané la placa, no gané el juego, pero gané un poco de seguridad en lo que siento que soy como persona.
Antes de Gran Hermano, Gabriel Lucero ya había construido una identidad digital con "Gente Rota", un espacio que mezcla animación, humor y audios virales.
—¿Cómo nace Gente Rota?
—Nace porque en un momento me quedé sin trabajo y tenía un tiempo para buscar otro. Empecé a practicar animación, que es una cosa que requiere práctica, y como no tenía guiones ni voces porque no tenía plata para pagarlas, agarré un audio viral de WhatsApp y dije "encaja con un personaje que tenía hecho para animarlo". Empecé a animar. No conocía lo que era un WhatsApp, siempre me resistí a usar celulares, así que no entendía cómo era el funcionamiento hasta que tuve que empezar a hacerlo por este trabajo. El video se viralizó. Una vez que vi que tenía como doscientos mensajes privados dándome audios, me di cuenta que había funcionado bien, y de ahí empecé a hacerlo todo el tiempo.

—¿Te sentiste "gente rota" en algún momento?
—Totalmente roto, nunca hubiera hecho Gente Rota si no hubiera sentido que yo era el más roto de todos. Un roto solamente puede reconocer a otro roto. Porque la gente que no se cree rota, por lo general no percibe esas cosas.
—¿Hay algo que te haya roto y hoy agradezcas?
—Todo. Haberme quedado sin trabajo me rompió. Seguramente irme de la casa me rompió, pero generará algo bueno en el futuro en mí. Si es como siempre fue en mi vida, seguramente va a ser algo bueno.
— Dentro de la casa hablaste de tu miedo a la cancelación cuando saliste también. Lo que suena paradójico porqueGente Rota es bastante polémico.
—Mi miedo a ser cancelado venía de otra parte, venía de temas de Twitter, de otro personaje que tenía, que era bastante cancelable. Como ya pasaron nueve años, es muy difícil defenderse de algo que ya hiciste y que dejaste de hacer. Lo dejé justamente porque ya no encajaba con el humor de la sociedad de ahora. Ese era mi miedo, tener que pelear con fantasmas muy viejos.
El confesionario de BigBang
Gabriel Lucero se animó a jugar una última vez en el confesionario esta vez no para nominar, sino para hablarle a algún participante que sigue dentro de la casa. El primer eliminado eligió hablarle a Gisela Pintos, más conocida como Yipio.
—¿Qué le dirías?
—Sos una mujer muy fuerte, que saques toda la fuerza que tenés ahí, porque la vas a necesitar, va a ser duro. Yo me di cuenta que le está costando. Ojalá encuentres esa fuerza que tenés y esa personalidad para resistir, aguantar hasta el final.
— Si la tenés que fulminar, ¿por qué las fulminarías o por qué las sacarías del juego?
—No la sacaría del juego, pero si estoy obligado, únicamente porque la veo mal, extrañando o queriendo a alguien, pero no la sacaría nunca.

—¿Qué le adelantarías de lo que va a vivir afuera?
—Preparate porque vas a hablar mucho, le voy a decir, vas a hacer una gira larga y te vas a sentir Madonna.
—¿Llega a la final?
—Ojalá que llegue a la final. El único obstáculo está en que el grupo que está opuesto a ella es muy grande. Entonces la veo como que va a tener que tener extra resistencia.
—¿Quién creés que es el próximo eliminado?
—Yo creo que va a ser Eduardo.
Salir primero en un reality suele leerse como fracaso. Pero para Gabriel Lucero, la experiencia fue otra cosa: una exposición brutal que le devolvió una versión inesperada de sí mismo. No ganó estrategia ni alianzas, pero se llevó una certeza íntima. A veces, perder rápido también es una forma de ganar perspectiva. Y en el universo de Gran Hermano, donde todo se magnifica, el verdadero juego recién empieza cuando se apagan las luces de la casa.

