09 Enero de 2026 10:53
Tras más de 25 años de negociaciones, el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) recibió este viernes el respaldo de una mayoría cualificada de países europeos.
Este avance permitirá que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, viaje a Asunción para firmar el histórico pacto que busca unir comercialmente a los bloques de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay con los 27 países de la UE. Sin embargo, el camino para su implementación definitiva aún enfrenta obstáculos políticos pero sobre todo, económicos.

El acuerdo, que promete crear la mayor zona de libre comercio del mundo, genera un intenso debate en ambos continentes. Por un lado, los defensores, liderados por naciones como España y Alemania, destacan que este pacto diversificará las oportunidades comerciales en un contexto global marcado por la competencia china y las tensiones comerciales con Estados Unidos. Por otro lado, explican que facilitará el acceso a nuevos mercados para productos europeos e impulsará la cooperación económica entre ambas regiones.
Sin embargo, los detractores con Francia a la cabeza, expresan su preocupación por las posibles repercusiones negativas para los agricultores europeos, alegando que los productos latinos, más competitivos debido a estándares de producción menos estrictos, podrían desestabilizar el mercado europeo.

Es este debate el que frenó el acuerdo entre las regiones porque desde los sectores agrícolas temen una competencia desleal y la entrada de productos que no cumplen con las estrictas normativas europeas en materia de calidad y sostenibilidad.
Así las cosas y en un intento por mitigar estas tensiones, la Comisión Europea tomó cartas en el asunto y realizó una serie de concesiones para proteger a los agricultores europeos aunque estas medidas no fueron suficientes para controlar al ira de los trabajadores que salieron a manifestarse en contra del acuerdo frente al Parlamento Europeo.

Entre estas medidas están: limitaciones en los cupos de productos sudamericanos exentos de aranceles y mecanismos para intervenir en caso de que se detecte una desestabilización del mercado; la implementación de investigaciones sobre los precios de importación para relevar si caen significativamente o si se registra un aumento desmedido en las importaciones. Y, como última medida, se prohibieron tres sustancias químicas (tiofanato-metilo, carbendazima y benomilo) que se usan en productos agrícolas latinoamericanos y se establecieron normativas más estrictas sobre residuos de pesticidas.
A pesar de estos esfuerzos, el acuerdo aún enfrenta incertidumbres. Aunque su firma está programada para este lunes en Asunción, su entrada en vigor dependerá del visto bueno del Parlamento Europeo. En este órgano legislativo, alrededor de 150 eurodiputados ya manifestaron su intención de recurrir a instancias judiciales para bloquear el pacto, lo que podría retrasar o incluso impedir su implementación.
En paralelo, las protestas no cesan. Agricultores franceses mantienen movilizaciones en rechazo al acuerdo, exigiendo mayores garantías para sus sectores productivos. Algunos países tomaron medidas adicionales, como Francia, que decretó la suspensión temporal de ciertos productos agrícolas sudamericanos tratados con sustancias prohibidas en la UE.
El acuerdo entre Mercosur y la UE representa un hito histórico en las relaciones comerciales internacionales. En Argentina, funcionarios como Patricia Bullrich ya festejaron la medida aunque todavía no está nada dicho; de hecho, su materialización dependerá de superar los desafíos políticos y económicos que aún persisten en ambas regiones.

